Cuando la marihuana dejó de parecer peligrosa (+ fotos, videos e infografías)
Lo que comenzó como un consumo ocasional para algunos de estos jóvenes se convirtió poco a poco en una práctica frecuente. Foto generada con IA.
Hay una frase que Andrés* no consigue sacar de su cabeza.
La leyó escrita en la pared de la celda donde permanece detenido y, aunque pudiera parecer una inscripción más entre tantas, terminó adquiriendo para él un significado diferente: “Tu madre nunca te va a traicionar”.
Tiene 27 años y lleva alrededor de cinco consumiendo marihuana. Durante buena parte de ese tiempo estuvo convencido de que tenía el hábito bajo control. Es escritor y artista plástico y ahora espera el resultado de un proceso penal relacionado con la comercialización de marihuana.
La frase de la pared lo hizo pensar en su madre, en el daño que aquella situación también había provocado en ella y en la distancia entre sentirse dueño de una conducta y descubrir, demasiado tarde, que quizá no se tenía tanto control como se creía.
Su historia no es única.
En Sancti Spíritus, una investigación desarrollada por varias especialidades del Ministerio del Interior (Minint) permitió actuar contra varias personas de entre 18 y 27 años, algunas de las cuales permanecen detenidas como traficantes y consumidoras a la vez, mientras se solicita prisión provisional por el delito de tráfico de drogas o sustancias de efectos similares, según explicó el teniente coronel Rolando Rodríguez Carmenate, jefe del Órgano de Investigación Criminal en la provincia.
Las restantes fueron identificadas como consumidoras que adquirían la sustancia a través de los principales imputados.
La mayoría no tenía antecedentes penales y estaba desvinculada de centros laborales o estudiantiles. Fundamentalmente, mantenía vínculos con proyectos culturales no formales y, en menor medida, con centros recreativos de la provincia.
Pero detrás del expediente hay historias personales que no caben en una relación de detenidos, consumidores e imputados.
Este reportaje da continuidad a una mirada periodística sobre el impacto de las drogas en la sociedad cubana. En una entrega anterior, El abismo del químico, abordamos otras aristas de un fenómeno que exige atención, información y conciencia. Ahora, las historias de estos jóvenes permiten acercarnos a una de sus contradicciones más inquietantes: el momento en que el consumo deja de parecer una elección sin consecuencias.
Se trata de cuatro testimonios que permiten mirar el fenómeno desde otro ángulo: ¿Cómo puede alguien consumir durante meses o años, experimentar consecuencias cada vez más graves y seguir convencido de que la marihuana no es peligrosa?

El riesgo adquiere especial relevancia cuando el consumo comienza durante la adolescencia y la juventud. Infografía generada con IA.
MÁS DIVERTIDA, BRILLANTE, INTENSA
Daniel** tiene 22 años y llevaba aproximadamente seis consumiendo marihuana.La vida cotidiana le parecía aburrida. Lo que comenzó como un consumo ocasional se convirtió poco a poco en una práctica frecuente.
Después la sustancia empezó a cumplir otra función. “Tuve un momento fuerte donde estaba dentro de muchas depresiones y situaciones difíciles y empecé a consumir mucho porque era como una escapatoria”, confiesa.
La frecuencia aumentó hasta convertir la marihuana en el centro de sus días. Llegó a consumir varias veces al día. Dejó de trabajar. Vivió en la calle, durmió en parques y hubo momentos en que la alimentación se redujo prácticamente a lo mínimo. “Una barrita de maní”, recuerda.
En ese punto, la historia ya no se parece a la imagen inicial de una sustancia que simplemente hacía la vida “más intensa”.
El trastorno por consumo de cannabis se caracteriza precisamente por la dificultad para controlar el uso de la sustancia y por continuar consumiéndola, pese a las consecuencias que genera. Entre las señales descritas por la literatura médica aparecen los intentos fallidos de abandonar el consumo, el deseo intenso de utilizar la sustancia y la persistencia pese a problemas físicos, psicológicos, familiares, laborales o escolares.
Daniel no necesitó llegar a un hospital para descubrir que algo había cambiado. Su propia vida se convirtió en la evidencia.
LA PROBÉ Y ME GUSTÓ
Andrés es artista y cuenta otra historia. Conoció la marihuana en La Habana. Alguien se la ofreció. La probó y le gustó. Después quiso repetir la experiencia.
Durante años esa lógica funcionó y llegó a consumir diariamente. Sustituyó los cigarrillos convencionales por marihuana y describe cantidades que excedían ampliamente lo que él mismo consideraba un consumo ocasional.
También estaba convencido de que tenía la situación bajo control. Hasta que dejó de estarlo. “Ahora que me veo en esta situación aquí, me doy cuenta de que no, realmente no estaba bajo control”.
