La energía del sol en manos jóvenes
Cuando el sol comienza a ganar altura sobre los paisajes espirituanos, no hay aplausos ni discursos. Apenas un zumbido casi imperceptible, pantallas que despiertan y números que empiezan a crecer.
A esa hora, jóvenes como Pablo Beltrán Valdivia y Alexis OlivaTamayo ya están en sus puestos, vigilando que la energía del día fluya sin tropiezos hacia el Sistema Eléctrico Nacional (SEN).
En Tuninucú, donde la tierra fue removida palmo a palmo y hoy se extiende un mar de paneles fotovoltaicos, se escribe —como en decenas de instalaciones similares— una de las páginas más decisivas del presente energético cubano.
DONDE EL SOL SE CONVIERTE EN MEGAWATTS

El Parque Solar fotovoltaico Tuninucú fue el segundo de la provincia de Sancti Spíritus con capacidad generadora de 21,8 megawatts (MW) en sincronizar al SEN. Foto Yosdany Morejón
El Parque Solar fotovoltaico de Tuninucú fue el segundo de la provincia de Sancti Spíritus con capacidad generadora de 21,8 megawatts (MW) en sincronizar al SEN. Desde lejos, la instalación parece un campo geométrico que se pierde en el horizonte; de cerca, es una maquinaria precisa que combina automatización y supervisión humana.
La planta está conformada por 1 638 cadenas (strings) de 26 paneles cada una, para un total de 42 588 paneles fotovoltaicos. Toda esa energía es procesada por siete inversores de 3 125 Watts, capaces de trabajar hasta 1 500 volts, apoyados en cajas concentradoras distribuidas a lo largo del parque.
Cuando la radiación alcanza niveles óptimos —generalmente a partir de las sietede la mañana— la instalación comienza a generar alrededor de un megawatt. A medida que el sol asciende, la potencia aumenta hasta rozar, al mediodía, los 18, 20 o, incluso, los 21 MW.
PABLO: VOCACIÓN POR LA CORRIENTE
Pablo habla sin solemnidad, como quien domina su oficio desde la práctica diaria. Antes trabajaba en Comunales como electricista; hoy permanece, turno tras turno, dentro de la sala de control del parque.
“Siempre me gustó la corriente —dice—. Cuando vi esta oportunidad, supe que era una mejoría salarial y no dudé”.
Su jornada no se mide por horas, sino por ciclos: 24 horas de trabajo y 72 de descanso. El parque nunca queda solo. Un operador permanece en sala; otros vigilan desde la garita y dos recorren el extenso perímetro —más de dos kilómetros— para detectar cualquier anomalía en paneles, cercas o cajas concentradoras.
“Si hay un fallo, el sistema lo avisa —explica—. Pero igual hay que ir al terreno, revisar la caja, el string, ver qué pasó. La computadora te ayuda, pero el ojo humano sigue siendo clave”.
UN PARQUE QUE CASI SE GOBIERNA SOLO

A diferencia de las termoeléctricas tradicionales, los parques solares modernos funcionan con un alto grado de automatización. Foto Yosdany Morejón
A diferencia de las termoeléctricas tradicionales, los parques solares modernos funcionan con un alto grado de automatización. El sistema instalado permite monitorear en tiempo real la generación, el estado de los inversores, las líneas de salida y cada una de las cajas concentradoras del parque.
“Esto es automático —resume Alexis Oliva Tamayo, jefe de grupo de los operadores (33 años)—. Si los parámetros están normales y las líneas estables, el parque trabaja solo”.
Alexis llegó al proyecto tras una convocatoria en redes sociales. Comenzó como custodio, luego vinieron los cursos de operador, la experiencia acumulada y, finalmente, la responsabilidad de coordinar al resto del turno. “Estamos aquí desde que se abrió el primer hueco en la tierra —recuerda—. El parque lo vimos nacer”.
CAMINAR EL PARQUE
Automatizado no significa desatendido. Cada mañana y cada tarde, alguien debe recorrer el parque para revisar cercado perimetral, alumbrado, paneles y cajas concentradoras. A ello se suman chequeos permanentes desde el sistema informático.
“Si un string entra en falla, el operador te llama —cuenta Alexis—. Te dice, por ejemplo, que la caja cinco del inversor siete tiene el string 17 en falla. Entonces hay que ir, mirar, tocar, confirmar”.
Ese recorrido cotidiano, bajo el sol o el viento, sostiene la confiabilidad de una instalación que entrega energía limpia al país en uno de sus momentos más complejos.
ENERGÍA SOLAR EN EL CONTEXTO CUBANO
La puesta en marcha de parques solares de más de 21 MW responde a una estrategia nacional para diversificar la matriz energética y reducir la dependencia de combustibles fósiles importados. En un escenario marcado por el déficit de generación, la obsolescencia tecnológica y las limitaciones financieras, cada megawatt renovable cuenta.
La energía solar no sustituye de inmediato las fuentes tradicionales, pero alivia picos de demanda diurna, ahorra combustible y reduce emisiones contaminantes. Su despliegue escalonado en varias provincias aporta, además, mayor resiliencia al sistema eléctrico.
Tuninucú no es solo una obra de ingeniería: es una señal de hacia dónde mira el país.
AL FRENTE DE LA TRANSICIÓN ENERGÉTICA
La edad promedio de los operadores sorprende. Muchos no superan los 30 años. Son técnicos, electricistas o custodios reconvertidos en especialistas de alta tecnología. Aprendieron a leer gráficos, interpretar alarmas, dialogar con el despacho de carga y tomar decisiones en segundos.
“Dirigir el parque no es difícil si sabes lo que estás haciendo —afirma Alexis—. El despacho te orienta cuando hay que liberar una línea o hacer mantenimiento. Tú ejecutas y sigues trabajando por la otra”.
Cuando se les pregunta por la experiencia, ambos coinciden en la satisfacción. Hay estabilidad económica, sí, pero también orgullo profesional. “Me gusta trabajar aquí”, dice Pablo. “El colectivo es bueno y hay que echar para alante. Este es un trabajo que tiene futuro”, resume Alexis.
CUANDO EL SOL CAE
Al caer la tarde, la generación disminuye. El parque entra en una quietud programada, aunque la vigilancia nunca cesa. Las pantallas permanecen encendidas, los turnos se relevan y el silencio vuelve a imponerse sobre el campo de paneles.
Mañana, si la radiación acompaña, el ciclo volverá a empezar. Nadie aquí habla de soluciones definitivas ni de milagros energéticos. Saben que un parque solar no borra de golpe los apagones ni resuelve, por sí solo, un desgaste acumulado durante años.
Pero cada megawatt entregado es un alivio posible, una parte del problema que deja de depender del combustible que no llega o de la máquina que falla. Bajo este sol —a veces generoso, a veces esquivo— sostienen una pieza del Sistema Eléctrico Nacional. No prometen luz permanente, pero garantizan que, cuando el sol esté, no se desperdicie. Y en la Cuba actual esa constancia ya dice mucho.
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