Josefina Vidal: Diálogo directo con Estados Unidos, sin avances significativos
La viceministra de Relaciones Exteriores de Cuba, Josefina Vidal Ferreiro, sostuvo que la isla se prepara para ejercer su derecho a la legítima defensa, en caso de alguna agresión extranjera. Foto Jorge Ángel Pablo García.
Existe un canal de diálogo directo entre Cuba y Estados Unidos en el que el gobierno de la isla está dispuesto a discutir cualquier tema, excepto la independencia, la soberanía, la autodeterminación y el ordenamiento interno del país, aseguró Josefina Vidal Ferreiro, viceministra de Relaciones Exteriores de Cuba. Sin embargo, ese proceso no ha registrado avance significativo alguno: cada vez que ambos gobiernos se sientan a conversar, Washington responde días después con nuevas sanciones contra la isla. “Nos genera dudas de cuán seria y responsablemente Estados Unidos está viendo esta conversación”, asegura la funcionaria.
En la embajada cubana en México, Vidal Ferreiro, con décadas de experiencia académica y diplomática en la relación con Washington, sostiene que las 176 medidas de apertura económica anunciadas por el gobierno cubano no modifican el carácter socialista del Estado. El control sobre los recursos fundamentales y los sectores estratégicos permanecerá en manos del Estado y se asegurará una redistribución del ingreso por la vía fiscal. “La propiedad seguirá estando en manos del pueblo de Cuba y eso es esencialmente socialista”, afirma.
Tampoco son medidas improvisadas: su diseño arrancó entre 2020 y 2021, pero la pandemia y el endurecimiento de las sanciones durante la segunda administración Trump retrasaron su instrumentación, expone Vidal Ferreiro.
Graduada en relaciones internacionales en Moscú y con experiencia diplomática en Washington, París y Ottawa, la viceministra estuvo a cargo durante seis años de la dirección general de Estados Unidos, perteneciente al Ministerio de Relaciones Exteriores. Advierte que, ante la reiterada retórica de la administración Trump de una acción militar contra la isla, La Habana se prepara para ejercer su derecho a la legítima defensa.
La funcionaria se encuentra en México como parte de una gira que incluyó Canadá. En el país se reunió por separado con legisladores, con funcionarios de la Secretaría de Relaciones Exteriores y con integrantes de organizaciones como la asociación civil Humanidad con América Latina, promotora de una convocatoria publicada en estas páginas para recaudar fondos para apoyar al pueblo de la isla.
Expresó el agradecimiento del gobierno cubano por el respaldo de México, que ha funcionado como puente logístico: nueve barcos con alimentos e insumos han partido desde territorio mexicano, y barcos de bandera mexicana han transportado leche de Uruguay y suministros de Belice con destino a Cuba.
¿En qué punto se encuentra el diálogo de Cuba con Estados Unidos?
–Hay un canal, ha habido encuentros, ha habido intercambios, pero no ha habido un progreso significativo. No hemos visto que Estados Unidos se haya despojado de su aspiración histórica –y no estoy hablando sólo de los pasados 65 años, me remonto a dos siglos atrás– de querer imponer su dictado sobre cómo debe ser Cuba. Se ha dado el caso en que nos sentamos a conversar y, unos días después, llega una nueva sanción. Eso nos genera dudas de cuán seria y responsablemente Estados Unidos está viendo esta conversación, que del lado de Cuba la vemos con absoluta formalidad.
¿Ese diálogo es directo o existen intermediarios?
–Es directo entre representantes de ambos gobiernos. Hay países que se han ofrecido como mediadores y se lo hemos agradecido, pero no ha sido necesario. Históricamente no conozco un episodio de intercambio con Estados Unidos en que hayamos necesitado un mediador. A lo sumo, hemos usado a algunos interlocutores como mensajeros: el ex presidente (Carlos) Salinas trasladó en su momento una carta del comandante Fidel Castro a Bill Clinton; Gabriel García Márquez también fue portador de un mensaje. Pero para conversar directamente siempre hemos hallado la manera de hacerlo cara a cara.
¿Cuáles son las líneas que Cuba no cruzará en esas conversaciones?
–Estamos dispuestos a hablar de todo y a poner sobre la mesa absolutamente todo, con una única excepción: ningún asunto relacionado con la independencia, la soberanía, la autodeterminación de Cuba y el ordenamiento interno del país. Esas cuestiones sólo corresponden al pueblo de Cuba decidirlas.
¿Qué tan real consideran la amenaza de una acción militar?
–Es visible, lo repiten todo el tiempo. Desde los más altos niveles del gobierno de Estados Unidos se reiteran frases que indican que Washington no ha renunciado a una acción militar contra Cuba. No lo deseamos, porque van a morir personas, cubanos y estadunidenses. Pero como esa amenaza se mantiene latente y permanente, no podemos ser ingenuos: a la vez que conversamos, nos estamos preparando para ejercer nuestro derecho a la legítima defensa.
¿Cambian las 176 medidas de apertura económica el carácter socialista del Estado cubano?
–La respuesta es no. El control sobre los recursos fundamentales –energía, biotecnología, turismo– seguirá siendo del Estado y en beneficio del pueblo. Lo que se incorporan son cambios en la gestión, pero la propiedad seguirá en manos del pueblo de Cuba. La redistribución del ingreso operará por la vía impositiva. Los servicios públicos –educación, salud, seguridad social– seguirán siendo prioridad absoluta.
¿En qué se diferencia esta apertura de las anteriores?
–En que ahora vamos más allá. En los años 90 del siglo pasado diversificamos socios y abrimos Cuba a la inversión extranjera. Ahora el sector privado cubano también podrá participar como inversionista en empresas privadas y estatales, y se amplía la participación de cubanos residentes en el exterior. La diversidad de actores es mucho mayor.
¿Por qué se anuncian ahora?
–No surgen de ayer para hoy. Veníamos reflexionando sobre estas transformaciones desde 2020 y 2021. Pero vino el covid-19 y tuvimos que concentrar todos nuestros recursos en salvar a la población y desarrollar nuestras propias vacunas. Después llegó de nuevo la administración Trump con medidas dirigidas a privar a Cuba de divisas: golpearon el turismo, la inversión extranjera, la colaboración médica en el exterior, las remesas y nos pusieron en la lista de estados patrocinadores del terrorismo. Decidimos que ya no había manera de seguir postergándolo.
Usted ha dicho que hay una “guerra comunicacional”, ¿a qué se refiere?
–A que hay una gran maquinaria propagandística tratando de trasladar la responsabilidad de lo que ocurre en Cuba al gobierno cubano, cuando está muy claro que hay un agresor que es Estados Unidos. Lo más peligroso es el intento de naturalizar la agresión, de hacerla aceptable para la opinión pública. El Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos ya lo ha dicho: las medidas de Washington están ahogando al pueblo cubano, hay niños muriendo que no tenían que morir. Eso tiene que parar.
(Tomado de La Jornada)
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