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El sinsonte espirituano

El sinsonte espirituano Marcial Benítez Companioni, “El Sinsonte Espirituano”

El 30 de junio del año 1900 – hace 124 años- nació Marcial Benítez Companioni “El Sinsonte Espirituano”, cantador de tonadas y puntos guajiros´

Hijo de una familia humilde solo alcanzó la enseñanza primaria, lo demás fue de forma autodidacta, a finales de la década del 30 inicia su presentación ante el público.Una de las tonadas que contribuyó a su fama fue “Palmarito” llegando a ser la más solicitada por los oyentes.

Se dice, con razón, que nuestra tierra es rica en tradiciones culturales. Casi Cinco Siglos de Historia la dotan de un encanto especial que va desde la arquitectura colonial hasta la trova o la música campesina.

Por supuesto que esta tradición se apuntala decisivamente con la existencia de una cultura popular que define nuestros rasgos de identidad más determinantes.

Cultura popular, en la mayoría de los casos, gestada por la gente más humilde, creada para satisfacer las necesidades de estos y en un contexto específico.

Las fiestas populares, agrupaciones tradicionales, comidas típicas, personajes populares, especificidades lingüísticas y las manifestaciones artísticas, conforman en lo fundamental el cuerpo de nuestra tradición.

La enorme influencia de la décima escrita en la Literatura Espirituana y el inagotable reservorio  deliteratura oral fueron soportes propicios para el éxito de la música campesina. El humor, la “chispa” del espirituano y su apego al terruño se convirtieron en temas recurrentes.

En este contexto florecen los puntos y las tonadas espirituanas, que marcaron, con su impronta, el quehacer musical del país y tipificaron uno de los rasgos de la identidad cultural que más nos señalan.

Figuras como Marcial Benítez, “El Sinsonte Espirituano”, se convirtieron en ídolos populares, en portavoces de los sueños, dolores y aspiraciones de las clases más humildes.

Voz gangosa, marcada por los ancestros de la tierra, Marcial Benítez universalizó la Tonada Palmarito con un ritmo peculiar y una entonación inconfundible. Por allí todavía se escucha su voz, en viejos acetatos o cintas, como fantasma bienhechor que deambula por la ciudad.

Así el cantor, entró en cada hogar y alcanzó el sueño de un artista: Confundirse con su pueblo, ser uno más y estar a la vez en todas partes, ser saludado por todos y vencer a la muerte cuando en otras gargantas con su inconfundible nasalidad murmura:

“Guacanayara, ay palmarito,

Guacanayara, ay palmarito;

Cuando yo me esté muriendo

Ven prieta y dame un besito”.

 

 

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