Hematología en Sancti Spíritus: El desafío de curar y formar al relevo
La evolución de cada enfermedad depende de sus características, del estado general del paciente y de la respuesta a la terapia. Foto Yosdany Morejón. Radio Sancti Spíritus.
En la Sala de Hematología del Hospital Provincial Camilo Cienfuegos, aprender a ser especialista significa mucho más que dominar los complejos mecanismos que intervienen en la sangre. También supone acompañar a personas que permanecen durante semanas o meses en el Hospital, compartir con sus familias la incertidumbre de un diagnóstico y descubrir, desde los primeros pasos de la formación, que no todos los desenlaces dependen del esfuerzo médico.
Lisset Cantero Pérez, Daniel Ordán, Darielys Rodríguez Furgel, Rosalynn Nápoles Corrales y Yadián Toledo Guevara forman parte de la nueva generación que llega al servicio para contribuir a la continuidad de una especialidad necesitada de relevo. Con diferentes motivaciones, los cinco comparten la voluntad de aprender junto a los profesionales de mayor experiencia y asumir una responsabilidad que los enfrenta desde temprano con los límites y las satisfacciones de la medicina.
Para Lisset, residente de primer año, la vocación nació en el entorno familiar y se consolidó durante la carrera. Graduada de Medicina hace seis años, tuvo experiencias en la atención primaria que le permitieron comprender la dimensión humana de la profesión, incluso en circunstancias difíciles, cuando los recursos disponibles no siempre bastan para responder a la gravedad de un paciente.
«Sería medicina desde el principio hasta el final», afirma al recordar por qué volvería a elegir la misma carrera. En su decisión hay una certeza que acompaña a muchos médicos jóvenes: el deseo de ayudar a las personas no desaparece ante las dificultades, aunque la práctica cotidiana obligue a convivir con situaciones para las que ninguna preparación parece suficiente.

Lisset, Daniel, Darielys, Rosalynn y Yadián, residentes de Hematología, ofreen dada día lo mejor de sí. Foto Yosdany Morejón.
Daniel Ordán, de 26 años, llegó a Hematología por vía directa después de graduarse. Le atrae la necesidad de comprender la fisiología para explicar las enfermedades y encontrar respuestas a partir del conocimiento científico. Sin embargo, reconoce que uno de los desafíos de su formación consiste en mantenerse actualizado en un contexto donde acceder a información médica reciente no siempre resulta sencillo.
La dificultad no es menor en una especialidad que exige interpretar resultados, reconocer alteraciones celulares y seleccionar tratamientos ajustados a cada paciente. La formación teórica debe avanzar junto con la experiencia clínica, el intercambio con los profesores y el aprendizaje que proporciona cada caso atendido.
Daniel tampoco oculta el peso emocional de ese proceso. «Hay momentos que han sido difíciles porque hemos tenido varios pacientes que hacen mucha estancia aquí y muchas veces los vemos como una familia», explica. Cuando uno de ellos fallece, la pérdida deja de ser una estadística y adquiere el rostro de alguien con quien compartieron días de trabajo, conversaciones y esperanzas.
APRENDER A VIVIR CON LA INCERTIDUMBRE

