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Un gesto que cambió la mirada de Enmanuel

Un gesto que cambió la mirada de Enmanuel La respuesta de la óptica privada D&A constituye un apoyo especialmente valioso para este niño de 12 años. Foto: Yosdany Morejón.

Hay momentos en que las palabras pierden importancia. Enmanuel Estrada Pascual, un niño de 12 años, encontró las suyas en un beso y un abrazo cuando recibió los espejuelos que necesitaba para mejorar su visión. Frente a él estaban quienes habían decidido asumir el costo de confeccionar los lentes. En ese encuentro, la emoción del pequeño convirtió una ayuda material en algo mucho más difícil de medir: la certeza de que son muchos los que se preocupan por él.

La escena conmovió especialmente a Danilka Águila Bernal, titular de la óptica privada D&A, quien todavía buscaba cómo explicar lo que había sentido al verlo colocarse los espejuelos. «El beso y el abrazo que me dio lo resumió todo», expresa.

Para ella, aquella reacción quedó como una experiencia imborrable, una de esas que recuerdan por qué la sensibilidad humana debe estar por encima de cualquier cálculo económico.

Enmanuel vive en el Hogar de Niñas, Niños y Adolescentes Sin Cuidado Parental de Sancti Spíritus, una institución donde las necesidades de cada menor requieren atención y acompañamiento. Su problema visual no se resolvía únicamente con buenas intenciones: hacía falta una corrección óptica ajustada a su prescripción y un recurso cuyo costo la institución, según explicó su directora, no podía asumir con facilidad.

La respuesta llegó desde un negocio del sector privado. Y, en las manos de un niño que esperaba mejorar su visión, el valor de aquella decisión dejó de ser una cifra para convertirse en alegría.

Enmanuel recibió los espejuelos que necesitaba para mejorar sus problemas visuales. Foto Yosdany Morejón.

UNA PRESCRIPCIÓN Y UNA RESPUESTA SOLIDARIA

La iniciativa comenzó con una llamada del Departamento de Atención a la Población del Gobierno Provincial. A partir de esa solicitud, Aliaski Martínez Hernández, titular de D&A, conoció el caso, examinó la prescripción óptica de Enmanuel y asumió junto a su equipo la confección de los espejuelos.

El menor presenta hipermetropía y astigmatismo en el ojo derecho, además de un estrabismo.

No se trata de molestias idénticas ni de un único defecto: la hipermetropía dificulta el enfoque de los objetos cercanos, mientras que el astigmatismo puede provocar visión borrosa tanto de cerca como de lejos. El estrabismo, por su parte, ocurre cuando los ojos no se orientan en la misma dirección.

Los especialistas explican que las gafas pueden ayudar a corregir determinados problemas visuales y, en algunos casos, mejorar la alineación ocular cuando esta se relaciona con la hipermetropía.

Por eso, la entrega de los lentes representa un paso concreto para atender la necesidad del niño, aunque no sustituye el seguimiento especializado que requiere su condición.

«Es algo muy bonito, muy satisfactorio porque sabemos que estamos contribuyendo a corregir su defecto visual», afirma Martínez Hernández. En sus palabras no hubo intención de presentar la ayuda como una hazaña, sino de reconocer la responsabilidad que también corresponde a quienes trabajan por cuenta propia y pueden contribuir, desde sus posibilidades, al bienestar colectivo.

MÁS ALLÁ DEL PRECIO DE UNOS ESPEJUELOS

La sensibilidad que hizo posible esta entrega tenía antecedentes en las intenciones de los propietarios del negocio. Danilka Águila Bernal contó que, desde que comenzaron su actividad comercial, ambos habían pensado en visitar el Hogar de Niñas, Niños y Adolescentes Sin Cuidado Parental. La solicitud institucional les permitió concretar aquel propósito y dar el primer paso con Enmanuel.

La titular recordó que, cuando les plantearon el caso, no se limitaron a buscar una fórmula para cubrir el costo del trabajo. Decidieron asumirlo y manifestaron su disposición a ayudar también a otros menores de la institución que lo necesitaran. «La sensibilidad humana es lo fundamental y es lo que no podemos perder nunca», sostiene.

Ese compromiso amplía el significado de la donación. No se trata solamente de entregar un producto que tiene un precio en el mercado, sino de reconocer que el acceso a una solución visual puede resultar difícil para una institución. En este caso, un negocio privado decidió poner su capacidad profesional al servicio de una necesidad social concreta, sin esperar una compensación económica por la prestación.

La diferencia también radica en la continuidad que sus propietarios se proponen dar al gesto. Aliaski explica que están dispuestos a valorar otros casos, siempre que los niños cuenten con las evaluaciones médicas necesarias y exista una prescripción que permita confeccionar los lentes adecuados.

Los espejuelos confeccionados por esta óptica privada mejorarán la hipermetropía y astigmatismo en el ojo derecho, además de un estrabismo que presenta Enmanuel.

LA GRATITUD DESDE EL HOGAR

Para Ania Medinilla Nápoles, directora del referido Hogar, la respuesta de los titulares de D&A constituye un apoyo especialmente valioso, porque permite atender una necesidad que el centro no podía resolver con sus propios recursos.

«Que un trabajador por cuenta propia nos ayude, nos colabore, tenga ese gesto tan solidario, tan humanista hacia nuestros niños, eso nos satisface, nos llena de orgullo», comenta.

La directiva agradeció la contribución y destacó que Enmanuel necesitaba los espejuelos para mejorar sus problemas visuales. Su testimonio aporta otra dimensión a la historia: detrás de cada necesidad atendida hay una institución que acompaña a los menores y busca alternativas para garantizarles mejores condiciones de vida.

En el Hogar, además, la instalación de cuatro paneles solares donados por el Gobierno del territorio y colocados por la Unidad Empresarial de Base Geysel Sancti Spíritus, ha favorecido actividades cotidianas como estudiar, disponer de iluminación y utilizar ventiladores, según explicó Medinilla Nápoles. Son apoyos diferentes, pero coinciden en un mismo propósito: mejorar las condiciones en que crecen los niños y adolescentes acogidos en el centro.

La entrega de los espejuelos a Enmanuel demuestra que la colaboración entre actores de distintos sectores puede traducirse en respuestas concretas cuando una necesidad encuentra sensibilidad y voluntad para atenderla.

Al final, queda la imagen de un niño que recibe sus lentes y responde con un beso y un abrazo. Para Danilka, ese instante lo resume todo. Para Enmanuel, significó contar con una herramienta para ver mejor. Y para quienes presenciaron el encuentro, dejó una lección sencilla: la responsabilidad social no se demuestra únicamente con palabras, sino con decisiones capaces de cambiar, para bien, la vida de otras personas.

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