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Alberto Martínez: «Entre aguas fue una escuela en todos los sentidos»

Alberto Martínez: «Entre aguas fue una escuela en todos los sentidos»

Por: María Regla Figueroa Evans

(Tomado del Portal de la Televisión Cubana)

«Más que características específicas, lo que más me llamó la atención de Víctor fue que noté que se parecía bastante a mí. Cuando leí el personaje, sentí que estábamos viviendo momentos similares».

Brian Alberto Martínez Oliva, el joven Víctor en la novela Entre aguas, que transmite por estos días Cubavisión en su espacio de lunes, miércoles y viernes, es actor graduado de la Escuela Nacional de Teatro en el perfil de Títeres. Es actor titiritero, aunque también se ha desempeñado en la televisión como actor.

Pertenece a una generación de artistas bastante dedicada, en la que abunda el talento, la disciplina y el deseo de seguir creciendo y aportar valores creativos a la actuación.

No es un secreto que para él muchas veces resulta complicado combinar el tiempo de estudio y ensayo con el trabajo. Debe organizar muy bien su tiempo para continuar preparándose y, al mismo tiempo, cumplir con sus responsabilidades laborales.

Conoce a muchos actores y amigos de su generación que no trabajaron en Entre aguas, pero que son muy buenos, consagrados y esforzados. Ha podido compartir con ellos durante su formación y reconoce el compromiso que tienen con la actuación.

Su llegada al mundo de las artes fue un poco curiosa:

«Antes estudiaba en una escuela de deporte; de hecho, no sabía que existía una escuela de actuación, sí de danza y de otras especialidades, hasta que un día vi un anuncio en un periódico sobre las audiciones y el asunto me interesó.

«Fui a mi primera audición prácticamente sin prepararme y desaprobé. Al año siguiente volví a intentarlo y tampoco aprobé. Fue en la tercera oportunidad cuando finalmente logré entrar a la Escuela Nacional de Teatro, en el perfil de Títeres, donde me gradué luego de cuatro años», dijo el actor en entrevista con el Portal de la TVC.

Alberto Martínez junto a Tulio Marín, Mirtha Lilia Pedro y Arler Cabrera / Foto: Cortesía del entrevistado

—¿Al unísono con tus estudios te vinculaste con actividades afines a tus aprendizajes?

—Desde segundo año también comencé a trabajar con Teatro La Proa, donde llevo alrededor de tres años. Es una compañía dedicada al teatro de actuación con títeres, algo que me gusta y valoro mucho por lo que representan los títeres en la tradición cultural cubana.

—¿Cómo pasas del arte titiritero a las artes dramáticas y cómo ocurre tu incursión en Entre aguas?

—Mi entrada a la novela fue a través de una recomendación de Isabela Moreno, quien interpreta a Vanessa en Entre aguas. Ella es amiga mía y estudiamos juntos en la escuela, aunque de todas formas tuve que hacer mi casting.

«Inicialmente hice la prueba para el personaje de Aníbal, el director de la compañía. Aprobé y, unos días después, me llamaron para preguntarme si quería hacer otra prueba para el personaje de Víctor.

«Hice también el casting para Víctor y tuve la oportunidad de aprobar ambas pruebas. Después de leerlos y conocerlos mejor, sentí que Víctor era el personaje que más me gustaba y con el que más me identificaba, así que finalmente me quedé con él, pues sentí mayor conexión».

—¿Qué características de Víctor fueron las que más conectaron con Alberto?

—Más que características específicas, lo que más me llamó la atención de Víctor fue que noté que se parecía bastante a mí. Cuando leí el personaje, sentí que estábamos viviendo momentos similares. Yo prácticamente acababa de graduarme, estaba comenzando mi vida profesional y también pasaba por ese proceso de estudiar y trabajar al mismo tiempo.

«No significa que haya vivido exactamente las mismas situaciones que Víctor ni que haya tenido problemas de racismo, porque personalmente nunca he tenido ese tipo de situación. Pero sí encontré muchas similitudes en su edad, en su momento de vida y en algunas de las dificultades que atravesaba. Por eso, cuando leí el personaje, sentí que tenía bastante de mí».

Alberto Martínez sobre su personaje en Entre aguas: «Lo que más me llamó la atención de Víctor fue que noté que se parecía bastante a mí» / Foto: Cortesía del entrevistado

—¿Crees que Víctor refleja las nuevas realidades de la vida de muchos jóvenes cubanos?

—Sí, completamente. Siento que Víctor puede ser un ejemplo y un reflejo de muchos jóvenes de hoy. En la calle hay muchos “Víctor”. No necesariamente tienen que ser personas graduadas de una escuela de actuación; hay jóvenes que estudian una carrera y después no llegan a ejercer aquello para lo que se prepararon. Entonces tienen que trabajar en una mipyme o simplemente dedicarse a algo que en realidad no les apasiona, porque necesitan ganar dinero, llevar sustento a sus casas o ayudar a sus familias.

«Son pocas las personas que tienen la posibilidad de trabajar exactamente en lo que les gusta y, al mismo tiempo, encontrar un buen sustento económico. Por eso creo que muchas personas pueden sentirse identificadas con Víctor. Siento que hay muchos Víctor en la calle hoy».

—¿Qué le dirías a los jóvenes que atraviesan situaciones de exclusión racial?

