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Camilo, el eterno Héroe

Camilo, el eterno Héroe Camilo Cienfuegos se ganó el amor del pueblo. Foto: Perfecto Romero.

Bastaron el carisma y disposición positiva, aunque el mundo asfixiara para ganarse cada uno de los corazones que encontró a su corto paso por la vida. Le sobraron ganas y le faltó tiempo para seguir entre la gente de a pie. A los 27 años, apenas se inicia a caminar y, mucho antes de decir adiós a la tierra de los mortales, Camilo Cienfuegos Gorriarán colgaba en su pecho el título dado por el pueblo: Héroe de Yaguajay.

«Casi todo lo que decía era con su ejemplo —confesó ElginFontaine Ortiz, uno de los hombres que le siguió cuando conquistó medio archipiélago a fuerza de metralla para darle la estocada final al ejército batistiano, en 1958—. Parecía incansable. Un habanero, no era hombre de campo y era infatigable. En la tropa caminaba hacia adelante y atrás todo el tiempo. No hablaba mucho, solo que había que llegar porque había que cumplir con Fidel”.

Ni tan siquiera en los duros días en que la llanura camagüeyana se volvió el enemigo más cruel de los invasores, tanto de la Columna No. 2 Antonio Maceo como de la No. 8 Ciro Redondo, al mando de Ernesto Guevara, el hombre del sombrero alón flaqueó. Demostró que el apelativo de Vanguardia se le ceñía a su cuerpo. Ni mosquitos, ni el lodo hasta la cintura y mucho menos el hambre, derrumbaron la imagen impecable del líder ante los ojos de una tropa prácticamente aniquilada.

Elgin Fontaine Ortiz integró la No. 2 Antonio Maceo. Foto: Frank de la Guardia (Jr).

«Le dijo al Comandante en Jefe en 31 noche comimos 11 veces. Y, aunque respeto mucho a Camilo, puedo decir que solo fueron nueve poquitos y dos veces. Creo que en Camagüey dejé pedazos de mi cuerpo y alma. Vi que el ser humano es más fuerte que los animales, donde los caballos se resistían los humanos seguíamos».

Una marcha indetenible que sumó 840 kilómetros desde la Sierra Maestra a Jobo Rosado, el sitio en el norte de Sancti Spíritus, donde sintió toda su tropa el calor del respaldo sincero. Quizá entendió Camilo que cruzar el río Jatibonico del Norte, asido a una soga para que no se lo llevara la bravura de su crecida, lo liberó de todos los males encontrados en el camino hasta allí.

«Cuando pasamos esas aguas, yo no lo vi, pero se regó en la tropa que besó la tierra villaclareña porque así era como se nombraba, no Sancti Spíritus —rememoró en el año 2018 en su casa habanera con mirada desde lo alto al malecón, Fontaine, como todos los conocieron hasta su muerte en 2025—. Todos sentimos un alivio.

«Nos dijo cuando lleguemos al campamento son personas buenas, pero nadie se puede acostar, ni soltar el arma. Al poco rato de estar vino la orden del descanso. Estuvimos tres días y en todos nos llevaron la comida a las hamacas. No nos dejaron hacer guardia, nos curaron los pies porque realmente estábamos hechos leña».

Desde ese instante, Yaguajay representó para el Comandante Cienfuegos mucho más que el escenario de guerra, donde protagonizó su heroica hazaña militar. Auscultó cada uno de sus rincones, quiso y se dejó querer por su gente humilde y aunó, sin grandes esfuerzos las tropas que encontró al llegar. El Frente Norte de Las Villas, más que pueblos hizo suyo el alma de cada pedacito de tierra.

«Constituyó una columna mixta liderada por William Gálvez. Estaba integrada por invasores, guerrilleros del destacamento Máximo Gómez del Partido Socialista Popular con su jefe Félix Torres y algunos del Mar­celo Salado, del Movimiento 26 de Julio. Eso vino a unir más. Pero, todos estuvimos bajo el mando de Camilo».

Una estrategia que no estuvo exenta de sus muchas Camiladas. Lo conocido desde la Sierra Maestra se hizo cotidiano al norte de Sancti Spíritus. Cómo no dejar escapar ese humor criollísimo capaz de domar hasta la más recta personalidad del legendario Ernesto Guevara.

«Cuando veníamos en la invasión al pasar río Salado, Camilo encontró al Che dormido en su hamaca. Era cerca de las 10 de la mañana. Había pasado toda la noche caminando. Fue con el caballo y lo tumbó. Imagínate el susto. Pero, en el piso solo atinó a sonreír y decir “sabía que era una Camilada, me las vas a pagar”. Eso solo lo podía hacer Camilo».

La escultura de Thelvia Marín, emplazada en Yaguajay representa la hidalguía del Señor de la Vanguardia. Foto: Oscar Alfonso.

Y sí, solo es posible con una personalidad inmensa como la del Señor de la Vanguardia. La misma que propicia la espera en Yaguajay, tras anunciar una visita para el 31 de octubre de 1959 a esa tierra de sus amores. Lo prometió días antes de subirse a la avioneta en el aeropuerto camagüeyano a las seis y un minuto de la tarde del 28 de octubre. Fatídica jornada para Cuba.

Y no solo se aguarda en el Complejo Histórico Comandante Camilo Cienfuegos, donde descansa gran parte de sus muchachos mal armados protagonistas de la liberación, uno por uno, de todos los poblados de la zona y la batalla más larga de la campaña villareña. Tampoco, la escultura de Thelvia Marín, frente al hoy hospital Joaquín Paneca, de bronce vestido de campaña, sombrero alón fijo en la frente, fusil M-2 en la mano izquierda y, la derecha sobre la cartuchera. La espera está en las casas que conoció y las espigadas por su impronta, en las nuevas escuelas, en el empuje diario de un pueblo con olor a mar y verdor fértil para los granos que nunca ha dejado de confiar en su eterno Héroe.

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