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Raquel Salabarría, ejemplo desde el aula

Raquel Salabarría, ejemplo desde el aula Con cinco décadas en el magisterio, la espirituana Raquel Salabarría Gutiérrez es ejemplo de cuánto se logra cuando la profesión se lleva en el corazón

Raquel Salabarría Gutiérrez, con apenas 16 años, ya pertenecía a las Brigadas Juveniles Campesinas, donde le asignaron 38 alumnos para alfabetizar en la escuela rural Oscar Lucero Moya, ubicada en Río Abajo, a 10 kilómetros de la comunidad de Pojabo, en el municipio de Sancti Spíritus.

Hoy rememora cómo fueron aquellos tiempos donde las relaciones interpersonales eran más ocurrentes y cercanas.

“Comencé 16 años. Vivía en un campo donde no había maestros, no había escuelas, muy lejano de todo, y se me hizo un llamado para incorporarme a dar clases a aquellos niños que fueron de mi juventud, pero fueron alumnos míos también.

La escuelita de guano, malita, pero qué feliz nos sentíamos allí. Por lo menos teníamos el busto de Martí y el asta de la bandera.

Era un grupo de jóvenes, todos generalmente de 16, 17 años. Y cuando terminábamos a las 4 de la tarde, hacíamos una muchachada, jugar un ratico pelota, o echar pareas a caballo, o montarnos en unos zancos que nos habían llevado”.

Con 51 años en esta sacrificada labor, Raquel se regocija de sus logros y recuerdos.  “Lo más lindo que yo he tenido como maestra es la satisfacción de que cada vez que me he enfrentado a un grupo, todos los niños han aprendido, por difícil que sea, por problemas que tengan, y la relación que he tenido con los padres”.

“Un alumno que tenía problemas de conducta, siempre andaba detrás de mí. Yo me iba para la casa a las 4 y 20 y él se iba conmigo.

Cuando estaba ahí en su casa, él se robaba la bicicleta y el padre le daba. Y un buen día se robó una bicicleta y vino el jefe sector y trajo a su papá. Y su papá, sin averiguarlo, lo más práctico que encontró fue darle leña. Y se sacó un cinto que traía y yo me metí en el medio y me dieron dos cintazos. Pero el muchachito, cuando aquello terminó, me abrazó y me dijo, tú eres mi madre”.

Esta sobresaliente maestra espirituana siente un gran orgullo hacia su único hijo, quien ha criado con el mismo amor y dedicación. Creo que le dio una formación preciosa. Estudió, se graduó, se licenció, se hizo máster, hizo un doctorado. Tiene una buena conducta ante la sociedad. Todo el mundo lo quiere mucho, todo el mundo lo celebra. La forma de mi hijo me ha dado como un regocijo de que si fui buena madre”.

Con más de cinco décadas en el magisterio, la espirituana Raquel Salabarría Gutiérrez es ejemplo de cuánto se logra cuando la profesión se lleva en el corazón.

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