Haydée Medinilla y el liderazgo desde la experiencia en la higiene comunal
En el consejo popular Colón de la ciudad de Sancti Spíritus, la jornada comienza con recorridos planificados y brigadas de barrenderos que se reparten las calles.
Al frente está Haydeé Medinilla Quintero, una mujer que dedicó más de 35 años a Comunales, se jubiló para cuidar a su padre enfermo y, decidió reincorporarse hace tres años.
Su historia es la de alguien que nunca dejó de sentir que la ciudad toda también era su casa.
El regreso tras la jubilación
Haydeé no volvió a las calles por casualidad. La necesidad económica pesó, pero también el gusto por la actividad que siempre ejerció. “Ya yo estaba adaptada a eso, no era empezar de cero”, recuerda. Su familia la apoyó y hasta se alegró de verla activa, convencidos de que el retiro podía traer depresión y hastío.
El oficio y la organización actual
Ya no madruga a las tres y media de la mañana como en sus inicios. Hoy coordina recorridos desde puntos de salida establecidos en Colón. Cada barrendero tiene su zona, y si alguien falta, los demás cubren el recorrido. “Así no se queda nada sin hacer”, explica.
La disciplina de antes contrasta con la indisciplina actual de la ciudadanía: “La gente no era tan indisciplinada como ahora, que tiran basura donde quieren”.
Liderazgo y brigada
Con carácter fuerte pero cercano, Haydeé dirige a 19 barrenderos de Colón. No duda en regañar cuando hace falta, pero mantiene buena relación con su equipo. Recuerda los antiguos carnavales, cuando todos barrían juntos, y valora el apoyo de vecinos que colaboran en la limpieza. “Muchos ayudan a hacer la pila de basura antes de que lleguemos”, dice con orgullo.
Vocación y emociones
Para Haydee, la limpieza de la ciudad es más que un trabajo: es parte de su identidad. Siente orgullo al ver las calles limpias, aunque también molestia cuando alguien tira basura frente a sus ojos. “La gente piensa que barrer es fácil. Cojan una escoba y una calle para que vean”, sentencia.
Su consejo escrito en la escoba sería simple y contundente: “Respétenme”.
Tras décadas de trabajo, los lugareños la reconocen. Algunos la confunden con inspectora, otros la saludan como parte inseparable de la vida urbana. “Hay que ser especial para mantener una ciudad limpia”, afirma. Para ella, ser barrendera espirituana es motivo de orgullo, un oficio humilde pero esencial que sostiene la vida comunitaria.
Haydeé no solo organiza recorridos: organiza también la memoria de un oficio que dibuja la vida urbana. Su reincorporación demuestra que la vocación y el sentido de pertenencia pueden más que el retiro. En cada calle limpia, queda la huella de su liderazgo y de su amor por Sancti Spíritus.
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