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El Callejón del Muro: 69 años del silencio que estremeció a Santiago

El Callejón del Muro: 69 años del silencio que estremeció a Santiago Frank recibió 22 balazos a sangre fría. Los esbirros colocaron la pistola junto a su cuerpo para que pareciera que se había resistido
“Santiago es una lágrima” — escribió Rosa Miriam Elizalde aquel 3 de diciembre de 2016, cuando el pueblo despidió a Fidel. La misma lágrima que brota hoy al recordar a Frank País y Raúl Pujols, asesinados hace 69 años en el Callejón del Muro.


El 3 de diciembre de 2016 la llegada a Santiago de Cuba de las cenizas de Fidel, los brazaletes rojo y negro del Movimiento 26 de Julio, recordaban estremecedoramente las jornadas rebeldes de esa ciudad.

Cuando el 3 de diciembre de 2016, la periodista cubana Rosa Miriam Elizalde describía la llegada a Santiago de Cuba de las cenizas de Fidel Castro, magistralmente reparó en la gente que, en calles, plazas, balcones llevaban los brazaletes rojo y negro del Movimiento 26 de Julio. “Santiago es una lágrima”, escribía, porque el retorno eterno de Fidel recordaba estremecedoramente las jornadas rebeldes de esa ciudad.

Ese día, relató Elizalde, los mártires de Santiago de Cuba aparecieron una y otra vez ante el lente de los periodistas. Bajo el sol inclemente de ese mediodía, un anciano abrazaba una imagen de Frank País, aquel joven brutalmente asesinado junto a Raúl Pujols el 30 de julio de 1957 y cuyos cuerpos fueron acompañados por todo Santiago hasta el cementerio de Santa Ifigenia.

Aquella foto de Frank inerte, aquel silencio después del aluvión de balas, aquel Callejón del Muro, todavía a 69 años, recuerdan que Santiago fue una ciudad ensangrentada, de muertos aparecidos en las esquinas a los antojos de la tiranía de Fulgencio Batista.

La tarde del crimen

El 30 de julio de 1957, a las cuatro de la tarde aproximadamente, esbirros de la dictadura les cortan el paso a Frank País y Raúl Pujols, ambos transitaban por la calle San Germán en Santiago de Cuba. En el registro le ocupan una pistola a Frank y en un jeep, los conducen hasta el Callejón del Muro.

Ese día, relató en su testimonio a Cubadebate el Contralmirante José Luis Cuza Téllez, amigo de Frank País:

“Mi compañera de la Lucha Clandestina en Santiago de Cuba, Madeline Santa Cruz Pacheco, vio todo lo que sucedió desde uno de los ventanales del costado de su casa que daba para el Callejón del Muro”.

“Estaban Frank y Pujol sentados en el jeep —relató Madeline— cuando llegó Salas Cañizares vociferando y amenazando con su carabina M-2 con la culata recortada. Randich se acercó al jeep y miró a Frank, le quitó los espejuelos oscuros y al reconocerlo le dijo a Salas: ‘¡Coronel, este es Frank País!’”.

“Al oír esto Salas fue al jeep y agarró a Frank por la camisa y con la culata del M-2 lo golpeó en el pecho. Frank fue a dar contra la pared de enfrente”.

“Raúl le gritó a Salas que no lo golpeara y, además, le llamó cobarde. Los matones golpearon brutalmente a Pujols, que cayó inconsciente en la acera de la Calle San Germán adonde fue Salas y le ametralló toda la espalda con una ráfaga larga. Se viró para donde estaba Frank y le tiró los últimos proyectiles. ¡22 balazos recibió en su cuerpo!

— Testimonio de Madeline Santa Cruz Pacheco, citado por José Luis Cuza Téllez.

En Santiago de Cuba se hizo un silencio sepulcral, de respeto, de reverencia.

El cortejo infinito

Doña Rosario, América, Graciela, Marinita Malleuve y Carmona limpian, taponan y visten con su traje blanco el cadáver de Frank

A la vuelta de 69 años, regresa el mismo silencio. En la memoria queda aquel cortejo fúnebre desde la casa de su novia América Domitro, en la calle Clarín, rumbo al cementerio de Santa Ifigenia. Sobre el pecho de Frank, un brazalete del 26 de Julio.

Un mar de pueblo, así puede definirse la gigantesca multitud de santiagueros que en la tarde del 31 de Julio de 1957 acompañó hasta el cementerio Santa Ifigenia los cadáveres heroicos de Frank País García y Raúl Pujols Arencibia, asesinados en la víspera por esbirros de la dictadura batistiana.

Custodiado por la multitud, el organizador del Alzamiento del 30 de noviembre de 1956, el combatiente que envió pertrechos de guerra a la Sierra Maestra para los rebeldes; incluso, escaló sus montañas para encontrarse con Fidel.

Por ello, la inmensa muchedumbre. Más de veinte cuadras compactas de pueblo y de banderas cubanas y del 26 de Julio, flores que caían de todos los balcones. En el aire voces y versos y el Himno Nacional en la garganta de todos.

“Santiago es una lágrima”, dijo Rosa Miriam. Y esa lágrima, 69 años después, sigue recorriendo el rostro de un pueblo que no olvida.

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Deja un comentario

  1. Rafael Angel Novoa Pupo dice:

    Pocas veces en la vida le vi tantas lagrimas a mi abuela Rogelia cada vez que en la casa le tocaba relatar los sucesos de aquella tarde del martes 30 de Julio de 1957, cuando le toco vivir y ser testigo de aquel horrible crimen contra Frank y Raul, Hacia exactamente un mes que Frank había perdido a su hermano Josué cuando caía en combate junto a Floro y Salvador. Quizas por eso decidió no escapar junto a otros compañeros que se encontraban con el en la casa de Raul. Prefirió evadir el cerco de la policía junto a Raul, acción que casi logra si no es delatado por Randich, su excompañero en la Escuela Normal de maestros. Gloria eterna a Frank y Raul, y a los mártires de la revolución.

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