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La sequía de nunca acabar

La sequía de nunca acabar

Si bien el agua brilla por su ausencia en casi toda Cuba, en municipios del sur espirituano como Trinidad y La Sierpe la sequía amenaza con volverse crónica. En pleno Día Mundial del Agua, la realidad de estas comunidades nos recuerda que la crisis hídrica no es un problema distante, sino una urgencia cotidiana que marca la vida de familias y cultivos.

La sequía prolongada ha dejado su huella: pozos que durante décadas abastecieron a comunidades enteras hoy muestran el fondo reseco, incapaz de proveer el líquido vital. Los campesinos relatan cómo, en cuestión de meses, el nivel freático descendió hasta volverse insuficiente para sostener el riego de los sembrados. El impacto es doble: afecta la seguridad alimentaria y golpea la economía familiar.

Ante la falta de agua en los hogares, las pipas de abastecimiento se han convertido en protagonistas de la vida diaria. En Trinidad, barrios enteros esperan la llegada de los camiones cisterna, que recorren calles estrechas para llenar tanques y depósitos improvisados. En La Sierpe, la escena se repite: largas filas de vecinos con cubos y recipientes, organizados para recibir lo que muchas veces es la única fuente segura de agua potable. Aunque el servicio es básico, la demanda supera con creces la capacidad de respuesta, sobre todo ahora, que el bloqueo petrolero impuesto por Donald Trump ha reducido al mínimo las cantidades de combustible disponibles para garantizar los viajes de las pipas.

Cada gota de agua cuenta. Las familias han desarrollado estrategias de ahorro que reflejan la resiliencia de la población. El líquido destinado a cocinar se aprovecha luego para limpiar, el del aseo se mide con precisión. La crisis ha transformado la cultura doméstica y ha impuesto una disciplina que, aunque dura, fortalece la conciencia sobre el valor del recurso.

La agricultura, por otro lado, se lleva la peor parte: los campos de arroz en La Sierpe, tradicionalmente verdes y abundantes, muestran ahora manchas secas que evidencian la falta de riego. Los productores buscan alternativas, al emplear sistemas de regadío más eficientes, variedades resistentes a la sequía y prácticas agroecológicas que permitan mantener la producción con menos agua. Sin embargo, la incertidumbre persiste, pues el clima no ofrece garantías y la recuperación de los acuíferos es lenta.

Las autoridades locales y provinciales han desplegado programas de emergencia para mitigar la crisis. Se han rehabilitado pozos, instalado bombas y organizado brigadas de distribución de agua. Además, se promueve la educación ambiental en escuelas y comunidades, con el objetivo de que cada ciudadano comprenda la importancia de cuidar y racionalizar el uso de este vital recurso. El esfuerzo institucional busca no solo atender la urgencia, sino también preparar a la población para enfrentar escenarios futuros.

Más allá de las estadísticas, en Trinidad y La Sierpe la crisis hídrica es una experiencia diaria que condiciona la vida de miles de personas. En medio de la escasez, las familias, los campesinos y las instituciones se unen en la defensa de un recurso que define el presente y el futuro.

Fuentes: Periódico Escambray, Radio Sancti Spíritus, Radio Trinidad

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