Un ensayo publicado en Psychopharmacology examinó los efectos de distintas dosis de THC sobre tareas relacionadas con la creatividad. Los investigadores no encontraron que una dosis baja aumentara la creatividad y observaron que una alta podía perjudicar el desempeño en una prueba de pensamiento divergente.
El cannabis actúa sobre el sistema nervioso central y puede afectar memoria, atención, aprendizaje, coordinación, toma de decisiones, emociones y tiempo de reacción. El riesgo adquiere especial relevancia cuando el consumo comienza durante la adolescencia y la juventud, etapas en las que el cerebro continúa su desarrollo.
LOS SOCIOS LO HACÍAN, YO TAMBIÉN

Tres de los principales imputados trasladaban la sustancia desde Las Tunas en tubos de desodorantes que adulteraban. Foto generada con IA.
Luis*** tiene 18 años y todavía cursa duodécimo grado.
No buscaba una experiencia artística. Tampoco hablaba de escapar de una depresión. “Lo hice por encajar con el grupo. Los socios lo hacían y yo también”, dice.
El primer impulso parecía sencillo: pertenecer. Lo que ocurrió después fue mucho más difícil. Dos hombres llegaron a su vivienda para exigirle una droga que permanecía escondida allí. Lo amenazaron con machete y cuchillo. Pensó que podían matarlo. “Yo estaba súper nervioso en ese momento, creí que no viviría para contarlo”, recuerda.
El episodio también forma parte de la investigación policial. Según el teniente coronel Rodríguez Carmenate, dos personas llegaron a la vivienda de uno de los imputados, lo amenazaron con armas blancas y se llevaron la droga. Las autoridades trabajan en la identificación y captura de los presuntos autores.
Para Luis, aquella experiencia quebró la imagen inicial de lo que estaba haciendo.
La marihuana que había comenzado a consumir para agradar a un grupo lo había colocado en una situación en la que temió perder la vida.
La droga no había cambiado. Había cambiado el mundo que comenzaba a construirse alrededor de ella.
CUANDO CONSUMIR Y VENDER DEJARON DE SER COSAS DISTINTAS
Miguel**** tiene 24 años y llevaba alrededor de dos consumiendo. Su historia comenzó con tabaco y alcohol. Después llegó la marihuana, tras una invitación durante una fiesta. Primero, una experiencia. Después, otra. Más tarde, la búsqueda. Hasta que el consumo se hizo cotidiano.
Miguel reconoce que durante un período reciente fumaba todos los días. Pero en su relato aparece otro elemento que ayuda a comprender la dimensión del fenómeno: el dinero que utilizaba para adquirir la droga procedía, en parte, de la propia comercialización de marihuana.
La frontera entre consumir y vender comenzó a desaparecer.
Una persona que inicialmente necesita dinero para comprar una sustancia puede terminar encontrando en la propia sustancia una forma de obtenerlo. Así, el consumidor puede convertirse en vendedor y el vendedor seguir siendo consumidor.
Miguel atraviesa ahora un período de abstinencia. La interrupción o reducción importante del consumo habitual de cannabis puede producir ansiedad, irritabilidad, alteraciones del sueño, pérdida del apetito y cambios en el estado de ánimo, síntomas que suelen aparecer durante los primeros días y pueden prolongarse durante semanas en consumidores intensivos.
Para quien durante meses organizó parte de su vida alrededor de la sustancia, dejarla no consiste simplemente en decidir no fumar. Significa aprender a vivir sin una rutina que terminó incorporándose a la vida cotidiana.
LA MIRADA DE LA TOXICÓLOGA
La doctora Yaneisy Valdés Gutiérrez, especialista en Medicina General y Toxicología y directora del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus, ha tenido contacto directo con los jóvenes vinculados al caso.
Su observación permite poner nombre médico a una contradicción que aparece una y otra vez en los testimonios.
Varios de estos jóvenes, explica, no reconocen los daños asociados al consumo. Algunos llevan años utilizándolo de manera sistemática y continúan interpretando como beneficiosas sensaciones que forman parte de la acción psicoactiva de la sustancia.
“La marihuana contiene THC, principal componente psicoactivo del cannabis, capaz de alterar la percepción y distintas funciones del sistema nervioso central. Puede producir euforia, relajación, aumento del apetito y cambios en la percepción sensorial. Algunos consumidores describen colores más vivos, sabores más intensos o una sensación de mayor creatividad”, explica.
Pero experimentar placer no significa estar fuera de peligro. “Esto no quiere decir que no esté produciendo daño a nivel de tus órganos internos. Sí los está produciendo”, advierte Valdés Gutiérrez.
La especialista señala posibles afectaciones respiratorias, cardiovasculares, del sistema nervioso central, digestivas y genitourinarias, además de riesgos particulares en determinadas circunstancias, como el embarazo.
