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Sancti Spíritus: Una casa que aprendió a guardar el sol

Sancti Spíritus: Una casa que aprendió a guardar el sol En la vivienda de Rolando Jiménez Valdivia y su esposa Emma Darias Matienzo, la llegada de un módulo fotovoltaico de 1 200 watts transformó las rutinas. Foto: Yosdany Morejón

En la casa de Rolando Jiménez Valdivia el sol dejó de ser solamente una presencia habitual en el techo para convertirse, también, en electricidad.

La transformación puede parecer pequeña si se mira desde lejos: un panel fotovoltaico instalado sobre la placa y una estación de almacenamiento apoyada discretamente dentro de la vivienda. Sin embargo, para quienes viven allí —Rolando, su esposa e hija y hasta los seis perros que corretean por el patio— la diferencia se mide en detalles cotidianos: una lámpara que permanece encendida durante la noche, un ventilador que vuelve a girar cuando el calor aprieta, un televisor que prende cuando la electricidad del sistema nacional se ausenta.

No es una solución absoluta ni pretende serlo. Pero sí un alivio real en medio de la rutina de los apagones que hoy marca la vida de millones de cubanos.

Rolando tiene 62 años y durante buena parte de su vida laboral ha conducido vehículos vinculados al turismo y a la agencia Taxis Cuba en la provincia de Sancti Spíritus. Es chofer desde hace décadas, de esos trabajadores que pasan gran parte de su existencia entre carreteras, horarios exigentes y responsabilidades silenciosas que pocas veces ocupan titulares, pero que sostienen la vida diaria de un país.

Por esa trayectoria recibió una de las más altas condecoraciones laborales que se entregan en Cuba: la condición de Héroe del Trabajo de la República y cuando habla de ese reconocimiento lo hace sin exageraciones, con la serenidad de quien siente que simplemente cumplió con su deber: “Esta distinción me la dieron por los resultados del trabajo. Yo estuve 29 años siendo Vanguardia Nacional”, dice.

Cuando el sol entra al circuito

Rolando tiene 62 años y durante buena parte de su vida laboral ha conducido vehículos vinculados al turismo y a la agencia Taxis Cuba en la provincia de Sancti Spíritus. Foto: Yosdany Morejón

La medalla de Rolando llegó después de décadas de madrugadas, rutas y disciplina laboral, pero años más tarde otra noticia tocaría a la puerta de su casa: la posibilidad de recibir un módulo fotovoltaico destinado a Héroes del Trabajo, un gesto que busca reconocer a esos grandes seres humanos y, al mismo tiempo, contribuir con soluciones energéticas en los hogares.

De hecho, todavía recuerda cómo llegó aquella información: “La secretaria de la CTC nos llamó. Nos dijeron que había un módulo fotovoltaico para nosotros y que nos iban a avisar el día para ir a buscarlo”.

La noticia, sencilla como una llamada telefónica, terminaría transformando la vida misma de la casa.

Fue una gestión casi doméstica, como muchas de las cosas importantes que terminan cambiando la vida de las personas. Así llegó hasta Copextel y regresó a casa con la curiosidad de quien trae algo nuevo entre las manos.

“Saqué el módulo: el panel de 400 Watts y la estación de energía de 1 200. Lo traje para la casa y lo instalé yo mismo. Es muy fácil, viene con todo: los angulares, los tornillos, los cables, los conectores. No falta nada”.

Mientras recuerda el proceso, Rolando señala hacia el techo de la vivienda, donde el panel permanece inclinado hacia el cielo, como si estuviera atento al movimiento del sol a lo largo del día.

La instalación, asegura, fue más simple de lo que imaginaba. “Es conectar y ya. Los cables son largos. Los fijé en la placa y la estación queda abajo, sobre la meseta de la cocina. En pocas horas con el sol se carga al cien por ciento”, agrega.

Habla con ese entusiasmo sereno que tienen las personas cuando descubren algo útil para la vida diaria. No hay alardes tecnológicos en sus palabras; hay, más bien, una satisfacción tranquila por haber encontrado una herramienta que funciona.

El panel, silencioso sobre la placa, comienza entonces su trabajo cotidiano: capturar la energía del sol que abunda en esta tierra y guardarla para cuando más falta hace.