La incorporación de los 5 residentes abre una posibilidad concreta de fortalecer el relevo generacional. Foto Yosdany Morejón.
Darielys Rodríguez Furgel, de 26 años, reconoce que al principio sintió temor ante los cambios y la responsabilidad de comenzar una especialidad exigente. El acompañamiento de sus profesores y la práctica diaria le han permitido ganar seguridad, ampliar sus conocimientos y comprender que la Hematología también demanda una sólida formación clínica.
Aunque inicialmente se sentía más atraída por la Medicina Interna, encontró en esta disciplina una oportunidad para desarrollar esa vocación. «Me siento realizada», asegura al valorar lo aprendido durante sus primeros meses, una experiencia que le ha demostrado que estudiar las enfermedades de la sangre no significa renunciar a una visión integral del paciente.
Rosalynn Nápoles Corrales, de 24 años y la más joven del grupo, comenzó a interesarse por la especialidad desde el segundo año de la carrera, cuando se desempeñaba como alumna ayudante de Hematología. Esa experiencia contribuyó a orientar su decisión de incorporarse por vía directa, convencida de que quería dedicarse a una rama clínica de la medicina.
Su mirada sobre el oficio está marcada por una contradicción que los cinco residentes empiezan a reconocer: la satisfacción de contribuir a la recuperación de una persona convive con el dolor de perderla. «Cuando pierdes al paciente, yo creo que nunca se está preparado para eso», reflexiona Rosalynn.
No se trata de una debilidad, sino de una dimensión inseparable del trabajo con enfermedades graves. Los jóvenes necesitan adquirir conocimientos y habilidades para decidir, pero también aprender a comunicar noticias difíciles, acompañar a los familiares y mantener una relación cercana sin perder la capacidad de actuar con rigor profesional.
La doctora Gloritza Rodríguez Matos, especialista de segundo grado en Hematología y durante años vinculada a la dirección del servicio, conoce bien esa realidad. Su trayectoria de 14 años en la especialidad ha estado atravesada por el desafío de encontrar respuestas para quienes llegan con enfermedades potencialmente mortales.
La vocación de Gloritza tiene, además, una raíz íntima: eligió la Hematología después de acompañar a su madre, quien padecía una enfermedad de ese tipo. «Casi por ella yo estudio la especialidad», cuenta. Aquella experiencia personal se convirtió en un compromiso profesional que hoy también se expresa en la preparación de quienes deberán continuar el trabajo.
La especialista reconoce que durante años el servicio tuvo dificultades para garantizar el relevo, tanto por la limitada incorporación de residentes como por quienes no lograban concluir la formación. La llegada de cinco jóvenes constituye, por ello, una oportunidad para fortalecer el equipo, distribuir mejor las responsabilidades y preservar conocimientos acumulados durante décadas.
ENFERMEDADES QUE RECLAMAN ATENCIÓN

La doctora Gloritza Rodríguez Matos, especialista de segundo grado en Hematología y durante años vinculada a la dirección del servicio. Foto Yosdany Morejón.
La preparación de los nuevos hematólogos ocurre mientras la provincia enfrenta un incremento de determinadas enfermedades hematológicas malignas. Según los registros compartidos por Gloritza Rodríguez Matos, el linfoma no Hodgkin continúa encabezando la incidencia entre las patologías malignas atendidas por el servicio, seguido del mieloma múltiple.
Hasta septiembre de 2025 se habían registrado 11 casos de linfoma no Hodgkin en Hematología; en igual período de 2026, la cifra ascendió a 17. El dato corresponde a los pacientes atendidos por ese Servicio y no incluye necesariamente todos los casos diagnosticados o tratados por otras especialidades, como Oncología.
El aumento merece atención, aunque por sí solo no permite establecer las causas del comportamiento epidemiológico. La especialista explica que las investigaciones realizadas en la provincia han identificado asociaciones entre las hemopatías malignas y determinados factores de exposición, entre ellos el contacto con sustancias tóxicas.
En un territorio con una importante actividad agrícola, algunos pacientes han trabajado directamente con fertilizantes y plaguicidas, ya sea durante su preparación o aplicación en los campos. Gloritza advierte que no es posible atribuir a esos productos una responsabilidad causal única, pues en estas enfermedades también intervienen otros factores, incluidos los hereditarios y determinadas infecciones virales.
Su llamado se dirige especialmente a quienes manipulan productos químicos en el ámbito agrícola: protegerse de manera adecuada y cumplir las medidas de seguridad resulta esencial para reducir riesgos, aunque no pueda garantizarse con ello la prevención de todas las enfermedades hematológicas.
“El diagnóstico específico del linfoma no Hodgkin se hace a través del estudio histológico (biopsia), por lo que estamos en estrecha relación con el departamento de Anatomía Patológica”, acota la doctora Rodríguez Matos.
Añade que puede manifestarse mediante el aumento persistente de los ganglios linfáticos, con frecuencia en el cuello, las axilas o las ingles. También pueden aparecer fiebre sin causa aparente, pérdida involuntaria de peso y picazón en la piel. Estos síntomas no confirman por sí mismos un linfoma, pues pueden obedecer a otras afecciones; cuando persisten o se acompañan de otras manifestaciones preocupantes, requieren valoración médica.

