Shaka: la otra cara de las bebidas energizantes
La bebida energizante Shaka es uno de los productos que gana presencia entre adolescentes y jóvenes cubanos.
A aquella muchacha nadie la imaginó en una Unidad de Cuidados Intensivos cuando comenzó la fiesta.
Como tantos jóvenes, probablemente había llegado allí en busca de unas horas de diversión, de esas que permiten olvidar por un rato el calor, las preocupaciones cotidianas y hasta las largas noches en las que dormir adecuadamente puede convertirse en un lujo.
En algún momento consumió Shaka.
Poco después, aquella decisión adquirió otra dimensión.
Cuando sus compañeros comprendieron que algo grave ocurría, la trasladaron al Hospital Provincial Camilo Cienfuegos, de Sancti Spíritus. Llegó prácticamente en coma, según relata Yaneisy Valdés Gutiérrez, directora en funciones del centro asistencial y especialista en toxicología.“El equipo médico tuvo que recurrir a la ventilación mecánica y mantenerla bajo vigilancia durante 24 horas”, explica.
La escena, reconstruida a partir del testimonio médico, tiene poco que ver con la imagen habitual asociada a una bebida que circula entre los jóvenes como una fórmula rápida para mantenerse despiertos y combatir el cansancio.
Allí no había energía.
Había una lucha por recuperar las funciones vitales de una paciente cuya intoxicación había puesto en peligro su vida.
La buena noticia llegó horas después. Al mediodía, los médicos ya podían verla consciente y orientada, en condiciones de responder al interrogatorio que permitió esclarecer qué había ocurrido durante la ingestión de la bebida.
Pero aquella muchacha no fue un caso aislado.
En lo que va de agosto, cinco jóvenes de entre 18 y 22 años han sido atendidos en el Hospital Camilo Cienfuegos por intoxicaciones relacionadas con el consumo de Shaka, de acuerdo con la especialista.
Cuatro presentaron síntomas ligeros —cefalea, vómitos, decaimiento, sudoración y taquicardia— que pudieron resolverse después de unas cuatro horas de observación en el cuerpo de guardia.
El quinto fue la joven cuya vida estuvo en peligro y que necesitó ventilación mecánica.
Cinco casos en un mismo mes obligan a mirar más allá de cada historia individual.
Hablan de una práctica que gana espacio entre los jóvenes espirituanos, precisamente cuando la bebida comienza a convertirse en tendencia en diferentes territorios del país.
Las primeras llamadas telefónicas solicitando información sobre Shaka llegaron a los expertos de la provincia en junio. Entonces eran esporádicas. Durante julio aumentaron y, según la toxicóloga, el mayor incremento del consumo se ha observado durante agosto, lo cual coincide además con el desarrollo de actividades y fiestas populares.
LA PROMESA DE SENTIRSE CON ENERGÍA
Shaka llegó al imaginario de muchos jóvenes con una promesa sencilla: ayudarles a permanecer despiertos, combatir el cansancio y recuperar rápidamente una sensación de energía.
Valdés Gutiérrez explica que esa percepción constituye uno de los elementos que han favorecido que el producto se convierta en tendencia.
“La cafeína, uno de los componentes de la bebida, es un estimulante del sistema nervioso central y puede producir inicialmente una sensación de satisfacción, estímulo y energía. Esa respuesta puede llevar al consumidor a interpretar que el cansancio desapareció; sin embargo, cuando se abusa de su consumo o la persona no está acostumbrada a la cafeína, pueden aparecer exacerbación del cansancio, sueño o insomnio, además de otros síntomas”, explica.
La diferencia resulta fundamental cuando quienes consumen el producto son adolescentes o jóvenes que prolongan las horas de vigilia para estudiar, conversar, divertirse o participar en actividades nocturnas.
La estimulación puede convertirse así en un mecanismo para posponer las señales que envía el propio cuerpo.Y cuando desaparece la percepción del cansancio, aparece fácilmente la tentación de consumir nuevamente.
LO QUE REALMENTE HAY DENTRO DE LA LATA
Una de las presentaciones de Shaka que circulan en Cuba se comercializa en latas de 250 mililitros. Bajo la denominación Shaka Mixer Energy-Vodka, el fabricante registra versiones con 18 y 22 por ciento de alcohol por volumen. La fórmula combina vodka y bebida energética.
Shaka no es solamente una bebida asociada a la cafeína y a la sensación de energía. Algunas de sus presentaciones son, técnicamente, bebidas alcohólicas mixtas que incorporan componentes propios de las energizantes.
La combinación merece especial atención. Mientras la cafeína actúa como estimulante del sistema nervioso central, el alcohol ejerce un efecto depresor. El organismo recibe, por tanto, sustancias con efectos diferentes y el consumidor puede tener dificultades para interpretar correctamente su propio estado de intoxicación.
Las distintas variantes incorporan además sabores que pueden hacer menos perceptible el gusto característico del alcohol. La línea comercial incluye, entre otras, combinaciones como vodka-energy, whisky-cola, mojito y coco-piña.
La lata puede parecer pequeña.El problema que contiene no lo es.
LA INTOXICACIÓN NO SIEMPRE PARECE UNA INTOXICACIÓN
La especialista describe una primera etapa caracterizada por satisfacción, estímulo y euforia, pero explica que, cuando el consumo continúa, pueden aparecer irritabilidad, agitación, sudoración profusa, taquicardia, elevación de la presión arterial, dolor de cabeza, alteraciones de la memoria y cambios importantes en la conducta.
