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Para dar amor a la Radio Cubana trabajó Martha Viciedo

Para dar amor a la Radio Cubana trabajó Martha Viciedo

Martha de los Ángeles Viciedo Concepción fue una mujer humilde y sencilla del pueblo, que nació con un corazón roto, pulmones asmáticos y los días contados.

Hija de un matrimonio pobre y nacida en el Sancti Spíritus de 1959, parecía no tener esperanzas más allá de los siete años.

Su padre, Waldo Indalecio, guajiro que trabajaba desde los ocho años, partió a El Cobre sin más pasaporte que su fe y su niña en brazos, llevando la promesa y el ruego atragantados en el pecho.

Y con aquella voluntad que solo los pobres conocen, se fue a La Habana, al entonces hospital “Pedro Borrás Astorga”, donde lo recibió un médico que, bajo la bata blanca, llevaba el uniforme verde olivo.

Y cuando la vida de Martha superó la barrera de los siete años, supo Waldo Indalecio que la niña viviría: y la niña vivió. Una vida fecunda de sueños bombeados por su roto corazón.

En 1982 entró a trabajar a la Radio y solo se fue cuando la edad de jubilación dictó sentencia.

La Radio Provincial de Sancti Spíritus fue la otra parte de su casa. La palabra al aire, el instante fugitivo y el don de escribir las palabras precisas para las voces correctas, fueron la dote que la vida confió a aquel corazón quebrado que ya no solo quería vivir: sino que había decidido dar vida y amor.

Martha amó el arte radial con la pasión del artista. En su Autobiografía expresó: “Todos los programas que he tenido los siento como hijos, nacen del fuego de la pasión, de la necesidad de expresión que llevo dentro”.

A lo largo de su vida escribió compulsivamente guiones radiales para niños, jóvenes y adultos y los golpes de las teclas de su máquina de escribir acunaron el sueño del único hijo de carne y hueso traído al mundo con la fuerza de su roto corazón.

Para dar amor a la Radio Cubana y al arte radial espirituano trabajó Martha Viciedo. Cada obra suya, desde la más humilde hasta las que obtuvieron premios y distinciones de renombre, fue para eso.

Por dar amor a la Radio Cubana formó a decenas de locutores que debían revelar con la voz el alma de la palabra escrita por ella. El cultivo de ese arte fue su Fe de Vida.

A su pluma se debe una historia testimonial de la radio en la ciudad del Yayabo publicada por Ediciones Luminaria: Radio Sancti Spíritus, los protagonistas cuentan.

Martha Viciedo hizo radio desde la cabina de trasmisión de la Emisora Provincial y también desde las casas de cultura de los municipios, desde escuelas y desde su propia casa.

Sin embargo, fue la Casa de la Trova de la ciudad de Sancti Spíritus, el lugar escogido para dar vida y pasión a una de sus más amadas creaciones: Serenata. “Poema hecho canción” que cobró vida en la voz de Pedro Martinez Arcos, Katia García Álvarez y Leidys Figueredo Ginarte.

Hecho para salvar el patrimonio intangible de la canción espirituana fue también el refugio para el sentimiento de espirituanidad, donde quiera que esté se encontrara.

Su voz no salía al aire, pero las palabras lanzadas al éter nacían de aquel corazón roto que desafiaba profecías nefastas.

La Cultura de un pueblo premia a sus cultores. La obra radial de Martha Viciedo recibió decenas de premios provinciales, así como los sellos por el 90 y por el 95 Aniversario de la Radio Cubana, otorgados en 2012 y 2017, respectivamente. En 2019 se le otorgó el Micrófono de la Radio Cubana y la medalla Raúl Gómez García. En el año 2025 le fue conferida la Distinción de Artista de Mérito de la Radio Cubana.

El 10 de abril del año 2026 el corazón roto dejó de latir. Una calcificación de las válvulas aórtica y mitral diagnosticada tardíamente bloqueó a aquel corazón que había latido más allá de lo creíble. Bloqueado en su cavidad, el corazón roto se negó a morir y no se rindió: se desangró y solo entonces dejó de latir.

El aire esparcirá la palabra lanzada al éter, pasará el fugitivo instante de la escucha: pero ese es el arte radial y el arte es el don del artista y Martha Viciedo vivirá allí: en donde reina el arte para el que vivió desde lo más hondo de su noble corazón.

(Palabras de Yuri Fernández Viciedo, hijo de la radialista Martha Viciedo, en la ceremonia de despedida de quien fuera directora de programas y guionista de la emisora provincial espirituana)

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