Coordenadas culturales: Yasiel Elizagaray
Foto: Prensa Latina
En fecha reciente, el artista espirituano residente en la capital del país, Yasiel Elizagaray, ha venido presentando en Portugal, España y Estados Unidos, con aceptación de la crítica, su serie pictórica Aura. Son obras que sintetizan las antípodas del canon clásico occidental de la belleza femenina al sumergirse en el drama de la desnudez de la mujer dañada por las enfermedades o las deformaciones genéticas. No son obras complacientes, constituyen una visualización de aquellas figuras protagónicas de escasa representación en la historia del arte.
Yasiel se inscribe dentro de la tendencia, a mi entender, tropicalizada, del expresionismo, movimiento desarrollado originariamente en Alemania a principios del siglo XX, aunque hubo artistas anteriores como el holandés Brueghel, el neerlandés Vincent van Gogh y el español Francisco de Goya, quienes con tintes expresionistas deformaron la realidad para expresar de forma subjetiva los sentimientos y emociones del ser humano martirizado por circunstancias físicas, psicológicas o sociales.
En lo referente al pintor espirituano, estamos en presencia de una galería de desnudos femeninos deformes que registran sus carencias apolíneas con la dignidad de quien no oculta sus «fealdades». Por lo general, son mujeres que miran al espectador con cierto sentido inquisitivo, impúdico, sin vergüenzas íntimas. Ellas se presentan al público desde la perspectiva de la otredad que niega cualquier complicidad con la normativa hegemónica vigente de las perfectas simetrías corporales. Todas están sumergidas en un ambiente propio del tenebrismo, con su carga emocional y dramatismo visual para subrayar la soledad de sus cuerpos.
Yasiel es un artista de su tiempo. La lejana experiencia de dos conflagraciones mundiales y el descubrimiento de la existencia del subconsciente freudiano produjeron un paulatino vuelco hacia aquellas zonas del pensamiento no dominadas por la razón; pero que, durante el discurrir de la historia del arte occidental, también han surgido de modo intermitente. La obra pictórica expresionista El grito, del noruego Edvard Munch, subrayaba, a fines del siglo XIX, un cambio de aprehensión estética al exponer las angustias interiores del hombre desgarrado espiritualmente.
En la actualidad, esas experiencias traumáticas se han multiplicado durante la era posmoderna al modelar un transcurrir distópico de nuestra realidad. En medio de esos avatares, se exhibe la galería de retratos de quienes llevan un manto de silencio por la atipicidad de sus cuerpos bajo el signo expositivo de Aura, aliento de quienes viven en este mundo convulso y fragmentado como sus propias vidas.
Elizagaray ha venido incursionando durante años en el retrato, como deseo expreso de sumergirse en el alma de quienes lleva al lienzo. Ejemplos cercanos fueron las muestras personales Rostros (2018), Candidatos (2019) y Ánimas (2024). En ellos se une un proceso permanente en el tratamiento expresionista de personajes que él desea exhibir como reservorio de determinados seres humanos. Es así como en cada una de sus obras fue consolidando un estilo propio que lo identifica como el pintor de los fuertes brochazos, los fondos que refuerzan la agresividad del tema, la combinación de colores lechosos de sobria gama y el chorreado gestual.
Hay, en definitiva, un modo recurrente de Yasiel Elizagaray, observado en Aura, su exposición más reciente en el extranjero, quien registra modélicas asimetrías corporales que sintetizan aquellos aspectos que signan la condición humana dañada por las circunstancias adversas de sobrevivencia de personajes que forman parte de un mundo en bancarrota. Así, Yasiel Elizagaray mantiene un permanente llamado de alerta hacia quienes conforman el conglomerado universal de lo diverso, lo contradictorio y hasta lo excluyente de nuestra especie.
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