Otras patologías que atiende el Servicio incluyen las leucemias, entre ellas las formas mieloides y linfocíticas. Foto Yosdany Morejón.
El mieloma múltiple, por su parte, afecta a las células plasmáticas de la médula ósea y puede comprometer los huesos, los riñones y la producción normal de células sanguíneas. Su diagnóstico y seguimiento exigen estudios específicos que permitan determinar la extensión de la enfermedad y orientar el tratamiento.
Otras patologías que atiende el Servicio incluyen las leucemias, entre ellas las formas mieloides y linfocíticas, además de enfermedades benignas como las anemias por deficiencias nutricionales, la drepanocitosis y la hemofilia. Los pacientes con estas últimas pueden necesitar atención hospitalaria cuando presentan crisis o complicaciones, mientras que otros reciben seguimiento ambulatorio.
Por eso, la experiencia de los especialistas y la preparación de los residentes resultan fundamentales para identificar complicaciones, interpretar los resultados de las investigaciones y adoptar decisiones oportunas.
TRATAR EN MEDIO DE LAS CARENCIAS

La dificultad no es menor en una especialidad que exige interpretar resultados. Foto Yosdany Morejón.
A la complejidad clínica se suman las limitaciones materiales que afectan la atención. Gloritza explica que la disponibilidad irregular de citostáticos y de medicamentos destinados a prevenir o tratar las complicaciones de la quimioterapia obliga a buscar alternativas para no interrumpir, siempre que sea posible, los esquemas indicados.
En determinados casos, los equipos médicos deben recurrir a combinaciones terapéuticas alternativas o a segundas líneas de tratamiento cuando no cuentan con los medicamentos de primera elección. La decisión exige valorar cada situación, pues la edad, las enfermedades asociadas y las condiciones clínicas del paciente influyen en la estrategia que se adopta.
Las dificultades no se limitan a los fármacos. La especialista también ha señalado problemas para completar estudios de imagen necesarios en la evaluación de algunos linfomas, a causa de la falta de disponibilidad de equipos y las dificultades de transportación hacia otras provincias. Esas barreras pueden demorar procedimientos importantes y reducir las posibilidades de cumplir plenamente los protocolos diagnósticos.
La atención de las enfermedades benignas tampoco escapa a la escasez. Los suplementos de hierro, la vitamina B12 y otros medicamentos empleados en las anemias carenciales han experimentado dificultades de disponibilidad y encarecimiento, lo que añade presión a pacientes que necesitan tratamientos y seguimiento.
Para los residentes, este contexto convierte cada jornada en un ejercicio de aprendizaje que va más allá de los libros. Deben comprender los fundamentos de cada tratamiento, reconocer cuándo es necesario modificar una conducta y trabajar junto a sus profesores para buscar la mejor respuesta disponible sin perder de vista las necesidades de las personas enfermas.
LA RESPONSABILIDAD DE CONTINUAR

Los cinco residentes de Hematología comparten la voluntad de aprender junto a los profesionales. Foto Yosdany Morejón.
En Hematología, la formación no termina con la interpretación de un medulograma ni con la selección de un esquema de quimioterapia. También se construye en la conversación con el paciente, en el intercambio entre colegas y en la capacidad de explicar con honestidad las posibilidades y los límites de cada tratamiento.
La doctora Gloritza considera gratificante participar en el diagnóstico de las enfermedades mediante el estudio de la médula ósea y acompañar a quienes logran una respuesta favorable. En su experiencia, las palabras de agradecimiento de una familia pueden dar sentido a años de esfuerzo, incluso cuando otras historias concluyen de una manera dolorosa.
Ese conocimiento acumulado se transmite ahora a los jóvenes que comienzan su camino en el servicio. Lisset, Daniel, Darielys, Rosalynn y Yadián deberán convertir la teoría en criterio clínico, la observación en decisiones y la sensibilidad en una forma responsable de ejercer la medicina.
La incorporación de los cinco residentes no resuelve por sí sola los problemas de una especialidad afectada por la escasez de profesionales y recursos. Sí abre una posibilidad concreta de fortalecer el relevo generacional y preservar la atención hematológica en Sancti Spíritus, donde también se reconoce el aporte de los profesores activos Rolando Camacho Martínez y Michel Rafael Santos González.
En la Sala, mientras cada paciente libra su propia batalla contra la enfermedad, también se prepara el futuro de una disciplina que necesita ciencia, experiencia y humanidad. Los jóvenes comienzan a entenderlo desde ahora: salvar una vida representa una de las mayores satisfacciones de la profesión, pero cuidar, acompañar y aprender a enfrentar la incertidumbre forman parte de una misma responsabilidad.

La conversación con el paciente es fundamental. Foto Yosdany Morejón.
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