Pablo Adel Pentón: El verdadero valor de una empresa está en su gente
En marzo del año 2000, Pablo Adel Pentón Martínez comenzó un camino que marcaría su vida laboral y la historia de la Unidad Empresarial de Base DIVEP Sancti Spíritus. Hoy, tras 26 años de entrega, se ha convertido en un referente de la gestión de capital humano, un hombre convencido de que el verdadero motor de cualquier organización no son las piezas ni los equipos, sino los trabajadores que día a día sostienen la actividad.
“Yo siempre he dicho que el recurso más importante de una empresa, de una institución, es el ser humano”, afirma con la serenidad de quien ha vivido y defendido esa idea durante más de dos décadas.
Su llegada a DIVEP estuvo marcada por grandes retos. Había que transformar mentalidades, modernizar procesos y lograr que los trabajadores se sintieran parte activa de los resultados. “Lo más que a mí me ha marcado es que he tratado de dar siempre lo mejor de mí para la organización, para que mis trabajadores se sientan a gusto”, recuerda.
En sus primeros años, enfrentó la modernización tecnológica y aprendió a trabajar frente a una computadora, un cambio que simbolizaba la nueva etapa de la empresa. “Llegué aquí a DIVEP y me pusieron delante de una computadora. Y tuve que sentarme y aprender en computación. Son recuerdos iniciales que guardo con mucho agrado”, dice con una sonrisa.
Su carisma y cercanía lo convirtieron en un líder querido y respetado. “Mi relación con los trabajadores ha ayudado mucho. Ellos me respetan porque saben que sé tratar con la gente”, asegura. Esa combinación de disciplina y empatía ha sido clave para que el área de capital humano se convierta en un pilar dentro de la organización.
Pero Pablo no es solo jefe de capital humano. Su vida personal también está profundamente ligada a esta vocación. “Somos una familia de capital humano. Mi esposa trabaja en el Ministerio de Trabajo y mi hermano toda la vida ha estado vinculado a la actividad. Por eso creo que estoy tan enamorado de esta labor”, comparte con orgullo.
Hoy, mientras piensa en el futuro y en la jubilación que se acerca, reflexiona sobre el legado que dejará. “Quisiera que me recordaran por lo que hice por ellos. Que todo lo que he hecho, lo he hecho por el trabajo”, confiesa con emoción.
A las nuevas generaciones de profesionales de recursos humanos les deja un consejo sencillo pero profundo: “Que les guste la actividad. Porque cualquier cosa que usted desempeñe, si no lo hace con el deseo de realizarla y que de verdad le guste, nunca va a tener éxito”.
La historia de Pablo Adel Pentón Martínez es la historia de un profesional que ha sabido equilibrar la disciplina con la sensibilidad, y que ha demostrado que detrás de cada procedimiento, cada nómina y cada resultado, lo que realmente importa es la dignidad y la satisfacción de las personas.
Cuando Pablo se jubile, quedará en DIVEP no solo el recuerdo de un jefe de capital humano, sino la huella de un compañero sensible, humano y apasionado, que enseñó con su ejemplo que el verdadero valor de una empresa está en su gente.
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