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Tornillos para que la cadera vuelva a andar (+ fotos, audio y video)

Tornillos para que la cadera vuelva a andar (+ fotos, audio y video) El doctor Audrey Gutiérrez López dirige el servicio de Ortopedia y Traumatología del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos de Sancti Spíritus. Foto Yosdany Morejón.

El primer golpe no siempre es el de la caída. A veces llega después, cuando el cuerpo ya no responde y la cadera queda rota como una bisagra vencida. Entonces aparece el dolor —seco, punzante, invasivo— y, con él, la inmovilidad, esa condena inmediata que convierte una cama en frontera, un pasillo en sueño distante, un paso en desafío.

La fractura de cadera suele requerir reparación quirúrgica rápida, rehabilitación y medicamentos para controlar el dolor y prevenir trombos e infecciones; en el posoperatorio, el paciente debe comenzar a moverse lo antes posible, muchas veces con ayuda de un andador o muletas.

En una nación donde las limitaciones materiales aprietan hasta el último milímetro de la práctica médica, esa urgencia encuentra hoy en Sancti Spíritus una respuesta insólita por su sencillez y enorme por su alcance: tomar un tornillo ya adquirido, hacerlo pasar por un proceso de transformación técnica y devolverlo al quirófano convertido en la pieza que repara esa fractura.

La idea fue del servicio de Ortopedia y Traumatología del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, encabezado por el doctor Audrey Gutiérrez López, especialista en segundo grado, y nació de una necesidad concreta: seguir operando cuando el país dejó de disponer, por más de un año, de tornillos corticales indispensables para múltiples osteosíntesis, entre ellas muchas fracturas de cadera.

CUANDO EL HUESO SE ROMPE Y LA SOLUCIÓN NO ESTÁ EN LA MANO

Una cirugía de cadera puede demandar hasta 7 tornillos corticales de 4.5 milímetros. Foto cortesía del entrevistado.

La fractura de cadera no admite romanticismos. El golpe puede parecer pequeño; el resultado, nunca lo es. La anatomía se quiebra, el dolor dispara, el paciente pierde autonomía y la cirugía se vuelve la única puerta de salida. En ortopedia, el sitio de la fractura define el proceder, pero el principio se repite: reemplazo posoperatorio o fijación interna, rehabilitación y vigilancia estrecha. Esa secuencia le permite al paciente salir de la cama.

Para esa fijación se usan tornillos, placas, clavos, sistemas de compresión y otros dispositivos de osteosíntesis. Entre ellos están los tornillos corticales de 4.5 milímetros, pensados para hueso cortical denso y para grandes fragmentos, con medidas y usos ampliamente estandarizados en los sistemas de trauma. También existen los tornillos esponjosos, diseñados para el hueso menos denso: presentan una rosca más gruesa y separada, lo que favorece el anclaje en la esponjosa ósea.

Ese detalle técnico, que para el profano suena mínimo, es en el quirófano la diferencia entre operar o postergar; entre fijar una fractura o dejarla avanzar hacia el dolor crónico, la discapacidad o la inmovilidad prolongada. En la práctica, la escasez de estos insumos convierte cada tornillo en una suerte de salvavidas. Y cuando se ausenta el tornillo no falta solo metal, sino tiempo, oportunidad y certeza.

LA IDEA QUE NACIÓ DEL APREMIO

La coordinación se extendió hasta la Empresa de Tecnologías Alternativas (TECAL S.A.) de Camagüey. Foto Yosdany Morejón.

La innovación espirituana no partió de un laboratorio cerrado ni de una gran industria extranjera; salió del Servicio de Ortopedia, de observar el problema con ojos de cirujano y preguntarse cómo resolverlo sin renunciar a la seguridad del paciente.

El equipo pensó en un tornillo esponjoso, que ya existía como producto comprado en el exterior y aprobado para uso médico y se concentró en transformar su vástago liso para convertirlo en un tornillo cortical de 4.5 milímetros con rosca funcional. Esa adaptación, según explicó el propio especialista, requiere hacer la rosca, pulirla y someter después la pieza a los controles técnicos correspondientes.

No era un capricho artesanal. Era una solución basada en precisión, metalurgia e ingeniería aplicada a la medicina. Los especialistas probaron primero en la provincia, pero las condiciones de los tornos locales no permitían el trabajo. Entonces fueron a la Industria Militar de Sancti Spíritus y, al no contar tampoco con la tecnología necesaria, la coordinación se extendió hasta la Empresa de Tecnologías Alternativas (TECAL S.A.) de Camagüey, donde ingenieros del centro asumieron el proceso. Allí se hicieron los estudios de dureza y compatibilidad, requisitos imprescindibles para validar cualquier modificación de este tipo.

El resultado fue una pieza que, a simple vista, no se distingue de la original. Y en medicina, cuando la diferencia es invisible, pero la función se conserva, la innovación vale doble. En este caso, el procedimiento permitió sostener la cirugía ortopédica sin detener la atención a pacientes con fractura de cadera y otras lesiones que requieren ese tipo de fijación.

LO QUE CUESTA AFUERA; LO QUE SALVA ADENTRO

A la izquierda el tornillo esponjoso y a la derecha ya el dispositivo con rosca funcional convertido en un tornillo cortical de 4.5 milímetros. Foto Yosdany Morejón.

