El pulso de un cirujano trinitario cuando tembló la tierra en Venezuela (+ fotos y audio)
Pedro tiene 69 años y apenas seis meses de trabajo en el Centro de Diagnóstico Integral La Urbina, en el estado Miranda.
Durante más de cuatro décadas, el doctor Pedro García Gómez ha recorrido pasillos de hospitales, salones de operaciones y guardias interminables. Especialista en Cirugía del Hospital General Docente Tomás Carrera Galiano, de Trinidad, pocas situaciones relacionadas con la práctica médica le resultan desconocidas. Pero la tarde del 24 de junio descubrió que existen experiencias para las cuales ningún médico logra prepararse.
A sus 69 años y con apenas seis meses de trabajo en el Centro de Diagnóstico Integral (CDI) La Urbina, en el estado Miranda, la jornada transcurría con absoluta normalidad. Todo cambió cuando su teléfono celular emitió una alerta que hasta entonces solo había visto en noticias o documentales.
«El teléfono me dio una alarma de sismo», recuerda. Sentado en la habitación que compartía con Julio, un enfermero espirituano, apenas alcanzó a comentarle lo ocurrido.
—“Julio, el teléfono me dio una alarma”, dijo, pero la conversación quedó inconclusa.Apenas unos segundos después, el edificio entero comenzó a moverse.

Pedro (vestido de verde) junto al enfermero espirituano Julio Evelio Hernández, en Venezuela.
«El piso parecía una ola, como si uno estuviera en una chalupa allá en la playa de La Boca», relata el médico, recurriendo a una imagen profundamente trinitaria para explicar una sensación difícil de describir. Las sillas se desplazaban solas, el techo parecía balancearse sobre sus cabezas y el sonido metálico de las lámparas acompañaba un movimiento que aumentaba en intensidad. Entonces comprendieron que aquello no era un simulacro ni una falsa alarma.
«Está temblando la tierra», gritó en voz alta.
Los especialistas describieron posteriormente aquel episodio como un inusual doble terremoto, con dos fuertes movimientos registrados con apenas unos segundos de diferencia, una combinación que multiplicó el impacto sobre varias regiones del centro-norte venezolano y dejó importantes daños en infraestructuras, viviendas y servicios.
Pero mientras los sismólogos analizaban magnitudes y epicentros, quienes estaban dentro del edificio solo tenían una certeza: había que salir cuanto antes.
Los colaboradores abandonaron las habitaciones y comenzaron a descender apresuradamente por las escaleras. Cada peldaño estaba acompañado por la incertidumbre de no saber si la estructura resistiría un nuevo sismo. Al mirar las paredes descubrieron que ya mostraban grietas y fracturas provocadas por el movimiento. El temor a un derrumbe dejó de ser una posibilidad remota para convertirse en una amenaza real.

El cirujano trinitario Pedro García lleva ya más de 6 meses de misión en Venezuela. Fotos cortesía del entrevistado.
Una vez en el exterior buscaron refugio en la plazoleta ubicada frente al centro asistencial. Desde allí observaron con impotencia las fisuras que recorrían el edificio donde, hasta minutos antes, desarrollaban su trabajo cotidiano.
Nadie intentaba ocultar la tensión. Algunos permanecían en silencio; otros hablaban para contener el miedo. Incluso los propios venezolanos, acostumbrados a convivir con una actividad sísmica mucho más frecuente que en Cuba, reconocían la magnitud excepcional de lo que acababan de experimentar.»Fue una experiencia para la cual no tengo palabras. Ver tan cerca la muerte en algo que uno oye mencionar, pero nunca piensa que llegará a formar parte de su propia vida», confiesa el cirujano.
Las orientaciones de las autoridades fueron claras: permanecer lejos de cualquier construcción mientras persistiera el riesgo de nuevas sacudidas.
Así transcurrió buena parte de la noche. A la intemperie, soportando el frío y el cansancio, los colaboradores cubanos permanecieron unidos, atentos a cualquier indicación y conscientes de que, en situaciones como esa, la prioridad dejaba de ser el bienestar propio para concentrarse en quienes pudieran necesitar asistencia médica urgente.
DESPUÉS DE QUE LA TIERRA HABLÓ

Pedro asegura haber vivido el mayor susto de su vida durante los recientes terremotos ocurridos en Venezuela.
Las afectaciones sufridas por el Centro de Diagnóstico Integral La Urbina obligaron a reorganizar casi de inmediato el trabajo de la Misión Médica Cubana. Pedro García fue reubicado en el CDI Santa Cruz del Este, donde presta servicios junto al resto del personal redistribuido.
Allí reciben principalmente pacientes con lesiones de menor gravedad, mientras otros hospitales asumen los casos más complejos derivados de las zonas con mayores daños.
La respuesta sanitaria tampoco se limitó a las instituciones hospitalarias. Brigadas integradas por colaboradores cubanos comenzaron recorridos casa por casa para identificar personas lesionadas, familias damnificadas o pacientes en condiciones de vulnerabilidad que necesitaran atención médica o seguimiento.
Para el experimentado cirujano, esa rápida organización confirmó el verdadero sentido de una misión internacionalista: estar presentes cuando más falta hace.»El pueblo venezolano está agradecido», asegura. «Y nosotros estamos aquí para cumplir con nuestro deber.»

Pedro y sus colegas en el nuevo CDI donde fueron reubicados.
Sus palabras las pronuncia con la serenidad de quien ha dedicado casi toda una vida a operar pacientes y entiende que, aun en medio del desastre, el trabajo médico no admite pausas. Después del miedo, de las grietas y de una noche pasada bajo el cielo por temor a un derrumbe, volvió a colocarse la bata y regresó a atender enfermos.
El 24 de junio pasado, comprendió que también existe una fragilidad contra la que ningún médico puede luchar.
Cuando evoca el estruendo de las lámparas, las grietas que recorrieron el edificio y la noche pasada lejos de cualquier pared, no habla de hazañas. Habla de una experiencia que le recordó que hay terremotos que terminan en segundos y otros que siguen temblando, mucho tiempo después, en la memoria de quienes los vivieron.
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