Los magos del ingenio

Los magos del ingenio En cada escenario del ingenio, los soldadores se hacen presentes. Fotos: Oscar Alfonso Sosa.

Nadie los conoce tanto como los hierros portentosos y añejos que inundan cada rincón del central azucarero Melanio Hernández.

Nada como esos hierros para saber cuán imprescindibles son, si de sumarle vida a la maquinaria del ingenio se trata.

Y es que ellos, los soldadores, se yerguen como los salvadores, que no miran restricciones, limitaciones y ponen empeño e inteligencia para que el central pueda en la última decena de diciembre comenzar a moler caña y hacer azúcar.

Ni los más potentes hierros vencen la voluntad del soldador.

Vale la distinción del ingenio de Tuinucú, donde muchachos muy jóvenes tienen en sus manos antorchas, varillas, haciendo los milagros que la industria necesita. Es un relevo, palpable, bajo la pupila de experimentados soldadores, que los moldea y hace de ellos hombres vitales.

Los soldadores devienen salvadores de una industria vital.

Los experimentados comparten conocimientos y sabiduría.

Jóvenes soldadores imponen su valía.

A fuego y varilla, los soldadores moldean al más empecinado hierro del ingenio.

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