Artesano de las casas de tabaco
Siendo apenas un jovencito, el taguasquense Miguel Ortiz Peñate asumió por necesidad de su cooperativa la construcción de casas de tabaco; desde entonces se ha consolidado como un gran artesano de la carpintería en pleno desafío a las alturas.
«Es de gran significado mi trabajo. Como carpintero he ayudado a casi todos los campesinos de Taguasco en la construcción de las casas para la curación del tabaco. Me inicié en la CPA Niceto Pérez, donde era cooperativista, asumí la misión y de ahí he seguido en el oficio. En estos 40 años he asumido esa labor en La Habana y Pinar del Río ante afectaciones de ciclones».
En relación con las habilidades para este inusual oficio nos cuenta: «A mí siempre me gustó la carpintería y tenía facilidad para ver una construcción y hacerla. Nadie me enseñó, así repitiendo aprendí. Copié las medidas, se metieron en la cabeza y ahí están cada vez que hago una nueva obra. No me costó mucho tiempo aprender, y mira, al cabo de los años me dicen los vegueros con los que he trabajado que soy especialista y todos se quedan maravillados por los aposentos. Dicen que son perfectos para retocar los cujes y moverse por toda su estructura».

Las piezas de los aposentos se arman al estilo de un rompecabezas, del que Miguel sabe todos sus secretos. Fotos; Eduardo Sicilia
Sobre la parte más compleja de la construcción de los aposentos añade: «Lo más difícil es la puesta de los horcones, la cimentación de la casa. Después se ponen las soleras y es fácil para arriba. Se levantan las tijeras y es cosa de rutina; yo las hago perfectas. Esas piezas se arman en el suelo y se van instalando arriba. Se les ponen los pies de amigo y queda la casa de tabaco hecha. Eso es lo más difícil; lo otro es muy fácil. La gente me dice: ‘Eres un especialista’. Todavía me sobran fuerzas. Me jubilé hace dos años, pero sigo porque no hay quién haga este trabajo en la zona. La gente me persigue. Mira, ahora debo empezar a levantar seis nuevas casas en Los Limpios, para el programa de la capa. Es una satisfacción ayudar al desarrollo tabacalero».
Sobre el riesgo de trabajar en alturas considerables, Miguel Ortis señala: «No tengo miedo, eso lo perdí pronto. Yo arriba estoy igual que en el suelo. Corro y camino por arriba del zinc con una soga igual que cuando estoy abajo. Es peligroso; del viento tienes que cuidarte porque es un gran enemigo, pero no tengo miedo. No puedes amarrarte porque entonces no logras trabajar. Él azota y yo aguanto el zinc para que no se vaya, y sin miedo. A veces se vuela el sombrero, pero no hago reacciones que puedan ocasionar un accidente; cuando bajo lo recojo. Aquí estaré hasta que tenga salud. Ya trabaja conmigo mi hijo, que tiene dominio de la carpintería y le gusta».
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