—Personalmente, nunca he tenido problemas con mi color de piel ni con mi posición social, y tampoco considero que debamos juzgar a las personas por esas cosas. Creo que hay que respetar y querer a todo el mundo por igual. A quienes estén atravesando situaciones de racismo o exclusión les diría que intenten no dejarse afectar por las críticas de los demás, que se quieran a sí mismos, recordando que los prejuicios de otras personas no determinan quiénes somos. Al final, eso no aporta nada, y lo que no te aporta, apártalo.

—¿En qué otros proyectos de televisión has trabajado?

—Participé en el teleplay Abuelas y mazmorras, dirigido por Alain Finalé, en la temporada del año pasado de Una calle, mil caminos.

—Muchos televidentes encuentran un parecido físico bastante marcado entre tú y Luis Alberto García. ¿Qué opinas de eso?

—Eso ya me lo han dicho varias veces, incluso antes de que saliera la novela. Algunas personas me comentaban que tenía cierto parecido con él, sobre todo físicamente. En algún momento llevé el pelo largo y él también lo tuvo así durante su juventud. De igual manera, tenemos los ojos claros y hay determinados rasgos que pueden hacer que las personas encuentren ese parecido.

«Para mí es un orgullo que me comparen con Luis Alberto García. Siento que no estoy en su mismo nivel actoral, porque es un actorazo con una trayectoria enorme y de quien todavía tengo muchísimo que aprender, pero espero que con el tiempo pueda seguir mejorando mi técnica y creciendo profesionalmente.

«Además, ojalá algún día pueda trabajar con él. Me gustaría muchísimo; incluso sería interesante interpretar a su hijo o a su hermano, aprovechando precisamente ese parecido que algunas personas encuentran entre nosotros».

Alberto Martínez junto a Isabela Moreno, Vanessa en la telenovela Entre aguas / Foto: Cortesía del entrevistado

—¿Qué significa para un actor joven como tú trabajar con figuras experimentadas en Entre aguas?

—Fue un privilegio y una gran oportunidad trabajar con personas como Fernando Hechavarría, Mirtha Lilia Pedro, Mayra Mazorra, Tulio Marín, Teherán Aguilar y Alejandro Cuervo. Fueron personas que nos apoyaron mucho, que siempre estuvieron dispuestas a darnos consejos y que nos hicieron sentir acompañados durante el rodaje.

«Con los jóvenes fue igualmente una experiencia muy bonita, porque estamos prácticamente en el mismo momento de nuestras carreras, desarrollándonos, aprendiendo y construyendo nuestro camino. Hubo muy buenas vibras durante las grabaciones».

—¿Con quiénes te relacionaste más durante el proceso de rodaje?

Con los actores que interpretaban a mi familia: Mayra, Mirtha, Tulio y Alter Cabrera. Al ser mi familia dentro de la novela, fueron las personas con las que más tiempo compartí. Muchas de nuestras escenas transcurrían en la casa y tuvimos bastante interacción durante las grabaciones. Fue muy bueno y satisfactorio trabajar con ellos y compartir todo ese tiempo juntos.

—¿En qué medida la novela representó una escuela para ti?

—Para mí, Entre aguas fue una escuela en todos los sentidos. Estuvimos aproximadamente ocho meses grabando y muchas veces tenía que levantarme a las cinco de la mañana. Fue un proceso que me enseñó muchísimo sobre la disciplina, el trabajo y la responsabilidad que implica una producción de este tipo.

«Hubo días de cansancio, sueño o incluso de malestar, pero había que continuar trabajando. En una ocasión tuve un accidente, me rompí el labio y, aun así, tuve que seguir grabando.

«Pasé por muchas situaciones durante esos meses y todas me dejaron algún aprendizaje, desde la disciplina de levantarte temprano hasta enfrentar una escena cuando estaba cansado o me sentía mal. Por eso digo que la novela fue una escuela para mí, no solamente desde el punto de vista actoral, sino también humano y profesional».

Alberto Martínez comparte con un grupo de estudiantes a quienes impartió clases, otra faceta de su vínculo con la formación de nuevas generaciones / Foto: Cortesía del entrevistado

—¿Qué planes tienes para tu futuro profesional?

—Tengo planes de seguir haciendo teatro, porque me gusta mucho y es algo que quiero mantener dentro de mi carrera. También quiero hacer cine en algún momento. Me gustaría especialmente participar en algún audiovisual, película o novela donde la danza tenga un tratamiento más profundo y profesional. Es un tema que me interesa mucho y que siento que podría explorar desde la actuación.

«También me gustaría interpretar a algún deportista. Podría ser una película biográfica o una historia relacionada con el deporte; si fuera sobre un basquetbolista, mucho mejor, porque el baloncesto es mi deporte favorito. Pero también me gustaría interpretar a un futbolista, un pelotero o cualquier personaje relacionado con el mundo deportivo. Creo que serían experiencias muy interesantes para mí, tanto por mi vínculo con el deporte desde pequeño como por las posibilidades que tendría como actor».

Para Alberto Martínez, Víctor en la novela Entre aguas, actuar es entregarse en cada escena. El joven combina talento, preparación y adaptación al formato audiovisual; conecta emocionalmente con el público y transmite la esencia del personaje de forma auténtica y coherente, contribuyendo a un ambiente creativo de calidad en el que se impone el respeto cultural.

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