Un alivio contra los apagones

Especialistas del sector eléctrico han explicado que módulos domésticos de este tipo permiten sostener consumos básicos. Foto: Yosdany Morejón

Antes de la llegada del módulo, las noches de apagón en la casa de Rolando se parecían a las de muchos hogares cubanos.

La oscuridad llegaba sin avisar demasiado. Alguna lámpara recargable sobre la mesa. Paciencia.

“Antes no teníamos nada. Solo alguna lámpara recargable para alumbrarnos”, cuenta.

La diferencia ahora no está en una abundancia eléctrica imposible, sino en una tranquilidad nueva que se instala poco a poco en la rutina.

Durante el día el panel recoge la energía solar. Por la noche, si falta la corriente del sistema eléctrico, la estación entra en funcionamiento. “Por la noche lo conectas y puedes usarla en la casa. Las luces, los ventiladores, el televisor… hasta ver el noticiero. Eso sí, sin llevarlo muy recio”.

La advertencia no es casual. Rolando sabe que un equipo de estas características exige responsabilidad en el uso. Se trata de administrar bien la energía, de saber cuándo encender y cuándo esperar. Pero aun con esas precauciones, la diferencia es notable.

La voz de la casa

Rolando instaló él mismo el módulo solar que le asignaron. Foto: Yosdany Morejón

Si alguien percibe con claridad cuánto cambió la vida doméstica desde la llegada del módulo es Emma Darias Matienzo, esposa de Rolando. Ella vive la casa desde dentro, en el ritmo de las tareas diarias y por eso mide la diferencia en detalles que a veces pasan inadvertidos. “Antes de tenerlo me sentía muy estresada con esa oscuridad y no poder tener corriente”, explica.

Emma habla con la serenidad de quien compara dos momentos diferentes. “Ahora todo es muy distinto. Se puede lavar, poner el cargador de la bicicleta, hacer café en la cafetera eléctrica… todo cambia”.

“Estamos muy agradecidos de que se haya tenido en cuenta a los Héroes del Trabajo. Esto nos cambió la vida por completo. Ya estamos más relajados”.

Recuerda, incluso, el instante en que Rolando llegó con la noticia: “Fue tremenda alegría. Pensé que nos cambiaría la vida porque ya estábamos muy ansiosos con los problemas de la corriente”. Hace una pausa breve. “Imagínate la felicidad que tenemos”, concluye.

Un país que también mira al sol

En la casa de Rolando la vida a cambiado gracias a el módulo solar que le asignaron por su condición de Héroe del Trabajo de la República de Cuba. Foto: Yosdany Morejón

La expansión de sistemas fotovoltaicos forma parte de los esfuerzos que Cuba impulsa para diversificar su matriz energética y aprovechar mejor las fuentes renovables.

En un territorio donde la radiación solar acompaña buena parte del año, esa energía aparece como una alternativa complementaria que puede aportar respaldo en momentos críticos.

Especialistas del sector han explicado que módulos domésticos de este tipo permiten sostener consumos básicos: iluminación eficiente, ventiladores, televisores y la carga de dispositivos electrónicos.

No sustituyen completamente el suministro eléctrico tradicional, pero sí ofrecen una reserva útil para la vida diaria.

En la casa de Rolando esa reserva significa algo sencillo y profundo a la vez: atravesar un apagón con menos sobresalto.

El panel sobre la placa

Al caer la tarde el patio comienza a enfriarse lentamente. Los perros se acomodan cerca de la puerta. El panel permanece allí, inclinado hacia el cielo, recogiendo los últimos rayos de sol antes de que llegue la noche.

No hay ruido. Solo el sonido leve de la vida doméstica.

En unas horas, cuando la electricidad vuelva a faltar o cuando la oscuridad llegue como llega siempre, el equipo devolverá la luz que el sol dejó guardada durante el día.

Quizás entonces gire el ventilador, se encienda una lámpara y el televisor acompañe un rato la conversación de la familia lo suficiente para cambiar la manera en que se atraviesa la noche. Porque a veces el reconocimiento a toda una vida de trabajo no llega únicamente en forma de medalla; sino convertido en energía.

Y entonces, en una casa cualquiera de Sancti Spíritus, la gratitud también ilumina.

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