Carla Rodríguez Pérez: Soy, sencillamente, una persona con un padecimiento (+ fotos)
A los pocos meses de nacida, Carla Rodríguez Pérez fue diagnosticada con hipoacusia. Fotos: Alien Fernández Martínez.
Apenas cabía en las manos maternas cuando la confirmación se hizo extensiva a la familia. El vocablo hipoacusia sonó mucho más fuerte que la mismísima pérdida auditiva de la pequeña. El mundo se estremeció. Pero con la misma intensidad de la noticia, familia y profesionales del sector de la Salud buscaron asideros para hacerle menos pesado el complejo proceso que significa crecer.
“Me cuentan que el cordón umbilical se me enredó y afectó un nervio —dice sin muchas estridencias Carla Rodríguez Pérez—. Por eso, escucho muy poco, casi nada. Para algunos sonidos sí preciso que alcen más la voz; pero no pienso en eso. Ni siquiera me detengo en desear no haber nacido así porque es algo que no pude decidir. Soy, sencillamente, una persona con un padecimiento”.
Es esa su carta de presentación cuando el dispositivo electrónico pequeño y transparente ajustado a su oído izquierdo llama la atención del resto de las personas. Desde que cumplió un año le acompaña. Así pudo, un tanto más demorado en el tiempo de lo establecido, aprender a expresar los sonidos que le rodean.
“Nunca llego a un lugar diciendo que tengo un padecimiento. Espero que se enteren y sí, les explico a quienes me preguntan. Realmente, siempre trato de buscar un vínculo social que no me vaya a juzgar. Me trato de incluir en todo lo que pueda. Busco alternativas”.
Habla gracias a la inclusión. En su caso ha sido un método eficaz. Primero, el círculo infantil Verdes Primaveras; luego, la Secundaria Básica 23 de Diciembre y, ahora, en el Instituto Vocacional de Ciencias Exactas (IPVCE) Eusebio Olivera, de Sancti Spíritus.
A la par de vencer los objetivos de cada nivel, suma en su expediente de vida haber integrado un grupo de danza, aunque prefiera la tranquilidad del hogar enclavado en la zona norte de la añeja urbe del Yayabo y disfrutar de series audiovisuales.
“Me ha tocado en todos esos lugares ser la única con hipoacusia. Por ello, y quizá suene egocéntrico, me defino como alguien especial. He tenido que romper con lo común para el resto. Igual, haber estado en esas instituciones educativas me ha levantado mucho la autoestima”.
Escucharla, aunque lo niegue, es sentir la fuerza de una verdadera guerrera. Con 15 años, la espirituana Carla Rodríguez Pérez conoce bien el dolor por miradas esquivas y etiquetas impuestas por una sociedad aún en deuda con quienes fracturan lo “normado”.
“Mi mamá siempre se ha esforzado porque nada de eso me duela ni me ofenda, pero sí lo he sufrido porque los seres humanos juzgamos lo que no vivimos o desconocemos. Entonces, cuando eso me pasa, pienso que no puedo cambiarlos y, por tanto, tengo que aprender a lidiar con esas situaciones. Lo que sí nunca he sentido es que se me tenga lástima. Igual, no me considero una persona muy optimista. Me impongo cosas a lograr. Y, hasta este momento, todas las metas las he obtenido. No me pongo límites”.
Carla es resiliente por naturaleza. Tal vez no lo ha concientizado, pero basta apreciar cómo se desenvuelve y mirar por el retrovisor de su niñez para dar fe de ello. Ha aprendido acomodarse a los entornos. Consejos y guías de quienes la acompañan le han valido para salir airosa ante los no pocos obstáculos.
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