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Jorgito ya no es un cachorro de león (+ fotos y video)

Jorgito ya no es un cachorro de león (+ fotos y video) Este es Jorgito hoy. Fotos: María Sosa Echemendía.

El golpe seco de sus patas contra el suelo anuncia que algo grande se mueve detrás de la reja. Jorgito avanza con la seguridad de un animal que ya conoce su fuerza y parece dispuesto a ocupar todo el espacio disponible.

Por un instante, el recinto parece haberse quedado pequeño para él. Se detiene, levanta el cuerpo sobre las patas delanteras y estira el cuello hasta acercar la mirada a la altura de los visitantes. La escena dura apenas unos segundos, pero basta para entender que aquel animal ya no tiene nada del diminuto cachorro que alguna vez cupo entero frente al lente de una cámara.

Tiene dos años y hoy, cuando se pone de pie, su figura ocupa casi toda la altura de la jaula.Cuesta imaginar que, apenas 28 días después de nacer, hubo que acercarse con cautela para filmarlo. Entonces era una pequeña masa de pelo que permanecía junto a Mili, su madre, bajo la mirada atenta de los trabajadores del Parque Zoológico de Sancti Spíritus.

Hoy es un león joven; un animal que juega, observa y parece reclamar para sí el protagonismo que hace dos años le concedió, sin saberlo, una noticia. “Jorgito está muy lindo y todo el mundo tiene que mirarlo”, dice Taimí Mencía Venegas, doctora en Medicina Veterinaria y directora de la Unidad Empresarial de Base Parque Zoológico de Sancti Spíritus.

Y sí, hay que mirarlo, pero esta vez no solo para comprobar el tamaño que ha alcanzado. Regresar a Jorgito significa volver sobre aquella historia de 2024 y descubrir qué ocurrió después de que las cámaras se marcharon: ¿Cómo una madre consiguió criar a su cachorro sin que fuera necesario separarlo de ella? ¿Qué cuidados hicieron posible su supervivencia y qué retos plantea ahora un animal que ha dejado atrás la primera etapa de su vida?

UNA MADRE QUE HIZO SU TRABAJO

Jorgito, cachorro de león

Jorgito, a los 28 días de nacido. Foto: Wilber Zada Rosendi

En 2024, cuando Radio Sancti Spíritus llegó hasta el zoológico, Jorgito apenas tenía 28 días de nacido. Sus movimientos eran todavía inseguros y la cercanía de Mili resultaba imprescindible.

En cautiverio, las crías pueden requerir alimentación y crianza artificiales cuando la madre no puede amamantarlas, las rechaza o presenta problemas de salud. En Sancti Spíritus, sin embargo, ocurrió otra cosa.“Jorgito se mantuvo en cautiverio toda su etapa de bebé junto a su madre”, explica Mencía. “Nosotros lo dejamos a la naturaleza”.

La expresión podría parecer contradictoria dentro de un zoológico, pero no lo es. Dejar actuar a Mili significó crear las condiciones para que pudiera hacerlo. La leona gozaba de buena salud y presentaba un adecuado estado nutricional. Su alimentación fue reforzada y se mantuvo sin ayuno, con el propósito de garantizar los nutrientes necesarios para la producción de leche.

Los trabajadores no sustituyeron a la madre. La ayudaron a cumplir su función. Jorgito mamó, permaneció junto a ella y atravesó bajo su cuidado los primeros meses de una vida que comenzó, además, con un valor particular para la provincia: era el primer león nacido en cautiverio en Sancti Spíritus desde el 2016.

Dos años después, aquella decisión adquiere otra dimensión. No quedó en la fotografía de un cachorro junto a su madre; derivó en un animal que llegó hasta esta etapa sin necesidad de crianza artificial.

UN LEÓN CON SELLO PROPIO

La estampa de Jorgito tiene algo de ambos padres, pero la herencia no explica todo.“Él es un león afectivo, por así decirlo, juguetón”, afirma la directora. Ahí aparece uno de los rasgos que más llaman la atención a quienes trabajan con él. Detrás de la fuerza que impone su cuerpo persiste un comportamiento curioso y juguetón. Jorgito explora, observa y responde a los estímulos de quienes lo rodean.

Esa personalidad, unida a su condición de ejemplar más joven, lo ha convertido en uno de los principales atractivos del recinto. Quienes lo conocieron cuando apenas tenía 28 días pueden comprobar ahora la diferencia con solo observarlo durante unos segundos. Pero el interés no reside únicamente en la transformación física. También está en el carácter que empieza a definirse. El cachorro que antes dependía de Mili para casi todo es ahora un animal que comienza a ocupar su propio lugar dentro del grupo.

LA SEGURIDAD DETRÁS DE LA REJA

Hay una parte de la vida de Jorgito que el visitante apenas alcanza a percibir porque está detrás de la reja. Mientras el público observa al animal, los trabajadores deben comprobar diariamente que las estructuras que lo contienen permanezcan en condiciones seguras y algunas habían comenzado a deteriorarse. La causa tiene una particularidad: la orina de los propios animales corroe el acero. “Hubo que sustituir la reja de contención que teníamos en el medio, la que hoy es un separador y las puertas”, explica la doctora en medicina veterinaria.

