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Sancti Spíritus: Compromiso médico frente al chikungunya

Sancti Spíritus: Compromiso médico frente al chikungunya

“Esto es un virus maldito”, dice Marta*, de 56 años, ama de casa, mientras intenta cerrar la mano derecha. No puede. El gesto simple —apretar, soltar— se le vuelve una tarea lenta, punzante. “La fiebre se me quitó hace dos meses, pero el dolor se quedó conmigo”.

Ella recuerda con precisión el inicio: fiebre alta, cansancio extremo, dolores articulares que la obligaron a guardar cama. Pasó la fase aguda del chikungunya como miles de cubanos. Lo que no esperaba era esta otra etapa, más silenciosa y persistente, que no siempre aparece en los partes epidemiológicos: la del dolor crónico.

Como ella, decenas de pacientes llegan cada semana al Servicio Provincial de Reumatología del Hospital General Provincial Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus, remitidos desde la atención primaria de salud. Llegan con diagnósticos diversos —artralgias, artritis, rigidez matinal, neuropatías— y con una pregunta común: ¿esto se me va a quitar?

CUANDO EL VIRUS DEJA HUELLAS

El chikungunya es una arbovirosis transmitida por mosquitos del género Aedes. Tiene una fase aguda, generalmente de unos diez días, caracterizada por fiebre elevada y dolor articular intenso. Pero en un porciento de pacientes —variable según estudios internacionales— las manifestaciones musculoesqueléticas persisten semanas, meses o, incluso, se hacen crónicas.

“Se habla hoy de un poschikungunya —explica Lianet Oria Pérez, especialista de primer grado en Reumatología—. Después de los primeros 21 días, algunos pacientes entran en una fase crónica con artritis, artralgias persistentes y, en un grupo más pequeño, con enfermedades inflamatorias que pueden cumplir criterios de artritis reumatoide”.

En Sancti Spíritus, la mayoría de los pacientes que llegan a consulta presentan algún tipo de secuela articular. No todos evolucionan igual. Influyen la edad, el sexo, las enfermedades crónicas previas y, sobre todo, el sistema inmunológico de cada persona.

UNA CONSULTA LLENA DE HISTORIAS

El pasillo del Área 4 del hospital provincial se llena desde temprano. Bastones improvisados, manos vendadas, pasos lentos. Rogelio**, 48 años, chofer, cuenta que dejó de trabajar durante semanas. “No podía ni agarrar el timón. Me sentía inútil”.

Él fue atendido primero en su consultorio médico. Analgésicos, reposo, paciencia. Pero el dolor no cedía. La remisión a Reumatología marcó un punto de giro. “A los dos días de empezar bien el tratamiento ya podía caminar mejor. No es que estés curado, pero vuelves a sentir que puedes valerte por ti mismo”.

Esa experiencia se repite. “Muchos pacientes llegan sin poder caminar, sin poder vestirse solos”, explica Carlos Alberto Rodríguez Amador, reumatólogo del Camilo Cienfuegos. “Cuando realizan correctamente el tratamiento, en 48 horas ya se nota una mejoría clínica importante”.

TRATAR PARA PREVENIR

El doctor Rodríguez Amador insiste en un punto clave: no suspender los tratamientos antes de tiempo. “Si se interrumpe antes de los tres meses, existe alto riesgo de recaída y de desarrollar una artropatía crónica que puede acompañar al paciente el resto de su vida”.

La consulta de Reumatología funciona de lunes a viernes. Cada día hay un especialista atendiendo. El servicio cuenta con seis especialistas, todos radicados en el hospital provincial. Allí se evalúan pacientes con manifestaciones monoarticulares, oligoarticulares o poliarticulares; también aquellos con neuropatías periféricas asociadas al chikungunya.

“No es una enfermedad sencilla —Reconoce Rodríguez—. Está golpeando a un gran porciento de la población. Muchas de nuestras consultas hoy están relacionadas con artritis poschikungunya”.

