Cuba se prepara para próxima Serie Nacional de Béisbol
La 65 Serie Nacional de Béisbol ya se asoma en el horizonte como un tren obstinado que no se detiene, e intentará demostrar que, aun en medio de una dura crisis económica, la pelota en Cuba no se rinde.
El próximo martes, en el Salón Adolfo Luque del Estadio Latinoamericano, la Comisión Nacional de Béisbol se reunirá con la prensa para desmenuzar la arquitectura del nuevo campeonato, hijo directo de una coyuntura económica que obliga a replantear calendarios, viajes y sueños al ritmo del combustible disponible.
Durante el último mes, técnicos y directivos han diseccionado varias estructuras competitivas buscando la ecuación más viable, una fórmula que permita mantener vivo el mayor espectáculo deportivo del país y, a la vez, recortar kilómetros de carretera sin amputar del todo la pasión.
En medio de una crisis que ha dejado en pausa otros torneos, el Inder y el ente rector del béisbol se han empeñado en que la pelota no sea otro calendario suspendido, porque saben que en muchos barrios el campeonato es la última cita colectiva que todavía convoca aplausos y discusiones.
La próxima Serie traerá sus propios imanes con el regreso de directores de aura ganadora como Alfonso Urquiola al frente de sus Vegueros y Miguel Borroto como timonel de los Toros, los Cocodrilos de Matanzas defenderán la corona recién conquistada con la mezcla habitual de irreverencia y oficio, mientras Industriales, campeón vigente de la Liga Élite, se aferra al anhelo del título nacional que le ha sido esquivo durante dieciséis años.
Hablar de la importancia del béisbol en Cuba implica aceptar que la calidad de la Serie ha perdido brillo respecto a las décadas doradas, pero también que el juego sigue siendo una liturgia colectiva donde se exorcizan las carencias cotidianas a fuerza de jonrones, lanzamientos al límite y niños que sueñan en las gradas con ser el próximo héroe del noveno inning.
Habrá regresos que removerán nostalgias, jugadores que cambiarán de equipos y agitarán debates de esquina, jóvenes que irrumpirán con la furia de quien no conoce el miedo y veteranos que se mantendrán firmes, como el buen vino que resiste el paso de los almanaques y demuestra que la pelota también se juega con memoria.
Por ahora el campeonato se anuncia como una promesa sin detalles, un tablero a medio dibujar que el martes empezará a tomar forma entre cifras, calendario y reglas, pero ya se sabe que cuando se lance la primera bola la 65 Serie Nacional será mucho más que un torneo: será el recordatorio de que, aun en la cuerda floja de la crisis, el país todavía encuentra fuerza para reunirse alrededor de un diamante y gritar que el juego continúa.
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