La terquedad de volver a las aulas en Cuba
Cerca de un millón 700 mil estudiantes de todas las enseñanzas vuelven este martes a las aulas en Cuba, en medio de una dura situación nacional agravada por el bloqueo y las medidas de asfixia impuestas desde Estados Unidos.
No se trata de un simple número. Detrás de cada alumno que regresa a clases hay una familia que ha tenido que ajustar rutinas y recursos. Frente a cada aula que abre sus puertas, hay docentes que también viven apagones y carencias disímiles, pero maniobran para llegar a tiempo a su cita con el pizarrón.
Flexibilidad, reorganización de procesos, ajuste a las condiciones concretas de cada comunidad, empatía, solidaridad. Estas, entre otras estrategias, resultan clave para lograr un curso escolar 2026-2027 que, según la ministra de Educación, Naima Ariatne Trujillo Barreto, no solo tenga mayor presencialidad, sino que sea sostenible hasta su culminación.
Va a ser todo un reto, aseguró Daynelys Castro, maestra de la Escuela Primaria Mariana Grajales, del municipio capitalino de Diez de Octubre, con 20 años acumulados de experiencia docente.
“Espero que mis padres entiendan que con su apoyo los niños pueden lograr terminar este curso. Va a ser difícil, sí; pero con amor y apoyo van a lograr vencer el contenido del grado y tener mejores conocimientos”, aseguró a Prensa Latina.
El presupuesto cubano para el sector de la Educación en 2026 asciende a 71 mil 983 millones de pesos, cifra que representa el 20 por ciento del gasto total del Estado.
Estos recursos solo son superados por los de Salud Pública, que este año cuenta con 76 mil 756 millones de pesos. Entre ambos sectores suman el 41 por ciento, lo que deja claro que, pese a la crisis, el gobierno mantiene como prioridad la protección de estos servicios sociales.
AJUSTES COTIDIANOS
Del otro lado de la ecuación, gestionar el inicio de las clases para las familias “requiere de un esfuerzo importante, tanto mental como económico”, aseguró la socióloga Patricia Pérez, madre de dos pequeñas.
“Desde junio hemos ido previendo qué podría hacerle falta a la mayor, que inicia segundo grado, para no dejar que se acumulara todo en el final de las vacaciones. Como también tenemos otra niña en el círculo infantil, todo es por partida doble, aunque siempre la pequeña hereda cosas de la hermana”, detalló.
Pérez, junto a otras madres y padres, también ha apoyado la recuperación del aula de su niña. “Sabemos que la ayuda es fundamental en este aspecto para que las condiciones sean lo mejor posible dentro de todas las limitaciones y carencias”, aseveró.
Más de 10 mil instituciones educativas vivieron en la última quincena de agosto historias similares a las que narra Patricia Pérez. Según las autoridades educativas del país, se han acondicionado de acuerdo con sus contextos específicos y con el foco puesto en atender las necesidades particulares de sus estudiantes.
Para la familia de Paula, otra pequeña de segundo grado, los ajustes de este septiembre serán más complejos. Cuando se intensificaron los apagones se trasladaron a casa de los abuelos paternos, en Marianao, una zona cercana a hospitales y con mejor cobertura de electricidad.
“Pero no queremos cambiarla de escuela porque ella tiene a su maestra y su aula con condiciones. Nos levantaremos más temprano y con la moto trataremos de llegar a tiempo. La maestra ya nos dio algo de flexibilidad con el horario”, explicó el papá, Aliot Martín Anido.
“Yo trabajo en Playa y mi esposa en La Habana Vieja, pero los dos tenemos flexibilidad de horario. Uno de los dos siempre estará cerca por si surge cualquier imprevisto. Cuando termine la jornada, retornamos para Marianao a pasar la noche”, detalló el diseñador gráfico.
“Vamos a probar a quedarnos algunas noches en Diez de Octubre, para ver cómo se adapta Paula, si se despierta bien o si le resulta muy estresante. La idea es ir viendo qué otras cosas podemos hacer para que todo sea lo mejor posible para ella”, agregó Martín Anido.
DE UNIFORMES Y CUADERNOS
Conseguir los uniformes escolares se ha convertido en uno de los principales problemas ante el inicio del nuevo período lectivo, porque la producción se ha visto frenada por los apuros económicos que vive el país.
