Héroe del Trabajo desde el campo
De guayabera, sombrero y sonrisa recibió el campesino espirituano Félix Álvarez Jiménez el Título Honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba, el primer anapista de la provincia en ser distinguido con tan alta condecoración.
La ocasión y el escenario de gala justificaban el porte. Mas cuando el presidente cubano Miguel Díaz-Canel Bermúdez colocaba en el pecho del productor el importante reconocimiento, la tierra hizo acto de presencia en el más natural de sus estados para honrar también a quien ha hecho del trabajo en el campo un sacerdocio de amor, entrega y sacrificio .
Porque ha sido a fuerza de estas “Una de las cosas que me tiene vivo a mí es la tierra -dice y todo parece explicar que son esas mezclas con las que Félix Álvarez Jiménez ha levantado su emporio productivo en la CCS Niceto Pérez, de Cabaiguán, todo un referente del mundo campesino más allá de esos contornos. Desde que yo nací vi que yo no daba estudiante. Yo dije, «¿Qué va? A mí no me gusta el estudio, no me gusta la escuela, soy bruto para eso.» Y entonces cogí el camino de la agricultura, de la tierra”.
A la tierra llegó Félix por el ADN de sus ancestros al pie de una vega de tabaco. Luego hizo una alianza con ella que dura ya 78 años. “Trabajé en varias cosas, trabajé mucho tiempo en jornalero, pero me decía el que trabajaba con él, «Tú eres muy vejigo para ganarte 5 pesos, tienes que ayudarme a retocar por la noche y cargar tabaco.» Eso no era fácil, pero bueno, hice todas esas cosas, fui vaquero, en fin, en la agricultura he hecho de todo”
Al terruño le conoce Félix todos los secretos. Por eso no entiende de contextos ni escaseces. Muchos meno de cuentas como no sean las que hacen parir la tierra a como sea. Es lo que ha enseñado a generaciones de hombres y mujeres que reconocen en él al maestro del campo, forjador de productores de avanzada.
“ El campesino que no quiera la tierra no es campesino. El campesino que quiera lo que le da la tierra, pero la tierra no le interese, eso ni es campesino ni será nunca. Yo pa arriba no miro mucho, lo mío es pa abajo, porque la tierra tiene que tener buena condición, buena preparación y buena semilla. Lo primero es tener deseo de hacer cosas. Esas medias cosechas y esas poquitos yo no los quiero, yo quiero una cosecha o nada.
“ El campesino que no se pare en la esquina de un campo y haga así y más menos, diga: “bueno, le hice esto, esto no pude haber costado tanto y no sepa más o menos el costo que tuvo ese cultivo….no sé”.
En la solemnidad de la entrega se resume una trayectoria que desborda cualquier condecoración: Vanguardia nacional de la ANAP por casi dos décadas, orden 17 de mayo, el más alto reconocimiento que entrega su ASOCIACION que ya le dio antes la distinción Antero Regalado, medalla Romárico Cordero, la réplica del Machete de Serafín Sánchez que le entregara Sancti Spíritus.
Y mientras ahora el Título Honorífico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba reluce en su pecho, detrás se advierte la memoria escrita: primer productor del territorio en aportar mil quintales de cultivos varios allá por el 2002, el que no repara en regalar sus cosechas a los más necesitados, el que no entiende de destinos como no sea el estado.
“Yo produzco para el pueblo. Esto es un compromiso moral que tengo yo. Hasta aquí me ha ido bien y ya lo poquito que me queda, vamos a seguir pichando por ahí. Yo lo que tengo es muchos deseos de hacer cosas y de trabajar y tratar de a ver si nos levantamos, lo mío es ayudar a este país”.
En Félix Álvarez, consagración, sencillez, modestia y sentido de pertenencia han de escribirse con mayúsculas. “No me ha interesado eso nunca: ser millonario. Hay quien es millonario sin tener millones y hay quien tiene millones y no es millonario. Yo soy de los millonarios sin millones que es tener una vida tranquila, he sido conforme siempre con lo que ha tenido. Nunca he sido tampoco fanático a los carros ni nada de eso. El primer carro moderno que vino a esta provincia, vinieron dos. Uno se lo dieron a Tomás Murriaco y el otro era el mío y yo no lo llegué a comprar”.
En la brillantez de la entrega Félix Álvarez Jiménez vuelve más que nunca a sus raíces, esas que le tienen prendido a su Cabaiguán querido y desde donde ha escrito la historia que hoy se resume en el Titulo Honorifico de Héroe del Trabajo de la República de Cuba.
“Eso para mí es más compromiso con la tierra, con la Revolución Yo me la gané, pero es de todo el mundo. Ser quien soy, se lo puedo agradecer a la Revolución y yo dije que yo le iba a dar la Revolución hasta el último momento de mi vida, ese se lo voy a dedicar al campo, a la agricultura. Mientras respire voy a estar pegado a la tierra”.
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