Con 21 años, Cristian Fernández ahora dirige la escuela donde inició estudios
Con sólo 21 años, Cristian José Fernández Rives dirige hoy la institución educativa Roberto Quesada Ramírez de Sancti Spíritus, el mismo centro donde fue alumno.
Su historia es la de un joven que, desde muy temprano, supo que la enseñanza sería su camino.
“La profesión maestro primario siempre me ha gustado. Cuando yo entré a la escuela me dieron un grupo de primer grado, un grupo que era muy fuerte. Cada vez que yo venía era el grupo que me daban porque casi nunca tenía maestro. Un grado súper importante, el mejor grado. Esa es la base. El grado más bonito que hay es el primer grado”.
Hoy, con voz serena, Christian recuerda cómo fueron sus primeros pasos en esta honrada labor cuando la vocación se transformó en profesión y cada aula se convirtió en escenario de sueños compartidos.
“Estuve aquí trabajando como maestro primario en un grupo de tercer grado. Cinco meses me llevan para el Politécnico Estanislao Gutiérrez a ocupar la plaza de subdirector docente. Seis meses”.
“Me dan la oportunidad de ocupar el cargo de presidente del Consejo Popular. Garaita es donde mismo está enmarcada la escuela, pero, el maestro es maestro. Y como me gustó tanto mi profesión, volví de nuevo para la escuela. Trabajaba en la escuela y también en el hogar de niños sin amparo como velador. A los pocos meses me asignaron la plaza de subdirector docente del hogar y de este curso me dieron la posibilidad de asumir la dirección de la escuela donde estamos”.
Con la humildad y sencillez que iluminan su andar, confiesa que el triunfo no se alcanza en soledad. sino en la compañía de quienes, como él, siembran esperanza.
“ Yo diría que me he encontrado en una escuela donde trabajamos todos unidos. Los maestros siempre dan el paso al frente. Lo más difícil de ejercer el cargo es que uno siempre tiene que estar buscando alternativas para también ayudar a los trabajadores en el momento actual”.
“Un director nunca llega a cumplir sus funciones si su colectivo de trabajadores no lo sigue. Sin ellos, la escuela no funciona, porque el mayor eslabón de la escuela son aquellos maestros que a pesar de tener alguna situación en su casa, algo que les falte, siempre vienen con buena cara a tratar de sacar adelante la educación”.
El espirituano Cristian José Fernández Rives recuerda que la juventud no es sinónimo de inexperiencia, sino de energía, compromiso y visión de futuro. Su huella no se mide solo en logros personales, sino en la esperanza que despierta en cada estudiante quienes lo miran como referente porque, a sus 21 años, ya escribe páginas donde el verdadero liderazgo nace del servicio y la vocación.
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