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Cuidar los bosques es cuidar el futuro de Cuba (+ fotos)

Cuidar los bosques es cuidar el futuro de Cuba (+ fotos) Fotos: Oscar Alfonso.

El Día del Trabajador Forestal es una celebración instaurada en Cuba desde 1982 para enaltecer a los constructores del patrimonio verde de la nación, así como para detenerse en la obra cotidiana de hombres y mujeres que, monte adentro, desafían el silencio, la lejanía y las inclemencias del tiempo.

Este 21 de junio no es una fecha más en el calendario: es el justo reconocimiento a quienes llevan en las manos el aroma de la resina, en la piel el sol de las serranías y en el alma la convicción de que cada árbol plantado constituye un acto de soberanía.

Cuba ostenta hoy una cobertura boscosa que supera el 33 por ciento de su territorio, resultado de una voluntad política que colocó la reforestación entre las prioridades de la Tarea Vida, el plan del Estado para el enfrentamiento al cambio climático.

Los bosques no solo oxigenan el aire y fijan carbono; son fábricas insustituibles de agua, refugio de la biodiversidad y escudo contra la erosión de los suelos; pero detrás de ese verde olivo que tanto enorgullece, hay sudor, ciencia y una mística que solo entiende quien ha sembrado un poste de majagua en una loma casi vertical.

Y si hay un sitio donde esa mística se palpa en cada amanecer, es el Área Protegida Alturas de Banao, reserva ecológica enclavada en el macizo montañoso de Guamuhaya, en el centro del país. Con cerca de 6 500 hectáreas de bosques semideciduos, pinares y mogotes cársticos, Banao atesora uno de los índices más altos de diversidad biológica de Cuba y el Caribe insular. Aquí conviven el tocororo, la cotorra, el zunzún y el cartacuba con especies florales únicas como la Magnolia cubensis y orquídeas endémicas que apenas sobreviven en otro rincón del planeta.

“Para nosotros, cada árbol es un hijo más —ha confesado a la prensa Raúl Méndez, guardabosques con tres décadas de brega en la serranía—. Aquí protegemos el agua que baja hasta la presa Zaza, la que beben cientos de miles de espirituanos. Si descuidamos la montaña, se seca el llano”.

Sus palabras resumen la trascendencia estratégica de estos ecosistemas: las alturas de Banao constituyen la principal zona de captación hídrica de la mayor cuenca subterránea del territorio, regulan el clima local y funcionan como un corredor biológico vital entre la costa sur y la cordillera.

La labor de los trabajadores forestales en esta área —concentrados en la Unidad Empresarial de Base Silvícola de Sancti Spíritus y en el propio sistema de la reserva— abarca desde la vigilancia permanente contra incendios y talas furtivas hasta el enriquecimiento genético de los pinares de Pinus tropicalis (pino macho), especie que en Banao encuentra su límite oriental de distribución.

Con recursos que casi nunca sobran y una consagración que sobrepasa los horarios, estos hombres y mujeres recorren cada día trillos imposibles para monitorear la salud del bosque, anillar mariposas, censar aves o restaurar áreas degradadas mediante la siembra de posturas cultivadas en viveros rústicos.

La ciencia respalda su empeño. Investigaciones del Jardín Botánico y del Centro Nacional de Áreas Protegidas han documentado en Banao más de 800 especies de plantas superiores y una fauna que incluye al catey, el murciélago polinizador y la Polymita picta, el molusco terrestre de colores que es símbolo de la conservación insular. No es casual que esta reserva ecológica haya sido propuesta para integrar la red de sitios de importancia mundial: representa un refugio climático donde resisten linajes ancestrales que la Revolución se ha empeñado en preservar para las nuevas generaciones.

Los desafíos, sin embargo, crecen al ritmo del termómetro global. Sequías más prolongadas, incendios rurales que cualquier imprudencia humana convierte en tragedia y la presión de un desarrollo turístico que mira a las montañas obligan a redoblar la guardia. El país impulsa un programa de manejo sostenible que incluye el aprovechamiento controlado de café de sombra en los mogotes, una práctica agroforestal que combina producción y conservación mientras da empleo a comunidades locales. Allí, el obrero forestal enseña que es posible vivir del bosque sin aniquilarlo.

En el Día del Trabajador Forestal, las Alturas de Banao se alzan como metáfora perfecta de la resistencia y la esperanza. Cada surco de pinos jóvenes, cada cotorra que anida en un tronco añoso, cada informe de guardaparques que confirma el retorno de una especie amenazada, son trofeos de una batalla diaria que merece todo el respeto de la nación.

Fuentes: Escambray, Trabajadores, Granma

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