Úrsula Pomares, pedagoga por vocación temprana
Úrsula es la primera docente de Trinidad en alcanzar el título de Doctora en Ciencias Pedagógicas.
Hay títulos que se ganan a fuerza de entrega y dedicación. El de educador ejemplar lo ostenta Úrsula Cristina Pomares Ortega. «He llevado la enseñanza a muchos, muchos lugares, con adultos incluso, pero esas clases que doy, las doy con el corazón. Yo disfruto mucho, mucho, mucho mi carrera. La obtuve por vocación».
Varias generaciones de trinitarios se formaron bajo la égida de quien no sabe despedirse definitivamente de las aulas. Apenas un breve espacio entre jubilación y retorno, aunque esa decisión se forjó en su etapa de principiante. Y es que desde la niñez la vocación por la pedagogía venció la preferida por su madre, la medicina.
En aquel entonces, el movimiento Guerrilleros por la Enseñanza, que se gestaba en la educación primaria, incentivó más en ella la afición por enseñar. «Algo lindo, aquello de ser maestro, de enseñar a los demás. Notamos cómo desde pequeñitos quisimos ser maestros. En quinto grado nosotros decidimos ser maestros».
Úrsula Cristina Pomares Ortega atesora en su currículum la responsabilidad de coordinadora de las cuatro primeras ediciones de las maestrías impartidas en Trinidad. Ese encargo la integró a la enseñanza superior. «Logramos llevar esas defensas hasta las comunidades. En aquel momento fue una experiencia muy bonita. Fuimos, defendimos en Manaca, logramos llevar a Manaca. Llegamos hasta San Pedro. Recuerdo ahí esas personas mayores ya que fueron a esas defensas que hicimos allí en la escuela de San Pedro y cómo nos agradecieron la comunidad».
46 años entre pizarras y pupitres avalan su distinción dentro del gremio de educadores. Es la primera docente de Trinidad en alcanzar el título de Doctora en Ciencias Pedagógicas. El grado científico resume su trayectoria en la enseñanza primaria y posteriormente en el Centro Universitario Julio Antonio Mella de la ciudad donde ejerce como subdirectora.
«Usted tiene que escuchar a los jóvenes, usted tiene que escuchar a los adultos, usted tiene que escuchar a los niños, escuchar y tratar también de aprender y de enseñar. Entonces su mente tiene que estar transformada siempre en transformación, sabiendo sus principios, sabiendo el lugar que le corresponde, sabiendo sus reglas de educación formal, pero adecuarse al momento en que estamos, al momento, al lugar, estar bien claro del momento que le toca. Y sobre todo, poner en función para todo, poner en función lo que usted aprendió como maestro. Y esa psicología del poder hablar con los demás, de ponerse en el lugar del otro, de ese respeto, de esa regla de oro de la vida. Eso siempre es importante y todos sus conocimientos, tanto pedagógicos como psicológicos, llevarlo en todo momento».
Sin embargo, que su hija y nieta abracen la misma profesión es la mayor recompensa a tanta entrega.
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