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Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos: 40 años de una historia compartida

Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos: 40 años de una historia compartida En el Hospital permanece la huella de quienes dedicaron su vida a levantar una institución que hoy constituye orgullo de la Salud Pública espirituana.

La sábana blanca apenas dejaba entrever las letras del cartel colocado frente a la Carretera Central. Aquella mañana del 27 de julio de 1986 el nuevo Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos todavía no había sido inaugurado oficialmente, aunque en realidad llevaba semanas latiendo.

Las consultas externas funcionaban desde mucho antes; los primeros servicios habían abandonado el viejo hospital de la ciudad; médicos, enfermeras, técnicos y trabajadores administrativos recorrían ya aquellos pasillos amplios intentando acostumbrarse a un edificio que parecía demasiado grande.

El acto oficial llegaría unas horas después, cuando el Comandante en Jefe Fidel Castro recorriera la instalación y descubriera el cartel que anunciaba el nacimiento del mayor hospital espirituano. Sin embargo, para quienes habían participado en aquella mudanza gigantesca, la verdadera inauguración había comenzado muchos meses atrás, cuando cada equipo fue encontrando su sitio, cada cama ocupó su lugar y cada trabajador empezó a apropiarse de un espacio que muy pronto dejaría de ser nuevo para convertirse en parte de sus propias vidas.

El doctor Berto Conde Fernández, especialista de segundo grado en Medicina Interna, es uno de los fundadores del Hopital. Foto: Yosdany Morejón.

Cuarenta años después, el doctor Berto Conde Fernández, especialista de segundo grado en Medicina Interna, todavía habla de aquella mañana con una precisión que impresiona. No necesita cerrar los ojos para reconstruirla.

“Habíamos dedicado mañana, tarde y noche a conformar el hospital, preparar toda la instalación, hacer la mudanza y abrir los servicios”, recuerda hoy quien entonces ocupaba la responsabilidad de vicedirector de Docencia e Investigaciones.

Primero llegaron las consultas externas; después comenzaron a trasladarse las salas desde el antiguo hospital; más tarde hicieron el viaje el cuerpo de guardia y la terapia intensiva. Solo cuando esas dos últimas unidades quedaron funcionando pudo decirse que el Camilo Cienfuegos estaba realmente listo para abrir sus puertas.

El doctor Berto recuerda que, una vez descubierto el cartel, Fidel preguntó por la misión que tendría aquella institución. Él mismo respondió que debía ser también docente. Desde atrás, el cirujano Gómez Triana añadió una palabra decisiva: “investigativo”. Entonces Fidel resumió en pocas frases el camino que debía seguir el hospital: convertirse en un centro de alto nivel docente y desarrollar la investigación científica.

Para el joven médico aquello fue mucho más que una orientación. Se convirtió en un programa de trabajo que marcaría las siguientes décadas de su vida.

La incorporación de nuevas especialidades y la formación de cientos de profesionales marcan el devenir de la institución sanitaria. Foto: Yosdany Morejón.

Participó en la elaboración de los planes de desarrollo de las especialidades médicas, en la organización de la investigación científica y en el fortalecimiento de la enseñanza de pregrado y posgrado. Poco a poco comenzaron a incorporarse nuevos especialistas, crecieron los programas docentes y el hospital fue ganando prestigio hasta situarse, durante los años noventa, entre las instituciones clínicas de mayor reconocimiento en Cuba.

Mientras recuerda aquellos logros, Berto evita atribuirlos a nombres individuales. Habla siempre de equipos, de colectivos, de personas que trabajaban convencidas de que el éxito de uno pertenecía a todos. No por gusto, cuando se le pregunta qué significa el Camilo Cienfuegos después de casi medio siglo de trabajo, el galeno no habla de edificios ni de cargos. Lo resume en apenas cuatro palabras: “Es mi tercer hijo”.

SERVIR DESDE LA SECRETARÍA TAMBIÉN SALVA VIDAS

Leonela Cárdenas Nerey tenía poco más de treinta años cuando cruzó por primera vez las puertas del nuevo hospital. Foto: Yosdany Morejón.

No muy lejos de la oficina donde durante tantos años se organizó la docencia del hospital, otra fundadora también sigue llegando cada mañana como si el calendario hubiera decidido detenerse.

