Milagros Crespo: entre saques y remates
Foto de Archivo
Entre el voleibol de sala y la arena se movió la carrera deportiva de la cabaiguanense Milagros Crespo, a la postre entre las grandes del Olimpo, luego de incursionar en diferentes citas internacionales en las que se codeó con lo más valioso del deporte de la malla alta.
De su vida dentro del mundo del voleibol, y su intervención olímpica refiere esta cabaiguanense de pura cepa: “Empecé en la EIDE Lino Salabarría Pupo, en el voleibol de sala, gracias a Hilda Harris, cuando tenía 15 años; un día un profesor, Leonardo Rojas, me dijo de que si quería jugar en la playa. En sí, éramos dos niñas, Belkis Palacio y yo, no queríamos jugar voleibol de playa porque llevábamos ya años jugando sala, con muy buenos resultados, pero como éramos tan pequeñas, medíamos 1.74 las dos, no queríamos irnos de ese medio, pero nada, empezamos a jugar voleibol de playa».
¿Y qué te motivó a ti junto a Belkis a incursionar en el voleibol de playa, una modalidad donde tuvieron también excelentes resultados, o quizás los mayores resultados dentro de tu vida deportiva?
“Fuimos a La Habana unas cuantas veces para jugar en circuitos nacionales, y también tuvimos muy buenos resultados, cogimos oro, plata, y entonces llegamos en el 2000 al equipo nacional, a raíz de eso fuimos a circuitos en España, que fueron los que nos formaron a nosotras dos para participar en los circuitos mundiales”.
Pero antes de integrar esa dupla también formaste pareja con otras jugadoras consagradas por entonces en Cuba.
“Sí, empecé a jugar con Tamara Larrea. En el 2003 me cambian de pareja, juego con Imara Estévez; en ese año entro entre las 32 mejores parejas del mundo, quedando en el 2004 fuera del ranking mundial para los Juegos Olímpicos, al terminar en el 25 para Atenas 2004.
“Después, en el 2005, empiezo otra vez las series mundiales, con muy buenos resultados, quedando en el 7, 9, 13, y entonces en el 2008 participo en mis primeros Juegos Olímpicos en Beijing. Al principio empecé muy tensa porque fueron los primeros Juegos Olímpicos en los que participaba, pero me sentí muy orgullosa porque estaba cumpliendo con mi deber, con mis sueños, al quedar en el noveno lugar».
Y abunda Crespo: “Después, en el 2009, me cambian de pareja, juego y formo dupla con Ion Canet. Voy a México, a un circuito NORCECA; allí obtuve dos oros y una plata. De las tres recogí muchas cosas buenas.
“Primero jugué en los circuitos de España, que fueron dos años, en el 2000 y en el 2001, después jugué con Arianna Muñoz, más tarde con Jocelyn Roque. Un año después, en el 2002 con Tamara Larrea, una experimentada jugadora, la mejor de Cuba. De todas ellas recogí mucha experiencia.
“Estuve cuatro años con Imara Estévez, con la que tuve más química, nos conocíamos más. Participamos en unos Juegos Olímpicos, que era el sueño de las dos, pero de las cuatro obtuve muchas cosas buenas porque uno aprende de las otras personas que están allá a tu lado”.
Sin embargo, cuando estabas en el voleibol de playa, tomaste la decisión de alejarte por completo de la arena, regresar al voli de sala; después integras la selección nacional y comienzas a trabajar en la EIDE Lino Salabarría…
“De allí para acá pasaron algunas cosas que no lo hice porque quise, pero bueno, pedí mi baja y me ubiqué en el voleibol de sala, como líbero. Entré en la selección dentro de las 19, pero entonces decidí ya no jugar más, pedí mi baja y vine para Sancti Spíritus y me incorporé a la EIDE, a trabajar con las nuevas generaciones de playa. Esa es mi vida”.
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