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¿Oficios en peligro de extinción?

¿Oficios en peligro de extinción?

En la Cuba contemporánea, marcada por la modernización tecnológica y los cambios en los hábitos de consumo, varios oficios tradicionales que durante décadas fueron parte esencial de la vida cotidiana enfrentan el riesgo de desaparecer.

Estos trabajos, transmitidos de generación en generación, no solo garantizaban servicios indispensables, sino que también forman parte del patrimonio cultural de la nación. Hoy, la falta de relevo y las nuevas dinámicas sociales amenazan su continuidad.Radio Sancti Spíritus recuerda a cinco de estas singulares labores.

  1. El zapatero remendón:Con herramientas sencillas y gran destreza, estos trabajadores devolvían la vida a zapatos gastados, con lo cual prolongaban su uso en tiempos de escasez. Sin embargo, la proliferación de calzado barato y desechable ha reducido la demanda de sus servicios. Muchos talleres han cerrado y los pocos que permanecen abiertos luchan por mantenerse.
  2. El barbero de esquina: El barbero de esquina, con su silla giratoria y su espejo colgado en la pared, fue durante décadas un espacio de encuentro comunitario. Allí no solo se cortaba el cabello, también se conversaba de béisbol, política y vida cotidiana. En la actualidad, las peluquerías modernas y los servicios privados han desplazado a estos pequeños locales.
  3. El herrero artesanal: El herrero, capaz de forjar rejas, portones y utensilios, fue un oficio vital en la construcción y seguridad de viviendas. Su trabajo requería fuerza, paciencia y conocimiento de técnicas transmitidas oralmente. La industrialización y la llegada de materiales prefabricados han reducido esta necesidad. Aunque algunos siguen laborando, cada vez son menos los que se dedican al oficio.
  4. El talabartero: Especialista en trabajar el cuero para fabricar cinturones, carteras, monturas y otros artículos, el talabartero fue durante mucho tiempo un referente de calidad y durabilidad. Por estos días, la importación de productos sintéticos y la disminución del uso de caballos en la vida cotidiana han reducido la demanda de sus servicios. Los talleres de talabartería, que antaño eran comunes en pueblos y ciudades, hoy sobreviven apenas como curiosidad.
  5. El pregonero: Con su voz potente y su ingenio, este personaje recorría las calles anunciando la venta de frutas, dulces o servicios. Sus pregones eran parte del paisaje sonoro de las ciudades cubanas y muchos se convirtieron en expresiones culturales recogidas en la música y la literatura. Sin embargo, la regulación del comercio ambulante y la aparición de mercados organizados han reducido su presencia.

La desaparición de estos oficios no solo implica la pérdida de servicios prácticos, sino también de un patrimonio cultural intangible que define la identidad cubana. Preservarlos, aunque sea en forma de talleres culturales, escuelas de oficios o proyectos comunitarios, es una manera de mantener viva la memoria de un país que se construyó sobre la base del trabajo manual y la solidaridad.

Fuentes: Cubahora, Alma Mater, Somos Jóvenes

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