Leonela Cárdenas Nerey tenía poco más de treinta años cuando cruzó por primera vez las puertas del nuevo hospital. Venía del antiguo centro asistencial, donde había comenzado a trabajar en 1982. En 1986 pasó a desempeñarse como secretaria en Microbiología y luego acompañaría durante años a distintas vicedirecciones hasta ocupar, desde 2015, la secretaría de la Dirección General.

Nunca realizó una intervención quirúrgica ni firmó un artículo científico. Sin embargo, basta permanecer unos minutos junto a su escritorio para comprender que buena parte de la vida cotidiana del hospital pasa inevitablemente por sus manos.

Cada documento que requiere la firma del director llega primero a ella. Certificados médicos, expedientes, comunicaciones de Recursos Humanos, asuntos económicos, solicitudes de pacientes, coordinaciones administrativas… Todo debe revisarse antes de seguir su curso. A ello se suman las llamadas telefónicas, las visitas inesperadas, las personas que llegan con una inconformidad o quienes aparecen únicamente para agradecer la atención recibida.

Ella suele ser el primer rostro que encuentran.Mientras habla de su trabajo menciona una y otra vez a las auxiliares de limpieza, al personal de aseguramiento, a los trabajadores administrativos y a quienes permanecen casi invisibles para el paciente.

Aun con déficit de insumos y carencias de equipo, la asistencia no se ha interrumpido en el hospital Camilo Cienfuegos. Foto: Yosdany Morejón.

Reconoce que las limitaciones materiales han obligado a multiplicar esfuerzos y que los salarios no siempre alcanzan para retener a quienes sostienen esas labores. Sin embargo, insiste en una idea que parece resumir el espíritu con que aquella generación aprendió a trabajar: “Siempre hay alguien que aporta algo”. No habla de heroísmos, sino de la solidaridad cotidiana que permite mantener en funcionamiento una institución donde todos dependen de todos.

Su propia historia confirma esa manera de entender el trabajo. Se jubiló en 2015. Pudo haberse quedado en casa, descansar después de tantos años o dedicar el tiempo a la familia. Sin embargo, aceptó ser recontratada porque, según explica con una sencillez que desarma cualquier intento de solemnidad, todavía se sabía útil. “Me siento capaz y quería seguir trabajando”.

No necesita añadir nada más. Basta verla organizar documentos, responder llamadas y recibir a quienes llegan hasta la Dirección para comprender que el hospital continúa ocupando el centro de su vida.

EL HOSPITAL ES TODO PARA MÍ

El doctor Rafael Antonio López Roche, especialista de segundo grado en Gastroenterología, es otro de los fundadores del Hospital Camilo Cienfuegos. Foto: Yosdany Morejón.

Esa relación íntima con el hospital también atraviesa la historia del doctor Rafael Antonio López Roche, especialista de segundo grado en Gastroenterología.

Si Leonela representa la continuidad silenciosa de la organización institucional y Berto la consolidación de la docencia y la investigación, Rafael simboliza el crecimiento científico que permitió a Sancti Spíritus dejar de depender de otras provincias para resolver numerosos problemas de salud.

A sus casi 80 años conserva una memoria minuciosa para reconstruir la evolución de la Gastroenterología espirituana. Habla con la precisión de quien todavía ordena los recuerdos según las fechas, los nombres y los procedimientos médicos. No resulta extraño. Dedicó prácticamente medio siglo a una especialidad que exigía rigor permanente y que, cuando el hospital abrió sus puertas, apenas comenzaba a consolidarse en la provincia.

Recuerda perfectamente la impresión que sintió al entrar por primera vez al nuevo edificio porque las diferencias eran demasiado evidentes para pasar inadvertidas. “Parecía un palacio”, resume, aunque inmediatamente aclara que no era únicamente una cuestión de arquitectura.

Los nuevos locales, la climatización, el equipamiento y la amplitud de los espacios significaban mejores condiciones para el paciente y también la posibilidad de desarrollar procedimientos que antes resultaban impensables.

De hecho, la historia del servicio de Gastroenterología comenzó incluso antes de la inauguración oficial del hospital. Las consultas externas ya funcionaban alrededor de un año antes de aquel 27 de julio de 1986, de manera que muchos espirituanos pudieron conocer anticipadamente las ventajas de la nueva instalación. Después llegó el momento de consolidar el servicio, formar especialistas y crear un equipo capaz de responder a las necesidades crecientes de toda la provincia.