Así lo confirmó Trujillo Barreto. Durante el mes de agosto solo se logró cubrir el 12 por ciento de los necesarios para la enseñanza primaria, y una proporción parecida en la secundaria, según datos ofrecidos en conferencia de prensa.
Las causas principales son los cortes de electricidad en los talleres, la falta de combustible para trasladar los tejidos y las limitaciones para importar insumos.
“A la mayor, los uniformes por suerte aún le sirven; la mochila igual está buena. Pero sí tuvimos que comprarle zapatos y libretas, lápices y otros materiales para la escuela, incluyendo imprimir algunos cuadernos que están en falta”, enumeró Pérez.
Ante el difícil contexto, una vez más las alianzas y la solidaridad comunitaria pueden ser alivio. La Federación de Mujeres Cubanas (FMC) ha creado brigadas de costureras “para ayudar a arreglar los uniformes escolares”, detalló en entrevista con Prensa Latina Teresa Amarelle Boué, secretaria general de esa organización.
“También hemos visto las donaciones que se hacen de una familia a otra, entre quienes ya terminaron la secundaria y quienes ahora la empiezan”, contó la también integrante del Buró Político del Comité Central del Partido.
En el aula de Daynelys Castro se han puesto de acuerdo para que aquellos uniformes que ya no le sirven a un niño o niña sean donados. “No es obligado, pero sabemos que no todas las familias tienen las mismas condiciones y queremos que todos se sientan en igualdad”, argumentó la maestra.
“De esa manera casi todos mis alumnos, con apoyo de padres, tienen uniforme escolar, en algunos casos sin necesidad de comprarlo. Y quien haya comprado tallas muy grandes, tendrá un poquito más de tiempo para mandarlos a arreglar”, agregó.
En ese mismo espíritu, la FMC promueve la colaboración para la preparación de la base material de estudio. “Ahora comienza una etapa de forrar libretas, de forrar libros, a veces hasta de encuadernarlos. Y la solidaridad es esencial ahí”, insistió Amarelle Boué.
El afán de la organización femenina cubana no es ocioso. Aunque existen padres muy involucrados como el de Paula, la tradición patriarcal que aún nos signa hace que las mujeres lleven sobre sus hombros muchas de las responsabilidades asociadas al reinicio de las actividades docentes.
Mayoría entre quienes se desempeñan frente a las aulas, y depositarias habituales de las tareas hogareñas y de cuidado, no pocas verán intensificadas sus dobles y triples jornadas laborales en medio de una situación que ya es tensa.
ATERRIZAR AL BARRIO
Ninguna solución es la definitiva, ninguna iniciativa puede replicarse igual en todas partes. Al sistema educativo cubano le toca desplegar un esquema organizativo flexible y diferenciado ante las limitaciones de transporte, alimentación, alojamiento y disponibilidad de docentes que afectan a varios territorios.
“Ninguna institución tiene por qué parecerse a otra, porque tampoco son iguales las comunidades. Lo común será cumplir con las aspiraciones formativas de cada nivel”, resumió Trujillo Barreto.
En materia de cobertura docente, persiste la escasez de profesores, con un 73 por ciento de profesores titulados a nivel nacional en la educación general, según informó la ministra. Las situaciones más complejas se concentran en La Habana y otras provincias del occidente, mientras que la región oriental presenta indicadores más favorables en este sentido.
Como salida, se implementa una movilización que integra a estudiantes universitarios y de carreras pedagógicas, profesionales de otros sectores y jubilados.
La ruta nacional, sin embargo, apunta a un destino común: garantizar la continuidad del proceso educativo y proteger el derecho a la educación.
Otro principio esencial es el seguimiento caso a caso y la atención continua a los alumnos en mayor situación de vulnerabilidad, en cualquiera de las modalidades de enseñanza.
“Estamos viviendo en una época donde los niños han estado también pendientes de si hay luz, de si falta algo, de qué voy a llevar a la escuela y han perdido parte de su juego, de su tiempo de recreación”, reflexionó Daynelys Castro.
“He hecho stickers, calcomanías para motivar a los niños y he buscado algunos medios de enseñanza”, contó.
“Quiero que mis alumnos vayan a la escuela sabiendo que van a aprender, ya sea a través de juegos, de anécdotas, de intercambios, de preguntas, de respuestas; pero que también van a disfrutar. Quiero que lleguen a un lugar seguro donde van a sentirse lo que son: niños”.
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