UN DOLOR QUE PERSISTE

En la experiencia clínica de Lianet Oria Pérez hay un patrón que se repite. “He visto fundamentalmente mujeres entre los 50 y 60 años, casi todas con manifestaciones articulares”.

Estos síntomas son corroborados por Yolanda***, 60 años, maestra de profesión. “Yo pensé que era cosa de la edad —cuenta—. Pero un dolor así no es normal. No dormía, no podía levantarme de la cama”.

El tratamiento no es único ni estándar. Incluye medidas generales, analgésicos, antiinflamatorios y esteroides, siempre ajustados a las comorbilidades. “Un diabético o un hipertenso descompensado no se maneja igual”, aclara la especialista.

SIN PROTOCOLO, PERO CON RESPONSABILIDAD

Aún no existe en Cuba un protocolo nacional definitivo para el manejo del poschikungunya. Está en proceso de elaboración por la especialidad a nivel de país. Mientras tanto, el trabajo clínico se sostiene en la experiencia acumulada, la evaluación individual y la interconsulta.

“Aquí damos una atención integral”, señala Oria Pérez. “No todo es artritis. Hay pacientes con otras complicaciones y se remiten a las especialidades correspondientes”.

Ese enfoque integral marca la diferencia para pacientes como Luis Ángel****, 34 años, mecánico. “No me trataron solo las manos. Me miraron completo”.

APRENDER CON LOS PACIENTES

Con apenas 31 años, Lianet Oria Pérez es una de las reumatólogas más jóvenes. Se graduó como especialista hace pocos meses, pero ya enfrenta grandes desafíos.

“Es un servicio que exige mucha preparación”, confiesa. “Ningún paciente es igual a otro. Muchos tienen varias enfermedades a la vez y hay que balancear tratamientos que pueden ser beneficiosos para una cosa y perjudiciales para otra”.

Su experiencia previa resulta clave. “Ver al paciente de forma global te da otra mirada”.

CUANDO EL MÉDICO TAMBIÉN SIENTE

No todo es ciencia pura. Hay emociones. “Es reconfortante devolverle independencia a alguien que no podía valerse por sí mismo —dice Oria Pérez—, personas jóvenes, en edad laboral, con hijos pequeños, que vuelven a trabajar”.

Para ella, la palabra clave es empatía. “Ponerte en el lugar del paciente, entender su dolor, tranquilizarlo. Son enfermedades muy limitantes”.

En esa misma línea de pensamiento, el doctor Rodríguez afirma que los agradecimientos llegan rápido. “Están contentos —dice—. En horas notan el cambio y te lo dicen”.

Marta, la mujer que no podía cerrar la mano, hoy ya puede hacerlo. No del todo. Pero suficiente. “Yo sé que esto no se va de un día para otro. Pero al menos ya no me siento sola con el dolor”.

UN SERVICIO QUE RESPONDE

El Servicio Provincial de Reumatología de Sancti Spíritus se ha convertido en un espacio clave para quienes aún cargan con las secuelas del chikungunya. Allí llegan pacientes cuando la fiebre quedó atrás, pero el dolor persiste; cuando la enfermedad dejó de ser noticia y pasó a ser rutina corporal. La respuesta médica no ha sido apresurar conclusiones, sino acompañar procesos, explicar con claridad, ajustar tratamientos y sostener la recuperación posible.

Más que combatir un virus —que ya no está—, el reto consiste en impedir que sus huellas se vuelvan permanentes. Cada consulta busca devolver movilidad, reducir la dependencia y preservar la autonomía de personas que vieron limitada su vida cotidiana de un día para otro.

Aquí no se habla de soluciones definitivas ni de curas instantáneas. Se habla de seguimiento, de responsabilidad clínica y de trato humano. Y para quienes han convivido durante meses con un dolor que inmoviliza y desgasta, saber que hay un servicio que responde y escucha ya marca una diferencia tangible.

 

*,**,***,****: Los nombres de los pacientes fueron cambiados para proteger su identidad

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Salud

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