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El doctor Miguel Oviedo entre las voces que cuentan la pandemia en Cuba

El doctor Miguel Oviedo entre las voces que cuentan la pandemia en Cuba El doctor Miguel Oviedo Jiménez, especialista de segundo grado en Anatomía Patológica dirigió el Hospital Camilo Cienfuegos durante la covid. Foto: Yosdany Morejón.

El nombre del doctor Miguel Oviedo Jiménez, especialista de segundo grado en Anatomía Patológica, acaba de quedar inscrito en una obra que preserva las experiencias de profesionales de la salud cubanos durante la pandemia de la covid-19, la cual fue presentada recientemente.

Entre decenas de testimonios recopilados en el país, el suyo es uno de los dos únicos que representan a Sancti Spíritus y rescatan la historia vivida desde la dirección del Hospital Provincial Camilo Cienfuegos.

El reconocimiento llega cuando las ambulancias ya no irrumpen con la frecuencia de aquellos días y los pasillos del hospital recuperaron la calma. Pero para quien condujo la principal institución asistencial espirituana durante la etapa más crítica de la emergencia sanitaria, la pandemia no pertenece únicamente al pasado: permanece en la memoria como una sucesión de decisiones urgentes, pérdidas irreparables y vidas que pudieron salvarse gracias al esfuerzo de un colectivo.

“Para mí representa un gran reconocimiento. Agradezco a quienes entendieron que la experiencia acumulada durante aquellos años podía formar parte de un libro donde se recogen vivencias muy reales, muy a tono con lo que se vivió en esos tiempos”, expresa.

Sin embargo, cuando la conversación gira hacia el reconocimiento, Oviedo cambia rápidamente el rumbo. No habla de sí mismo. Habla del equipo que sostuvo al hospital cuando la incertidumbre parecía ganar terreno y cada jornada imponía nuevos desafíos.

“Durante aquel período teníamos la responsabilidad de dirigir el hospital provincial. Estábamos al frente de un gran equipo que hubo que preparar poco a poco para lograr la cohesión necesaria y enfrentar lo que representaba la covid. Conocíamos la enfermedad desde el punto de vista médico, pero nunca habíamos vivido una situación como esa”, recuerda.

Los protocolos cambiaban casi a diario. Cada jornada obligaba a reorganizar servicios, redefinir estrategias y tomar decisiones frente a una enfermedad que sorprendía incluso a los especialistas más experimentados.

“Había que tomar medidas constantemente. Lo que aprendíamos un día podía modificarse al siguiente. Fueron tiempos realmente muy difíciles y salimos adelante gracias al trabajo en equipo, al sacrificio, la abnegación y la entrega de los trabajadores del hospital”, comenta.

Hay escenas, sin embargo, que el tiempo no consigue borrar.

“Llegaba un número considerable de personas, prácticamente una detrás de otra. Algunas necesitaban conductas inmediatas; otras arribaban en etapas muy avanzadas de la enfermedad. Ver cómo el cuadro clínico se complicaba en cuestión de horas fue de las cosas que más dolieron, porque muchos pacientes tuvieron un desenlace fatal”, confiesa.

No habla de estadísticas. Habla de rostros, de familias, de noches interminables y de decisiones tomadas contra el reloj. Quizás por eso, cuando se le pregunta cuál considera el mayor logro de aquella etapa, la respuesta no deja espacio para las dudas.

“Cuando se salvaba un paciente llegaba el mayor reconocimiento: el agradecimiento de la familia. Aquello nos decía que había que seguir luchando. Existía el dolor por quienes no pudimos salvar, pero también la satisfacción de ver recuperarse a personas que habían enfrentado complicaciones muy graves. El reconocimiento de los pacientes y de sus familiares era el mayor estímulo para todo el equipo”, afirma.

El libro conservará para las futuras generaciones una parte de la historia escrita por médicos, enfermeros, técnicos y trabajadores que enfrentaron la pandemia desde hospitales de toda Cuba. En el caso de Miguel Oviedo Jiménez, esas páginas también preservan el testimonio de un colectivo que convirtió la incertidumbre en compromiso y que encontró en cada paciente recuperado la razón para continuar.

Porque, al final, los reconocimientos llegan, los libros preservan la memoria y los aniversarios invitan a mirar atrás. Pero para quien condujo el Hospital Provincial Camilo Cienfuegos en uno de los períodos más difíciles de su historia, el mayor premio sigue siendo el mismo: saber que, junto a su equipo, contribuyó a salvar cientos de vidas.

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