Un gordo para respetar
- Programa: Estampas
- Emisora: Radio Sancti Spíritus
- Fecha de emisión: 11 / 07 / 2026
- Duración: 10
- Sumario:
En esta nueva entrega de Estampas, el espacio que rescata del olvido a los personajes más pintorescos de nuestra geografía cubana, nos sentamos a la mesa —literalmente— con una figura que marcó a fuego la memoria popular de un pueblo entero. Hablamos de Félix, un hombre cuya descomunal humanidad lo convirtió en leyenda viva mucho antes de que su corazón, rendido ante la gula, dijera basta a los 45 años.
Nuestro relato comienza en la taberna del pueblo, donde la mirada de todos converge en la grotesca silueta de Félix, sentado sobre dos sillas porque una sola no es suficiente para contener sus 22 arrobas de peso (550 libras). A través de los ojos curiosos de Germán el barbero, Ricardo el sastre y la siempre atenta Teresa, seremos testigos de un apetito que desafía toda lógica: un cocido, pierna de carnero, pavo, jamón, y en su posterior «dieta», nada menos que docena y media de huevos fritos, media docena de plátanos y seis docenas de tordos.
Pero la fama de Félix no se queda en la mesa. Su apodo, «Revienta Caballos», nace de una anécdota tan hilarante como trágica: al intentar montar el mejor corcel de la región, su peso no solo doblega una mesa de caoba, sino que aplasta al animal hasta matarlo. De esa caída, Félix obtiene una quebradura inguinal que lo perseguirá de por vida… y una dieta que nunca logra adelgazar.
El humor costumbrista atraviesa cada escena, especialmente cuando el pobre sastre Ricardo debe enfrentarse a la titánica tarea de vestir a este gigante: 46 varas de terciopelo para un solo traje, 7 varas para un calzoncillo y unas calcetas donde cabe «cómodamente una cuartilla de trigo».
El desenlace, tan inevitable como conmovedor, nos lleva al taller del funerario Javier, quien debe construir un féretro de proporciones bíblicas: 30 pies de cedro, 36 varas de saya y 8 cuartas de ancho, cargado por los seis hombres más fuertes del pueblo. Félix se va de este mundo tan pesado como llegó, dejando tras de sí una estela de anécdotas que el pueblo aún reparte con una sonrisa nostálgica.
Una historia de excesos, de humor popular y de esa ternura con la que el cubano recuerda a sus grandes personajes. Esto es Estampas, un espejo donde la exageración y la memoria se dan la mano para contarnos quiénes fuimos.