También llama la atención sobre el consumo prolongado y la posibilidad de desarrollar dependencia. La Organización Mundial de la Salud ha señalado que el cannabis es la sustancia psicoactiva sometida a fiscalización de mayor consumo mundial y que su uso no médico puede producir consecuencias sanitarias y sociales, incluidos trastornos asociados al consumo.

El cannabis actúa sobre el sistema nervioso central y puede afectar memoria, atención y aprendizaje. Infografía genrada con IA.
CUANDO EL CUERPO CONTRADICE LA PERCEPCIÓN
La experiencia de Miguel ofrece una respuesta concreta a esa contradicción. Durante un tiempo podía fumar y sentirse bien. Ahora, cuando no fuma, su cuerpo reclama algo diferente.
La abstinencia introduce una dimensión que no aparece en los primeros contactos con la droga. Al principio puede predominar la relajación. Con el consumo frecuente pueden aparecer tolerancia y dependencia. Y cuando el consumo se interrumpe, aparecen síntomas desagradables.
La doctora Valdés Gutiérrez refiere que entre las manifestaciones ha observado ansiedad, alteraciones del sueño, pérdida del apetito, sudoración y cambios importantes del estado emocional.
En los casos más complejos, advierte sobre la necesidad de vigilar la aparición de síntomas depresivos e incluso ideas suicidas. No todos los consumidores desarrollarán un síndrome de abstinencia severo. Pero su existencia basta para cuestionar la idea de que el cannabis es una sustancia que simplemente “relaja”.
LA FAMILIA QUE QUEDÓ LEJOS
En los cuatro testimonios aparece, con distintas intensidades, la familia. No como explicación única del consumo, sino como parte del contexto en el que este se desarrolla.
Daniel perdió a su padre cuando tenía alrededor de 15 años. Con el tiempo, la relación con su madre se deterioró. Su familia permanecía en Las Tunas y, cuando llegó a Sancti Spíritus, no encontró una red de apoyo suficientemente sólida.
Su abuela lo ayudaba con la alimentación. Pero hubo momentos en que prácticamente estaba solo. Pensó incluso en regresar a Las Tunas.
La toxicóloga ha observado situaciones parecidas entre jóvenes atendidos en la provincia: padres que viven en el exterior, muchachos que permanecen solos, dificultades familiares y ausencia de una tutela cotidiana suficiente.
Pero introduce una precisión necesaria.
Esas circunstancias pueden formar parte de una vulnerabilidad, pero no constituyen una explicación automática. Una familia fracturada no produce por sí sola un consumidor de drogas. Tampoco todos los jóvenes que viven lejos de sus padres terminan consumiendo.
UNA CADENA QUE NO TERMINABA EN EL VENDEDOR

Varios de estos jóvenes no reconocen los daños asociados al consumo de la marihuana. Foto generada con IA.
La investigación del Minint en la provincia permitió reconstruir parte del recorrido de la marihuana hasta Sancti Spíritus. Según explicó Rodríguez Carmenate, tres de los principales imputados trasladaban la sustancia desde Las Tunas en tubos de desodorantes que adulteraban para intentar evitar su detección por perros durante un registro policial.
Dos residían en esa provincia y otro en Trinidad: “La investigación permitió establecer que la droga era adquirida en determinados barrios tuneros y posteriormente trasladada hacia Sancti Spíritus. Después aparecían pequeños puntos de distribución”, informa el oficial del Minint.
La sustancia llegaba a compradores y consumidores. El consumo se producía en viviendas, centros recreativos y otros espacios frecuentados por jóvenes. En algunos relatos, la venta aparece como una forma de financiar el consumo. En otros, como una participación dentro de una cadena que comenzaba mucho antes, con quienes conseguían la droga fuera de la provincia.
El mercado clandestino terminaba alimentándose de sus propios consumidores y algunos de ellos acababan formando parte de ese mercado.
LA FRASE DE LA PARED
Tal vez esa sea la pregunta que queda abierta cuando termina este caso: ¿En qué momento una experiencia que parecía inofensiva empieza a gobernar la vida de quien la consume?
La respuesta no siempre está en el primer cigarro.
Puede aparecer mucho después: cuando ya no resulta sencillo dejarlo, cuando la droga empieza a necesitar dinero, cuando surgen los conflictos, cuando el cuerpo reclama su ausencia o cuando una persona descubre que aquello que creía controlar también estaba condicionando sus decisiones.
Andrés vuelve entonces a mirar la frase de la pared. “Tu madre nunca te va a traicionar”. Quizá el mayor problema de esta historia haya sido otro y es que, durante demasiado tiempo, ellos tampoco creyeron que la marihuana pudiera traicionarlos.
*, **,***,**** Los nombres de los cuatro jóvenes que aparecen en este reportaje fueron cambiados para proteger su identidad. Los testimonios se basan en entrevistas concedidas voluntariamente al autor.
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