Credencial adelantada de un niño pintor en Trinidad
Por primera vez, las pinturas de un niño cubren todo el salón principal de la Galería de Arte Universal Benito Ortiz Borrell.
Desde las ingenuas obras hechas de crayola y lápiz, hasta los últimos paisajes citadinos mezcla de acrílico sobre lienzo, revelan que Fabián Hernández Durán va tomando voz propia en el universo de las artes visuales. Cuando yo era chiquito me gustaba mucho pintar y dibujaba bonito. Y entonces de un principio empecé a dibujar en el taller de pintura. Con apenas tres años despuntó el talento innato que luego halló cobija de artista con un sendero más sólido.
Fue el profesor Alexey Arteaga quien enrumbó sus primeros pasos en la Casa de Cultura Julio Bartolomé Cueva Díaz. Después, Eusebio García lo integró a su taller académico Sueños de Colores. Pero cuenta también, y lo dice el propio infante, el apoyo de la familia. La primera exposición personal de Fabián advierte fácilmente la evolución prematura de su universo creativo. En principio, dibujos de animales, plantas, árboles. Después, esos mismos elementos abundan en sus cuadros, pero mejor terminados. Y ahora, la calidez luminosa de una ciudad antigua que duerme bajo la luna y el cielo estrellado. Sobre todo, lo que más me gusta pintar es la ciudad de Trinidad.
“Porque Trinidad es muy linda y me da compasión porque es nuestra ciudad y es bastante linda. Tiene bonitos paisajes, bonitas casas”. Cuando lo escucho, descubro que el niño de nueve años hereda de pintores consagrados y noveles la inspiración que la vieja Trinidad despierta en pinceles y temperas, la magia de un espíritu citadino. Y eso lo saben los anfitriones de la Galería de Arte Universal que han visto brillar el talento de Fabián en ediciones diferentes del Salón de Arte Popular Benito Ortiz Borrell.
Los premios de los certámenes de Donde Crece la Palma y Amigos de la FARC también engordan su currículum.
Pareciera entonces que Fabián Hernández Durán no tiene nada en común con sus compañeritos de clases de la Escuela República de Cuba, donde cursa el cuarto año. Pero no es así. También como ellos, juega las bolas, empina papalotes, disfruta de la playa, se conecta a las redes sociales. Solo que “Yo normalmente en mis tiempos libres me la paso pensando en algo nuevo por pintar y lo aprovecho. Y cuando voy a pintar, hago la idea que tuve”.
La primera exposición personal de Fabián es punto de partida de empinadas cuestas y senderos difíciles de transitar. Es también credencial adelantada para descubrimientos maravillosos y belleza infinita.
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