Cuba y el Cásico en las venas beisboleras que le corren al país
La noticia aún recorre el mundo, no solo beisbolero. Cuba está de nuevo entre los cuatro grandes de los Clásico Mundiales de Béisbol y eso ha de escribirse con letras mayúsculas y sin el team Asere, que confieso, a pesar de lo popular populachero que se ha vuelto denigra más de lo que enaltece por su connotación vulgar.
Cuba lo consiguió como ya se sabe al ganar el juego de cuartos de final 4-3 contra Australia, en un partido de altos quilates que la convirtió en la primera semifinalista de la quinta versión de estos eventos y de paso le garantizó presencia en la sexta edición, y esa es la principal lectura de un evento que le ha exigido a los nuestros el extra, primero para levantarse casi entre las cenizas tras dos derrotas iniciales, luego para imponerse como primeros de la llave A y por último llevarse el triunfo en cuartos de finales en ese encuentro que no se puede perder .
Pocos, entre los que me encuentro, vieron a los nuestros en esta instancia, quizás por la retahíla de descalabros y sinsabores que los han acompañado en los últimos torneos hace años, aunque claro con otros peloteros y sin incluir a los emigrados como ahora, una decisión tan histórica como arriesgada, hay que decir que el ubicarse como primeros de llave les quitó a Japón de adelante, sin dudas un rival muy superior a Australia que sin ser un manjar como lo demostró, cayó otra vez por la mínima de una anotación, tal como lo hizo en dos versiones anteriores.
Después de nueve entradas de presión por arrobas, papel y terreno terminaron en sintonía y la selección de Armando Johnson defendió con las uñas, los dientes y el corazón la ventaja conseguida en el quinto acto para alzarse con una victoria convincente, y cuando Martínez poncho al último hombre se concretaba no sólo el juego salvado para él, sino una parte del sueño cubano y millones de almas entre Cuba, Japón y el mundo estallaron de emoción y desataron su gargantas,
De que las tensiones del juego bajaron, fueron muestra las lágrimas de Johnson, también del sentir de un equipo que desde su heterogeneidad levantó como uno solo la bandera cubana que ha unido a diferentes maneras de jugar por un mismo objetivo.
Soy de las que piensa que al final las críticas que acompañaron al equipo desde su formación han sido además de justas en su mayoría un aliciente y una inyección para un equipo que tras romper todos los esquemas, en más de sesenta años de pelota revolucionaria, no le quedaba otra que demostrar sobre el terreno las expectativas que generó.
Así Cuba, aún sin terminar, tuvo su primera graduación en el Clásico al margen del resultado final sin que llegado hasta aquí se le exija más, 17 años después la Mayor de las Antillas vuelve a estar entre los cuatro grandes de los clásicos, la plata de aquel entonces ante Japón es un aliciente y también un desafío.
El regreso a la élite mundial del béisbol ha levantado las simpatías y el reconocimiento de nuestra pelota con repercusiones positivas en varias partes del mundo y ha levantado por qué no el ego nacional por esas venas peloteras que le corren al país y que han enseñado que la patria es más que un enclave geográfico.
Este domingo a partir de las 7:00 pm, pantalla o sonido por medio , millones de almas se instalarán sobre Miami con la esperanza de hacer otra vez nombrada justo cuando este equipo ha revivido lo que sigue siendo pasión entre los cubanos.
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