Reportes de los sismos en Venezuela para el mundo en voz espirituana
Desde el Parque del Este, Caracas, donde se han ubicado campamentos temporales, Gladys Marlenys Quesada Cruz ha narrado historias estremecedoras. Foto: Cortesía de la entrevistada.
«Lo más duro ha sido poner la mirada donde está tanto dolor y enfrentar una cámara, caminar por las zonas del desastre y después de eso pensar con rapidez y con muchísima objetividad qué quiero hacer, qué quiero hacer». Desde la República Bolivariana de Venezuela, la espirituana Gladys Marlenys Quesada Cruz se ha convertido en parte de los ojos y voz al contar mediante Extra News a gran parte del resto del mundo las muchas realidades que se viven allí después del 24 de junio.
«Nunca pensé vivir esto, no es que hubiese querido vivirlo, pero toda experiencia es válida. Y toda experiencia es enriquecedora, incluso las más terribles».
Sintió la fuerza y el dolor cuando las entrañas de la tierra de Bolívar se estremecieron. Y aunque cada amanecer punza más que el pasado, se crece.
«Yo vivo en un piso 16. ¿Cómo mi casa quedó intacta? Yo todavía no lo sé. Entonces cuando yo lo pienso y digo, bueno, yo estoy viva, estoy bien. Yo misma me hago el compromiso de no llorar delante de las personas que sé que lo perdieron todo y que sé que ahora mismo no tienen un futuro cierto. Eso es lo primero. Segundo, bueno, la ética periodística que yo adquirí o he aprendido con el oficio, pero que también he visto a varios profesionales cumplir a cabalidad».
Sin embargo, la vida es mucho más rica. Quien espigó entre Fomento y Sancti Spíritus ha aprendido que hay emociones que no caben en ninguna producción mediática.
«Hay una niña de cuatro años y medio atendida por médicos cubanos y fisioterapeutas cubanos en Fuerte Tiuna y el día del terremoto su casa quedó afectadísima y entonces estaba en un campamento temporal en Parque del Este. Y esa niña, que no puede caminar bien, habla mucho. Y cuando yo estaba entrevistando a su familia, preguntándoles, ella me dice, me dice: «tía, tía, yo caminé, caminé, caminé y pum». Y la madre me cuenta que es que la niña, en el susto del temblor, rompió caminar, una cosa que no habían logrado ni los fisioterapeutas, ni los médicos, ni los padres. Y como ella me lo cuenta y me cuenta que se cae de frente y que se golpeó la carita, yo rompí a llorar porque ella tenía días aguantando el llanto, ella tenía días de haber vivido este momento horroroso del 24 de junio».
Fecha que ya forma parte del calendario personal de Gladys Marlens Quesada, los terremotos la sorprendieron en plena calle caraqueña. «Yo iba enfocada en el podcast que estaba escuchando. Resulta que un señor empieza a gesticularme delante. Yo salgo de debajo de los edificios que se cayeron trozos de la fachada y un muchacho, él prácticamente que me abraza y nos arrastra hasta el centro de la avenida. Es una avenida muy grande que está dividida por un separador de concreto y reja. Entonces de esa reja nos sostuvimos todos los que estábamos allí. Hay un momento en el que yo logro pasar al otro lado, ni siquiera me acuerdo cómo, sinceramente. Había de todo. Y cuando por fin pasaron esos famosos 49, 50 segundos, que yo digo que fueron más, en esos segundos yo iba sola por la calle, en un país en el que no estoy del todo sola, pero estoy sin mi familia de sangre.
«En esas cuatro cuadras que caminé después del terremoto, yo me di cuenta que yo siempre voy a ser la niña de mi mamá. Yo amo a mi mamá entrañablemente, amo a mi familia. Lo único que pensé fue que yo necesito siempre volver a Cuba y volver sana a Cuba. Porque además, este año, y yo le pedí disculpas a mi mamá, la he expuesto a todas las preocupaciones habidas y por haber, a todo el pánico. El 3 de enero yo estaba aquí, estuve en pleno bombardeo y ahora al terremoto».
También fueron esos sostenes los primeros que le saltaron a la mente y el corazón cuando a pocas horas de que montañas de escombros ahogaran un fragmento de Venezuela, tropezara de frente con un reporte en Facebook que aseguraba que la espirituana Gladys Marlenys Quesada Cruz sumaba la lista de cubanos desaparecidos.
«Primero afecta a mi familia, me afecta mucho a mí y entorpece mi labor porque la gente va a ir a buscarme por un tema novelesco. Yo nunca tuve problemas de incomunicación. Las autoridades cubanas aquí enseguida se pusieron en contacto, no solamente conmigo sino con otros compañeros que laboran en este sector para saber cómo estábamos porque saben que vamos a las zonas de riesgo, saben que estamos expuestos y me dolió mucho que alguien tomara ese momento tan triste para Venezuela para hacer un show. Yo soy la primera que no publicito mi vida. Y no lo hago porque yo no soy el show, yo no soy la noticia».
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