Para ejecutar las reparaciones, el zoológico estableció un contrato con la Mipyme Ledis S.R.L., de Guayos. Los trabajadores aportaron los equipos de soldadura, el combustible y los medios necesarios para las labores, mientras la Empresa Cubana de Zoológicos asumió el pago de los arreglos. “Después de ver nuestros animales saludables, miramos a nuestros hombres que tienen que estar saludables. Lo primero que tenemos que hacer es garantizar que el hombre que entra a limpiar salga con vida de allí”, sostiene Mencía Venegas.

En esa frase cabe una verdad elemental que el visitante puede olvidar frente al espectáculo del felino: cuidar a un león implica también proteger a quienes trabajan con él. Una puerta deteriorada o un separador debilitado no son simples desperfectos. Entre un trabajador y un león de estas dimensiones, una estructura defectuosa puede convertirse en una amenaza.

¿ABRIR EL ESPACIO?

El recinto actual tampoco es el espacio que el zoológico quisiera ofrecerles a sus leones. Desde hace tiempo existe la idea de construir una pradera africana, una instalación más amplia que permita ampliar el área disponible para los animales. El proyecto, sin embargo, tropieza con una cifra difícil de asumir. Solo el movimiento de tierra del foso de los leones costaría cinco millones de pesos, precisa Mencía. “Hoy no estamos en condiciones de asumir ese gasto, porque apenas tenemos para mantener nuestros animales, que es la primera premisa que tiene este zoológico”.

La frase sitúa la historia de Jorgito en un escenario mucho más amplio. Mantener un zoológico no consiste únicamente en conservar especies para exhibición. Supone garantizar alimentación, atención, seguridad, reparaciones y condiciones de vida durante años. Y mientras más grandes son los animales, mayor es la responsabilidad.

Por ahora, la prioridad está en lo esencial: que los ejemplares estén alimentados, saludables y seguros. La pradera africana queda pendiente. Jorgito, mientras tanto, tendrá que continuar viviendo en el espacio disponible.

LA SOLIDARIDAD

La alimentación constituye el principal desafío. Los grandes felinos requieren un suministro constante de carne y las dificultades para garantizarlo obligan en ocasiones a buscar alternativas fuera de los mecanismos habituales. Ahí aparecen las alianzas. La directora de la UEB Parque Zoológico de Sancti Spíritus reconoce especialmente a la Mipyme Osbel y Familia, del consejo popular de Colón. En momentos críticos, explica, el zoológico ha solicitado su ayuda y la respuesta ha llegado en forma de 250 libras de carne sin costo alguno. No es una solución permanente. Pero sí una respuesta concreta ante una necesidad específica. “Es un motivo de destacar”, afirma la directora, al referirse a ese gesto y al sentido de pertenencia que, a su juicio, mueve a quienes colaboran con el zoológico.

La ayuda tampoco termina en la carne. Alrededor de los animales se ha tejido una red en la que intervienen trabajadores, instituciones y actores económicos que, de una manera u otra, contribuyen a sostener la vida cotidiana del recinto.

EL FUTURO PUEDE TENER OTRA CAMADA

Hay otra razón para mirar a Jorgito con atención. El futuro reproductivo de los leones del zoológico comienza a pasar también por él. Mili está nuevamente en celo. Según explica Mencía Venegas, tanto Jorgito, como su padre, permanecen cerca de ella y ya se han producido varias montas.“Esperamos otro alumbramiento”, afirma.

La expectativa abre la posibilidad de una nueva cría y, con ella, de repetir una experiencia que ya dejó su huella en la provincia. Pero hay algo más porque los leones envejecen. Algunos de los ejemplares que hoy habitan el zoológico se encuentran en una etapa avanzada de su vida y, con el paso de los años, dejarán de ser capaces de alimentarse por sí mismos. Mencía recuerda a dos leonas que permanecieron durante más de 30 años en el recinto. Cuando perdieron la dentadura y ya no podían comer, fue necesario sacrificarlas para evitarles sufrimiento. El episodio permanece en la memoria del zoológico como una lección sobre el final de la vida y los límites del cuidado.

DOS AÑOS DESPUÉS

Quizá la mejor manera de medir el tiempo transcurrido sea volver a aquellas imágenes. En ellas aparece un cachorro de 28 días, pequeño y dependiente de su madre. Ahora, frente a la cámara, hay un animal que obliga a retroceder unos pasos. Jorgito se incorpora. Las patas delanteras se despegan del suelo. El cuerpo se eleva y la cabeza queda casi a la altura de la estructura que lo separa de los visitantes. “Es impresionante verlo”, reconoce la directora. Pero lo verdaderamente impresionante no está en la altura que alcanza, sino en todo lo que ha ocurrido para que hoy podamos contemplar esa escena.

Y está el futuro. Por eso Jorgito ya no es solamente aquel cachorro que protagonizó una noticia en 2024. Es el resultado visible de una cadena de cuidados que comenzó mucho antes de que volviera a encenderse la cámara. Entonces, hace dos años, había que acercarse para descubrirlo. Ahora hay que apartarse un poco para poder verlo entero. Jorgito camina detrás de la reja, se detiene, mira y vuelve a levantarse. Durante unos segundos, la escena parece repetirse. Pero no es la misma, el pequeño león de 28 días quedó en aquellas primeras imágenes. Este es Jorgito hoy, tiene dos años y frente a él queda todavía toda una vida.

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