En los cuadros de mayor gravedad puede ocurrir pérdida de conciencia.El cuerpo, mientras tanto, acumula los efectos de las sustancias ingeridas.
Puede aparecer dolor abdominal, vómitos y un decaimiento intenso, hasta llegar incluso a la pérdida de conciencia.“El problema es que, en medio de una actividad juvenil, quienes acompañan al afectado no siempre comprenden que están ante una emergencia médica”, explica la doctora.
Ahí comienza otra parte de la historia que pocas veces se cuenta.
El miedo. La vergüenza. El silencio.
La especialista explica que algunos jóvenes, ante la intoxicación de un compañero, se marchan asustados o dejan al afectado sin asistencia, mientras otros llegan a los servicios de salud sin revelar exactamente qué consumieron o con qué lo mezclaron.
Esa omisión puede dificultar la valoración médica y retrasar la identificación de la sustancia responsable de los síntomas.Por eso, una de las recomendaciones más insistentes de Valdés Gutiérrez es también una de las más sencillas: Decir la verdad.
¿Qué se consumió? ¿Cuánto? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿Con qué se mezcló? ¿Y cuánto tiempo transcurrió antes de que aparecieran los síntomas?
No se trata de juzgar al paciente.Se trata de salvarlo.
TRES LATAS, CERVEZA Y UNA PUERTA ROTA
Si la joven que terminó en terapia intensiva representa la cara más grave de esta historia, otro de los casos atendidos en agosto muestra hasta dónde pueden llegar las alteraciones conductuales asociadas al consumo.
El joven había ingerido tres latas de Shaka y, además, había mezclado la bebida con cerveza y alcohol.Cuando llegó al hospital presentaba una intoxicación entre moderada y severa, con una agitación y una euforia tan marcadas que el manejo resultó difícil.
Fue necesario restringirlo al lecho y utilizar sedación para controlar el cuadro.No agredió al personal sanitario, pero sí rompió una puerta dentro del hospital.Después de aproximadamente seis horas de observación, los síntomas mejoraron y el paciente dejó de encontrarse en peligro para su vida.
Tres latas.Cerveza.Más alcohol.Y una puerta rota.A veces, una historia clínica también puede contar lo que ocurre cuando una bebida deja de ser percibida como una bebida y comienza a convertirse en un riesgo.
EL CONTEXTO TAMBIÉN BEBE
Las altas temperaturas favorecen el consumo rápido de bebidas frías y gaseadas. Los horarios nocturnos prolongan las actividades. La presión del grupo hace el resto.
Y el precio también interviene.
La especialista sitúa el costo de la bebida entre 450 y 550 pesos cubanos y señala que, para los jóvenes, puede resultar atractiva cuando se compara con el precio de una cerveza.
Así se completa el circuito: una bebida relativamente accesible, con sabores que pueden hacer menos perceptible el alcohol, asociada en el imaginario juvenil con energía y resistencia al cansancio y consumida en espacios donde la noche parece exigir precisamente eso: permanecer despierto.
Lo que no suele formar parte de la conversación es la graduación alcohólica.Una presentación de Shaka Mixer contiene 18 por ciento de alcohol; otra llega al 22 por ciento.
La cerveza que muchos jóvenes utilizan como referencia puede rondar el cinco por ciento.La diferencia no es menor.
CUBA NO ESTÁ SOLA FRENTE A LA ALERTA
Lo que ocurre ahora en Sancti Spíritus forma parte de una preocupación sanitaria que también ocupa espacio en otros países.
En julio de 2026, el Gobierno de Inglaterra anunció que prohibirá la venta de bebidas energizantes con alto contenido de cafeína a menores de 16 años. La medida, prevista para entrar en vigor el 6 de abril de 2027 y sujeta a la aprobación parlamentaria, abarcará los establecimientos comerciales, las máquinas expendedoras y las ventas por Internet. La regulación alcanzará a las bebidas —excepto té y café— que contengan más de 150 miligramos de cafeína por litro.
La decisión es el resultado de una consulta pública realizada por las autoridades británicas y responde a la preocupación por el consumo habitual de estas bebidas entre niños y adolescentes. Según el Gobierno, alrededor de 100 000 menores en Inglaterra consumen diariamente bebidas energizantes con alto contenido de cafeína.
La discusión internacional, por tanto, ya no se limita a cuánto consume un adolescente. También pregunta qué responsabilidad corresponde al mercado, a los vendedores, a las familias y a las instituciones cuando productos con sustancias estimulantes se incorporan a la vida cotidiana de los menores.
En Cuba, la alerta adquiere otra dimensión porque algunas de las presentaciones de Shaka que circulan en el mercado combinan precisamente estimulantes con alcohol.
La propia especialista espirituana considera que Shaka debería recibir un control similar al resto de las bebidas alcohólicas y llama a los vendedores a evitar su comercialización a menores de 18 años.
Quizás el verdadero problema no esté en una lata.Está en todo lo que ocurre antes de abrirla: En la publicidad.En la moda.En la presión de los amigos.En el desconocimiento.En la facilidad para comprarla.
Y, sobre todo, en la idea de que aquello que promete energía no puede terminar quitándonosla.
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