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Un Puñado de Camilos

Camilo Cienfuegos, el hombre del sombrero alón y la sonrisa franca, caminaba ligero entre la gente como si la distancia entre héroe y pueblo no existiera. Su figura alta y desgarbada se confundía con la multitud, pero su presencia irradiaba confianza y alegría. Era el guerrillero que hablaba con sencillez, el combatiente que nunca perdió la risa, el compañero inseparable en la Sierra y en la victoria. Su andar parecía viento, su voz parecía música, y su recuerdo se quedó flotando en la memoria de Cuba como un símbolo de lealtad y de entrega.

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