Nada ocurrió por casualidad. Rafael recuerda que fue necesario captar jóvenes médicos y enviarlos a Villa Clara para especializarlos en Gastroenterología. Paralelamente, comenzaron a fortalecer el personal técnico, imprescindible para asumir procedimientos cada vez más complejos.

Aquella combinación de experiencia, formación y trabajo colectivo terminó produciendo resultados que pocos imaginaban cuando el hospital apenas comenzaba a funcionar. Lo que inicialmente había sido una provincia obligada a remitir numerosos pacientes hacia otros territorios empezó a convertirse, con el paso del tiempo, en un centro de referencia para técnicas altamente especializadas.

Hay un episodio que todavía menciona con especial orgullo porque ilustra la dimensión concreta de ese crecimiento. En las primeras 100 rectosigmoidoscopias realizadas en el territorio lograron detectar 10 tumores malignos y ocho pólipos que probablemente habrían demorado mucho más en diagnosticarse si los pacientes hubieran tenido que viajar fuera del territorio. Aquella cifra representaba decenas de vidas que comenzaron a tener otra oportunidad gracias a un servicio que apenas iniciaba su desarrollo.

Más allá de las estadísticas, Rafael prefiere medir el éxito de otra manera. Dice que la mayor satisfacción no proviene de los reconocimientos científicos ni de los cargos ocupados, sino del momento en que un antiguo paciente lo detiene en la calle para saludarlo o agradecerle una atención recibida muchos años atrás. Son esos encuentros inesperados los que terminan confirmándole que el tiempo invertido en el hospital no fue simplemente tiempo de trabajo, sino una forma de construir vínculos que sobreviven incluso cuando la enfermedad ya quedó atrás.

UNA INSTITUCIÓN DE REFERENCIA NACIONAL

Hace cuatro décadas, la institución abrió sus puertas para cambiar la historia de la Medicina espirituana. Foto: Wilber Zada.

Cuando Fidel dejó inaugurado el Hospital Provincial Camilo Cienfuegos, el 27 de julio de 1986, también definió el camino que debía seguir la institución: convertirse en un centro de alto nivel docente y desarrollar la investigación científica. Cuatro décadas después, quienes participaron en aquella etapa fundacional consideran que esa aspiración dejó de ser un proyecto para convertirse en realidad.

La incorporación de nuevas especialidades, la formación de cientos de profesionales, el desarrollo de la investigación médica y el reconocimiento alcanzado entre los hospitales clínico-quirúrgicos cubanos fueron consolidando un prestigio construido durante años de trabajo colectivo.

Los fundadores evocan que, ya en la segunda mitad de la década de los noventa, el Camilo Cienfuegos figuraba entre las instituciones de referencia del país por la calidad de sus servicios, resultado de un esfuerzo donde confluyeron la asistencia médica, la docencia y la investigación.

El servicio de Oncología del hospital espirituano cuenta hoy con 19 médicos, entre especialistas y residentes, además de un sólido equipo de enfermería. Foto: Yosdany Morejón.

Entre los recuerdos que más los enorgullecen figuran la introducción de procedimientos diagnósticos que permitieron detectar de forma temprana tumores y otras enfermedades que antes pasaban inadvertidas o requerían largos traslados.

Sin embargo, el mayor patrimonio del hospital no puede medirse únicamente por el número de especialidades, las investigaciones realizadas o las tecnologías incorporadas durante estos cuarenta años. También está en la experiencia acumulada por generaciones de trabajadores que hicieron de aquella institución una extensión de sus propias vidas.

Los edificios envejecen, los equipos se sustituyen y las generaciones cambian. Lo que permanece es la huella de quienes dedicaron su vida a levantar una institución que hoy constituye orgullo de la Salud Pública espirituana. Porque el Hospital Provincial Camilo Cienfuegos no solo ha curado a miles de pacientes desde 1986; también ha sido el lugar donde varias generaciones aprendieron que ejercer la medicina, investigar, enseñar, organizar o servir desde una oficina pueden formar parte de una misma vocación: cuidar la vida.

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