Tomeguín
- Programa: Estampas
- Emisora: Radio Sancti Spíritus
- Fecha de emisión: 22 / 08 / 2026
- Duración: 11
- Sumario:
¿Conoce usted a Tomeguín? Si es espirituano, seguro ha oído hablar de él. Pero, ¿sabe realmente su historia? En esta nueva entrega de Estampas, nos trasladamos a la villa del Espíritu Santo, a finales de 1958, en los agitados días previos al triunfo de la Revolución, para conocer a uno de los personajes más pintorescos y queridos de nuestra ciudad: Tomeguín, el electricista que no tenía ni idea de electricidad.
La historia comienza en la barbería de Agustín, cerca de la plaza de Jesús. La tarde mengua y la tensión política se respira en el aire. De repente, aparece Tomeguín, un hombre delgado y ágil que infunde tanto miedo a la población como la mismísima policía. ¿La razón? Su obsesión con los cables eléctricos. Tomeguín está convencido de ser el mejor electricista de la ciudad, pero en realidad es una amenaza: cada vez que encuentra una puerta abierta, se cuela y «arregla» los cables, provocando incendios y cortocircuitos. Los vecinos, alertados, cierran sus puertas a tiempo.
Pero esta tarde, Tomeguín decide subir a un poste eléctrico para «arreglar» los cables de la calle. Y entonces aparece el temido capitán Mirabal, quien, confundiéndolo con un colaborador de los rebeldes, lo amenaza con su revólver. Tomeguín es arrestado y llevado a la estación de policía, donde el capitán intenta arrancarle información sobre la revolución. Pero Tomeguín, en su mundo de cables y electricidad, no entiende nada. Pide comida, habla de manteca de majá, y hasta ofrece arreglar los problemas eléctricos del cuartel a cambio de un plato de comida.
La situación roza lo absurdo. Los soldados apenas pueden contener la risa. Finalmente, uno de ellos explica al capitán quién es realmente Tomeguín. Mirabal, fastidiado, ordena su liberación. Tomeguín es conducido de vuelta a la plaza de Jesús, donde los vecinos lo reciben con una sonrisa: «Ahí va el mejor de los electricistas». Pero él, en su imaginación desbordada, cree que lo han despedido de la compañía eléctrica.
Una historia de humor, ternura y crítica social que nos muestra cómo, en los momentos más tensos, un personaje excéntrico puede desarmar hasta al más severo de los capitanes. Porque Tomeguín no era un revolucionario, ni un sabotador. Solo era un hombre con un sueño: ser electricista. Y en su empeño, se convirtió en leyenda.