¿Cuánto puede aportar la agroecología a la soberanía alimentaria?
La agroecología es la mejor aliada de la Ley de Soberanía Alimentaria y Nutricional
Según establece el Decreto No. 128 de la Agroecología, el Ministerio de la Agricultura debe facilitar el acceso a las tecnologías apropiadas para la producción de esa naturaleza. A pesar de la legislación, es lamentable que las instituciones de este ministerio, hasta la fecha, en estos parajes, apenas han trabajado para el ofrecimiento de asistencia técnica y avanzar en la socialización de la información y el conocimiento, necesarios para penetrar en una gran transformación de la cultura agraria, como es la agroecología; aportadora de ciencia e innovación mediante sus sistemas tradicionales que generan patrimonios bioculturales.
Hasta este momento, los asuntos de la agroecología por parte de la rama agrícola son reservados para congresos, foros de ciencia y técnica, y solamente reciben mirada y atención los sistemas de la agricultura convencional, dependientes de insumos importados a muy altos precios y casi imposibles de llegar al surco. Esto ocurre cuando nuestro gobierno recaba la exigencia de producir alimentos nacionales y sustituir importaciones.
La agroecología no debe seguir siendo vista como una simple alternativa porque no hay recursos, sino como un modelo de transformación resiliente, sostenible y soberano.
Se habla de la existencia en el país de unas 100 000 pequeñas fincas, hoy improductivas porque no les ha llegado el paquete tecnológico.
Vale preguntar: ¿puede la agroecología producir alimentos seguros, sanos, diversos, sin recursos de importación? Más de 3 000 fincas en el país lo han corroborado. En Taguasco, José Antonio Casimiro, desde su pequeña finca en Siguaney, es referente en el mundo de este modelo cultural y de vida en el campo.
Desde las prácticas amigables con el medio natural, como la eliminación del cáncer de la erosión de los suelos, la obtención de semillas de alta calidad y un sistema diverso, junto al vínculo de la ganadería con la agricultura, pueden desaparecer los productos industriales y los químicos, y la finca del medio seguirá con sus aportes de alimentos para un promedio de 48 personas.
Me uno al principio de muchos expertos: las técnicas agroecógicas no llevan consigo la eliminación de la agricultura convencional; pueden convivir, cada una con sus características. Pero es ideal esta transformación en pequeños espacios, degradados e improductivos actualmente. Puede ser además la vía para mantener y contribuir a que muchos campesinos y familiares, que han abandonado el campo puedan retornar.
Pero, además, la agroecología es la mejor aliada de la Ley de Soberanía Alimentaria y Nutricional que, a mi juicio, también permanece engavetada en archivos gubernamentales, cuando el acoso al país y la falta de recursos se imponen como gran problemática para alimentar mejor al pueblo en cantidad y calidad, asunto que no puede dejar de ser de seguridad nacional.
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