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La otra cara del turismo: Realidades y retos en la recuperación del sector en Trinidad

La otra cara del turismo: Realidades y retos en la recuperación del sector en Trinidad

Mientras regresa poco a poco el bullicio a las calles empedradas y la música en vivo vuelve a brotar de sus casas coloniales, la “recuperación” del sector turístico en la ciudad de Trinidad y su vecino Valle de los Ingenios muestra una complejidad que va más allá de las estadísticas de visitantes. La otra cara de esta industria, vital para la economía local y nacional, revela un entramado de desafíos estructurales y oportunidades en el contexto actual de crisis global y recrudecimiento del bloqueo económico estadounidense contra la isla.

Tras el duro golpe que significó la pandemia, las reservas hoteleras y el arribo de turoperadores internacionales, principalmente de Canadá y Europa, han mostrado cifras alentadoras. Sin embargo, en las conversaciones con trabajadores del sector, cuentapropistas y residentes, emerge una realidad matizada: la recuperación no es homogénea y adolece de la necesaria sostenibilidad.

El principal desafío visible es la obsolescencia de infraestructuras. Aunque el polo turístico trinitario cuenta con emblemáticos establecimientos como el Hotel Ancón o el Brisas Trinidad del Mar, y hace apenas unos años le nació el ya célebre Meliá Trinidad Península, que ostenta sus Cinco Estrellas, la falta de mantenimiento sistemático durante años de carencias extremas ha pasado factura. Varias instalaciones trabajan a media capacidad por averías en climatización o sistemas hidrosanitarios, lo que contrasta con la belleza patrimonial que atrae a los foráneos.

En el sector no estatal, el llamado “cuentapropismo” turístico vive una paradoja. Mientras paladares y arrendadores de habitaciones han renacido tras el parón, la escasez de combustible y los apagones programados han obligado a muchos a reducir su oferta o elevar los precios, lo cual limita la competitividad. “El turista extranjero entiende el bloqueo, pero su paciencia se agota cuando falla el aire acondicionado o no hay variedad en la carta”, confiesa Yunior Pérez, dueño de un restaurante familiar en la calle Real.

Otro elemento a destacar es la resiliencia del trabajador cubano. Guías de turismo, animadores y personal de limpieza multiplican sus esfuerzos, improvisando soluciones para suplir la falta de insumos. Su profesionalismo y calidez humana siguen siendo el principal imán del destino, una lección de cómo el capital humano sostiene la industria cuando los recursos materiales escasean.

Las autoridades locales, conscientes de estos nudos críticos, apuestan por un modelo de turismo más comunitario y sostenible. La diversificación de rutas hacia el Valle de los Ingenios con un enfoque histórico-educativo, el fomento del turismo de naturaleza en el Topes de Collantes y el apoyo al emprendimiento local son caminos que se transitan con paso firme, aunque lento.

En conclusión, la “recuperación” turística de Trinidad es un proceso en construcción, marcado por luces y sombras. No se trata solo de llenar habitaciones, sino de garantizar que el desarrollo turístico sea un verdadero motor de bienestar social.

La otra cara del sector nos muestra una ciudad que lucha, que innova desde la adversidad y que no renuncia a ser, como fue declarada por la UNESCO, un patrimonio vivo de la humanidad.

Fuentes:Periódico Escambray, Radio Sancti Spíritus, Revista Tornapunta

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