En la conversación clínica y en el pasillo hospitalario hay una cifra que golpea como una mala noticia: en el mercado informal, un tornillo de este tipo puede alcanzar los 10 000 pesos cada uno. Esa realidad obliga a imaginar lo que significaba, para muchas familias, enfrentar una fractura de cadera y, además, tener que conseguir el material para operarse. No era solo el dolor del hueso, sino también el del bolsillo, la carrera contra el tiempo y la angustia de no poder adquirir la pieza que permite recuperarse.

Por eso la innovación importa más allá del quirófano. Porque no se trata únicamente de una respuesta técnica, sino de una respuesta social. Cada tornillo que se logra procesar y esterilizar en el país reduce dependencia, abarata costos y evita que la solución de un paciente quede atada al bolsillo de una familia. En un sistema de salud presionado por la escasez, esa diferencia es enorme.

La cadena también tiene un valor institucional. “Los tornillos se procesan en Camagüey, regresan a Sancti Spíritus ya roscados y pulidos y en el hospital se esterilizan antes de entrar al quirófano, como ocurre con cualquier material de osteosíntesis”, explica el doctor Gutiérrez López.

RESULTADOS QUE SE TOCAN CON LAS MANOS

La prueba verdadera de toda innovación no está en el discurso, sino en la mesa de operaciones. Y ahí, el balance ha sido favorable. “Los tornillos transformados muestran una calidad equivalente a la original, sin señales de incompatibilidad ni rechazo en los pacientes operados hasta ahora”, acota el especialista.

En el primer trimestre del año, las fracturas de cadera atendidas en Sancti Spíritus se fijaron con este recurso, con resultados similares a los obtenidos con tornillos importados.

No es un dato menor. Las primeras horas y los primeros días después de una fractura de cadera suelen decidir mucho en el pronóstico. Las guías clínicas insisten en la movilización temprana, la fisioterapia y la prevención de complicaciones como trombosis venosa, neumonía y pérdida funcional. Por eso cada cirugía lograda a tiempo vale más que una intervención técnica: es una apuesta por devolver autonomía.

En Sancti Spíritus, además, la iniciativa no quedó encerrada en el hospital. “La idea se socializó con el Grupo Nacional de Ortopedia y ya en el hospital Frank País, de La Habana, se aplica una idea similar. De hecho, ahora mismo existe allí la producción de estos tornillos en la fábrica enclavada en esa propia institución”, comenta el doctor.

Lo que nació en el apremio local empieza a convertirse en una respuesta de país y esa es quizá la mejor noticia: cuando una solución sirve aquí, puede servir también allá.

LA INTELIGENCIA DE NO RENDIRSE

La figura del doctor Audrey no se reduce al especialista que ordena y opera, sino a la del científico que busca soluciones. Foto Yosdany Morejón.

La ortopedia espirituana no llega a este punto por azar. Ya en 2017 el periódico local Escambray señalaba a Audrey Gutiérrez López como jefe del Servicio y destacaba, entre otros avances, operar antes de las 24 horas a más del 95 por ciento de los pacientes con fractura de cadera. La innovación actual sigue esa trayectoria: la continuidad de un servicio que ha ido empujando límites, incluso cuando los recursos no acompañan.

En ese contexto, la figura del doctor no se reduce al especialista que ordena y opera. También es el clínico que, junto a sus colegas, imagina una salida, convoca a los ingenieros, revisa protocolos, pregunta, insiste, vuelve a probar y se compromete con cada detalle del resultado.

La medicina, cuando escasea lo material, se vuelve más dependiente de la inteligencia colectiva. Y allí es donde esta historia encuentra su centro: en una cadena de saberes que enlaza hospital, industria militar, empresa técnica e ingenieros, todos empujados por una necesidad que no permite demora.

INNOVAR PARA NO DETENER LA CIRUGÍA

En el primer trimestre del año, las fracturas de cadera atendidas en Sancti Spíritus se fijaron con este recurso. Foto cortesía del entrevistado.

Hay innovaciones que presumen sofisticación y otras que brillan por lo que evitan: que el paciente espere, que la cirugía se posponga, que la familia compre a precios imposibles, que el hospital quede atado a una ausencia prolongada.

Esta pertenece a la segunda familia y, por eso, importa tanto. En un escenario donde el suministro de determinados implantes se ha visto seriamente restringido, haber encontrado una forma de reutilizar con rigor técnico un material ya adquirido para mantener activa la atención quirúrgica es una victoria modesta en apariencia y enorme en consecuencias.

La fractura de cadera es una de las urgencias más duras de la ortopedia. El dolor llega de golpe, la cirugía marca el antes y el después y la rehabilitación seguirá exigiendo disciplina, apoyo y tiempo. Pero ahora en Sancti Spíritus hay una respuesta menos frágil para sostener ese camino: un tornillo roscado donde antes había una limitación; un gesto técnico que, en medio de tantas limitaciones, vuelve a poner en pie lo que la caída derribó.

Y eso, en el sistema de salud cubano de hoy, no es poca cosa. Es una manera concreta de no detener las cirugías, de curar y creer que la inventiva también puede ser un sinónimo de la palabra maravilla.

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