Movimiento obrero portuario honra al líder del gremio Aracelio Iglesias
Para el gobierno de Carlos Prío Socarrás y las empresas navieras, era primordial desorganizar, corromper y destruir la unidad obrera, así como al sindicato portuario que con tesón y firmeza había logrado constituir su líder, Aracelio Iglesias Díaz, nacido el 22 de Junio de 1901 en Consolación del Sur, antigua provincia de Pinar del Río.
Caracterizado por un temperamento rebelde, Aracelio mantuvo siempre un activo protagonismo en las organizaciones proletarias del gremio, lo que le hizo chocar inmediatamente con la realidad social que vivía el movimiento obrero en ese sector, por lo cual decidió ingresar en el Partido Comunista.
Entre sus acciones, destaca su enfrentamiento con las empresas yanquis Flota Balines y Ward Line, además de encauzar la protesta de los obreros contra el Plan Trimestral.
Luego de la caída del dictador, Aracelio se dedica a ampliar las filas del partido en los muelles, hasta que fue hecho prisionero y enviado a la prisión de Isla de Pinos por tres años, lo cual no impidió que al salir en libertad, reanudara su quehacer revolucionario.
En 1938 asume el cargo de financiero del Sindicato de Estibadores y Jornaleros del Puerto de La Habana, y un año después es electo Secretario General. Durante su etapa como dirigente sindical, logró que se implantara la lista rotativa en el puerto, dando oportunidad de trabajo a todos los estibadores.
Con su incansable lucha sindical junto al apoyo de los afiliados, Aracelio arrancó a los patronos importantes conquistas laborales, entre ellas el aumento de salarios y el descanso retribuido. También durante le Segunda Guerra Mundial al declararse la rada de La Habana como puerto único, se logra fijar el pago del subsidio por paro portuario, amparando así a los obreros del interior del país.
De igual modo cuando se introducen en el puerto, los ferries y seatrains, novedad que representaba una reducción de la fuerza de trabajo, Aracelio logró que se aprobara una reglamentación que estableciera una proporción entre la carga, el número de trabajadores necesarios y los jornales, evitando con ello un despido masivo.
Como muestra de hombre valiente, en medio de una discusión sobre mejoras salariales con dirigentes portuarios, Carlos Prío Socarrás fungiendo entonces como ministro de Trabajo, interroga de manera descompuesta a Aracelio Iglesias: ¿Tú te crees que eres el dueño de los muelles o qué?, a lo que sin vacilar el humilde obrero respondió furioso: Y tú te crees que eres el dueño de Cuba, ¿o qué carajo?
El 17 de octubre de 1948, en la sede del sindicato de los obreros portuarios de la Empresa Naviera de Cuba, Aracelio y sus compañeros ultimaron detalles acerca de un encuentro que sostendrían con el Ministro del Trabajo, para que este anulara la designación de Armando Galate como máximo dirigente sindical del puerto de La Habana, y la imposición de los jefes de interventores en la oficina de control de estibadores.
Aracelio, quién se encontraba de espaldas a la puerta, fue ultimado por cuatro balas que se alojaron en su cuerpo. Aún con conocimiento se lamentó de no haber podido ripostar la agresión de los autores del ataque, entre ellos el pistolero anarquista Joaquín Aubi, miembro del Buró e Investigaciones Policiales y agente el G-Men en Cuba; Eliécer Baudín Vázquez (el Cojo), jefe de los interventores de la citada oficina de control y confidente de la embajada de Estados Unidos, Alberto Gómez Quesada, traidor y rompehuelgas, y un grupo de matones encabezado por Rafael Soler Puig (el Muerto).
El asesinato de Aracelio Iglesias fue un duro golpe para los trabajadores portuarios de la capital del país, pero no quedó impune, pues la Revolución se encargó de hacer justicia con los encartados, que llegaron a sus manos. A 78 años de su asesinato, los obreros portuarios del país, a los que siempre defendió, honran día a día su memoria y su ejemplo.
(Redactado por Rafael Novoa con información de periódico Trabajadores, periódico Granma y Ecured).
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