Así se habla el español aplatanado en Cuba
El Día Internacional de la Lengua Materna, proclamado por la UNESCO en 1999, se celebra cada año con el propósito de promover la diversidad lingüística y la preservación de los idiomas como patrimonio cultural de la humanidad. En Cuba, esta fecha adquiere un matiz especial: se convierte en una oportunidad para celebrar la riqueza del español que se habla en la isla y, al mismo tiempo, para reflexionar sobre la importancia de estudiar y preservar las lenguas de origen africano que forman parte esencial de nuestra identidad nacional.
El español que se habla en Cuba es fruto de siglos de historia, mestizaje y creatividad popular. Su léxico se distingue por giros propios, expresiones coloquiales y una musicalidad que lo hacen reconocible en cualquier parte del mundo. Palabras como “guagua” para referirse al ómnibus, “asere” como saludo amistoso, o “chévere” para expresar aprobación, son ejemplos de cómo el idioma se adapta a la vida cotidiana y refleja la idiosincrasia del pueblo cubano.
La riqueza léxica del español “made in Cuba” no solo se manifiesta en el habla popular, sino también en la literatura, la música y el cine. Autores como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén o José Lezama Lima plasmaron en sus obras la singularidad de nuestra lengua, convirtiéndola en vehículo de universalidad. La trova, el son y la rumba, con sus letras llenas de giros cubanos, son también testimonios de cómo el idioma se convierte en arte.
Junto al español, Cuba guarda en su memoria cultural las lenguas de origen africano que llegaron con los esclavos durante la época colonial. Aunque muchas de ellas no se conservan como idiomas de uso cotidiano, su influencia es palpable en la religión, la música y las tradiciones populares. El lucumí, derivado del yoruba, se mantiene vivo en los rezos y cantos de la santería; el congo, vinculado a los cultos de Palo Monte, conserva vocablos y expresiones que se transmiten de generación en generación.
Estas lenguas no solo representan un legado histórico, sino también un símbolo de resistencia cultural. En ellas se cifran conocimientos, valores y cosmovisiones que enriquecen la identidad cubana. Preservarlas implica reconocer la diversidad que nos conforma y valorar la herencia africana como parte inseparable de nuestra nación.
Instituciones académicas y culturales en Cuba han asumido la tarea de investigar y difundir este patrimonio lingüístico. La Universidad de La Habana, el Instituto de Literatura y Lingüística y la Casa de África desarrollan proyectos que buscan documentar las lenguas de origen africano y su influencia en el español cubano. Asimismo, festivales como el del Caribe en Santiago de Cuba ofrecen espacios para visibilizar estas tradiciones y promover el diálogo intercultural.
La preservación de las lenguas maternas no es solo un ejercicio académico, sino también un acto de justicia histórica. Significa reconocer la voz de quienes fueron silenciados y garantizar que sus aportes sigan vivos en la cultura nacional. En este sentido, la celebración del 21 de febrero en Cuba se convierte en un llamado a fortalecer la enseñanza del español con conciencia de su diversidad y a mantener vivas las raíces africanas que nos definen.
En un mundo globalizado, donde muchas lenguas corren el riesgo de desaparecer, Cuba reafirma su compromiso con la defensa de su idioma y con la preservación de las raíces que lo enriquecen. Porque cada palabra, cada expresión y cada canto son parte de la historia viva de un pueblo que se reconoce en su lengua y la proyecta hacia el futuro.
Fuentes: Revista La Jiribilla, Cubarte, Buen Idioma
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