El 11 de septiembre de 2009 Cuba despertó con una noticia que conmovió a toda la nación: a las 11:30 p.m. había fallecido en La Habana, a sus 82 años, el Comandante de la Revolución Juan Almeida Bosque, a causa de un paro cardiorrespiratorio. Ocupaba, entre otras responsabilidades, la condición de miembro del Buró Político del Partido Comunista de Cuba y vicepresidente del Consejo de Estado.
Almeida constituyó una figura central de la lucha revolucionaria, participó en el asalto al cuartel Moncada, enfrentó prisión por estos hechos y formó parte de la expedición del Granma. Más tarde, combatió en la Sierra Maestra en los días oscuros de Alegría de Pío, donde su grito de “¡Aquí no se rinde nadie!” se convirtió en un símbolo de la resistencia cubana.
Como jefe del Tercer Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, una de las estructuras decisivas en la ofensiva insurreccional contra la dictadura de Fulgencio Batista, extendió la lucha guerrillera por las montañas de Santiago de Cuba, una tierra que marcaría su vida y su legado.
Su valentía en combate, especialmente en el combate de El Uvero, donde recibió dos heridas, le valió el título de Comandante en febrero de 1958, otorgado por Fidel Castro. Tras de el triunfo de la Revolución en 1959, ocupó altas responsabilidades como miembro del Buró Político, vicepresidente del Consejo de Estado y presidente de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.
Juan Almeida no fue solamente un combatiente, también desarrolló una relevante obra como escritor, poeta y compositor. Su sensibilidad artística le permitió crear canciones conocidas por varias generaciones de cubanos, mientras su producción literaria abordó vivencias de la lucha revolucionaria y episodios de la historia nacional; una combinación que lo convirtió en una personalidad singular dentro de la cultura y la política cubanas.
Tras conocerse la noticia de su fallecimiento, el Consejo de Estado decretó duelo oficial el 13 de septiembre de 2009, jornada en la que la población pudo expresar su respeto en La Habana, Santiago de Cuba y las capitales provinciales.
Por voluntad propia, sus restos no fueron expuestos, recibieron honores militares y fueron inhumados en el Mausoleo del III Frente Oriental Mario Muñoz Monroy, ubicado en la Loma de la Esperanza, en Santiago de Cuba. Allí reposan también combatientes de aquel frente guerrillero que él fundó y dirigió. En una ceremonia íntima y cargada de emotividad, con honores militares, fue sepultado para siempre en la tierra santiaguera que tanto defendió.
Recordar a Juan Almeida Bosque en cada aniversario de su muerte significa evocar a un protagonista de las principales etapas de la Revolución Cubana. Desde Santiago de Cuba, tierra donde combatió y a la que estuvo estrechamente ligado, su mausoleo conserva la memoria de un hombre cuya impronta permanece en la historia nacional.
(Por Fernanda Pérez Ramos)
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