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Camilo Cienfuegos: el joven detrás del héroe

Camilo Cienfuegos: el joven detrás del héroe

Antes de la leyenda del sombrero alón y del uniforme verde olivo, Camilo Cienfuegos fue un muchacho de barrio, aficionado a la pelota, bromista y trabajador. Acercarse a su juventud permite descubrir al ser humano detrás de la imagen histórica y comprender cómo las dificultades económicas y la educación familiar marcaron su camino. Su trayectoria no comenzó en la Sierra Maestra, sino entre las calles de La Habana y los trabajos con los que intentó ayudar a su familia.

Nació el 6 de febrero de 1932 en La Habana, en el seno de una familia de origen español y recursos modestos. En ese ambiente recibió influencias que contribuyeron a su sensibilidad ante los problemas ajenos. Durante la Guerra Civil española, siendo todavía un niño, ahorraba parte del dinero de la merienda para entregarlo a una iniciativa de ayuda a huérfanos de aquel conflicto.

Estudió en San Francisco de Paula y, posteriormente, en la escuela Félix Ernesto Alpízar, donde terminó el sexto grado y continuó los estudios en La Víbora. El deporte ocupó un lugar importante, practicó béisbol y llegó a participar en competencias interescolares y a integrar un equipo de voleibol.

Mientras estudiaba, trabajaba como aprendiz de sastre en la tienda El Arte. La necesidad de contribuir al sustento familiar limitó así una vocación que había comenzado a cultivar. Su juventud estuvo marcada por esa combinación de deseos de aprender y obligaciones laborales tempranas.

Quienes lo conocieron recordaban su carácter alegre y su facilidad para ganar amigos. Le gustaba la música cubana y acostumbraba bromear sin intención de herir. Esa jovialidad convivía con una creciente preocupación política, que se manifestó en 1948 con su participación en protestas contra el aumento del pasaje de los ómnibus. Su acercamiento a las luchas sociales se produjo antes de convertirse en combatiente y estuvo relacionado con problemas concretos de la vida cotidiana.

A comienzos de la década de 1950, emigró a Estados Unidos en busca de mejores oportunidades económicas y allí desempeñó distintos trabajos. En esa etapa colaboró con el periódico La Voz de Cuba, donde expresó su rechazo a la dictadura de Fulgencio Batista. De regreso a la isla en 1955, participó en las protestas contra Batista y en diciembre de ese mismo año recibió un disparo en una pierna durante una manifestación reprimida por la policía.

Más tarde volvió a Estados Unidos, pero ya tenía el propósito de incorporarse a la lucha. Llegó a México y se integró a la expedición del Granma. Cuando desembarcó en Cuba, el 2 de diciembre de 1956, tenía 24 años. El joven Camilo iniciaba entonces su etapa guerrillera, sin dejar atrás la espontaneidad que sus amigos recordaban.

(Redacción de Fernanda Pérez Ramos)

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