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Artista espirituano gana espacio en eventos nacionales

Artista espirituano gana espacio en eventos nacionales Foto: Tomada del perfil de FB. del artista.

«Siempre digo que más que yo haber elegido la guitarra, siento que la guitarra me encontró a mí. Sobre la prolongada curva se deja caer tan ligero como si gravitara. A ojo humano resulta inevitable no admirar ternura, respeto, complicidad. Sentimientos que se agitan al recorrer con sus manos el cuerpo sostenido sobre los muslos. Es solo el inicio. La mejor parte llega cuando Luis Javier García Rodríguez pulsa las seis cuerdas que sonorizan su vida».

«Mi principal interés estaba en el canto. A los 9 años comienzo un taller de guitarra que impartía mi instructora de arte, pero en ese momento lo veía más como una herramienta que me permitiría acompañarme mientras cantaba. Sin embargo, cuando yo llego a las cantaciones para ingresar a la Escuela Elemental de Música Ernesto Lecuona, los profesores me identifican las condiciones y aptitudes para desarrollar en mí la especialidad de la guitarra. Y es ahí cuando cuando ocurre algo muy importante, o sea, la guitarra deja de ser simplemente un medio de acompañamiento y comienza a convertirse en mi instrumento, en mi forma de expresión».

«Desde pequeño siempre estaba cantando, bailando y haciendo alguna representación y buscando la manera de expresarme. Tuve la oportunidad de acercarme a la instructora de arte Hermis Yarlín Hernández, Yaya, como todos la conocemos, quien fue una figura importante en mi primer acercamiento».

«Con ella pude explorar diferentes manifestaciones, el canto, la guitarra y también los instrumentos de percusión, lo que me permitió descubrir distintas formas de expresión musical».

«También recuerdo mi vínculo con la Casa de Cultura de allí mismo, de la Sierpe, donde participé en los talleres relacionados con la música campesina y la interpretación de ese repertorio tan arraigado a nuestra identidad cultural.»

«Yo creo que fueron experiencias sencillas, pero muy significativas, porque construyeron la primera puerta de entrada a un universo que después se convertiría en mi profesión».

«El momento en el que realmente creo que comprendí que quería dedicar mi vida a la música fue cuando realizó el pase de nivel».

«Esto dentro del sistema de la enseñanza artística es un proceso importante y para mí significó mucho más que una evaluación académica, fue una confirmación personal porque me permitió mirar hacia adelante y entender que la guitarra, más que un instrumento de estudio, era la vía mediante la cual quería expresarme, comunicar mis emociones y construir como tal mi futuro.»

Y no se equivocó. no pudo hallar mejor compañero de vida que Luis y como se le conoce desde que abrió los ojos hace 22 años.

Del muchachito que ponía de cabeza media Sierpe desde el círculo infantil, por el derroche de creatividad en cualquier propuesta, al hoy estudiante del Instituto Superior de Arte, no ha cambiado el empeño y talento para cuando se propone una meta. Regreso a La Sierpe ya como egresado, a ese municipio natal, y en ese momento sentir la necesidad de devolver un poco de todo lo que había recibido durante mi proceso de formación artística. Porque aunque no he estado presente físicamente en La Sierpe , La Sierpe  siempre estuvo en mí.

Es un lugar donde hay mucho talento, mucha creatividad y muchas personas con deseo de expresarse.

«A veces lo que falta no es la capacidad, sino los espacios y las oportunidades para que esas capacidades puedan mostrarse. Desde esa motivación nace un proyecto que titulé Corazón Latino, una compañía artística que recuerdo con muchísimo cariño dentro de mi trayectoria.»

Fue un proyecto que reunió músicos, bailarines y jóvenes creadores del municipio. Con Corazón Latino intentamos revitalizar los espacios culturales de la Sierpe, especialmente desde la Casa de Cultura.

Aquí creamos espectáculos con diferentes conceptos, propuestas escénicas que permitían acercar las manifestaciones artísticas a diversas comunidades.

Más allá de hacer representaciones, la intención principal era fomentar el gusto por el arte, estimular la participación y demostrar que desde un municipio también podían generarse proyectos con calidad y compromiso.

Volver a esta escuela, o sea, la Ernesto Lecuona significó cerrar un ciclo de una manera muy especial. Fue reencontrarme con los espacios donde comencé a construir mi identidad como músico, pero esta vez con responsabilidad y  satisfacción .

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Cultura,  En Audio

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