La tiranía de las expectativas ajenas
En la sociedad cubana, marcada por valores colectivos, tradiciones familiares y una fuerte vocación comunitaria, es común que las personas crezcan bajo el influjo de expectativas ajenas. Padres, maestros, vecinos y compañeros de trabajo suelen proyectar sus anhelos sobre los más jóvenes, con la intención de guiarlos hacia lo que consideran un futuro seguro, digno o exitoso. No obstante, cuando esas expectativas se convierten en cargas, pueden desviar a los individuos de sus verdaderos deseos y vocaciones.
Este fenómeno, estudiado por psicólogos sociales y educadores, se manifiesta en múltiples ámbitos: desde la elección de una carrera universitaria hasta la forma de vivir la vida afectiva o profesional. Muchos jóvenes, por ejemplo, optan por estudiar medicina, ingeniería o derecho no por vocación, sino por complacer a sus familias o responder a lo que se espera de ellos. Otros se ven presionados a formar una familia, emigrar o asumir responsabilidades que no han elegido libremente.
Cargar con sueños ajenos puede generar frustración, ansiedad y una sensación de vacío. La persona se esfuerza por cumplir metas que no le pertenecen, mientras sus verdaderos intereses quedan relegados. Con el tiempo, esto puede afectar la autoestima y dificultar el desarrollo de una identidad auténtica.
Reconocer esta dinámica es el primer paso para liberarse de ella. Implica preguntarse: ¿Estoy viviendo la vida que deseo o la que otros han trazado para mí? ¿Mis metas reflejan mis valores y pasiones, o responden a mandatos externos? Estas preguntas, aunque incómodas, permiten iniciar un proceso de introspección necesario para reconectar con los propios sueños.
Dejar de cargar con expectativas ajenas no significa rechazar el consejo o el amor de quienes nos rodean. Al contrario, se trata de integrar esas voces en un diálogo interno más amplio, donde la decisión final la tome cada persona desde su libertad y responsabilidad. En este sentido, es fundamental fomentar espacios de escucha, reflexión y acompañamiento, tanto en el hogar como en las instituciones educativas y laborales.
En Cuba, donde el proyecto social apuesta por el desarrollo pleno del ser humano, es vital que cada ciudadano pueda construir su camino sin sentirse atado a modelos impuestos. La diversidad de talentos, intereses y formas de vida enriquece la nación y fortalece el tejido social. Por ello, promover el respeto a la individualidad y el derecho a soñar en voz propia es también una tarea colectiva.
Como señala un proverbio africano: “Hasta que el león aprenda a contar su historia, el cazador será el héroe”. Es hora de que cada cubano, especialmente los jóvenes, se conviertan en narradores de su propia vida, eligiendo con conciencia qué sueños perseguir y qué cargas soltar. Solo así se construye una existencia plena, en armonía con uno mismo y con la sociedad.
Fuentes: Revista Alma Mater, Juventud Rebelde, Somos Jóvenes
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