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Shaka en Sancti Spíritus: Disminuyen las intoxicaciones, pero el riesgo permanece (+ Video)

Shaka en Sancti Spíritus: Disminuyen las intoxicaciones, pero el riesgo permanece (+ Video) Tras los casos registrados en agosto, septiembre cerró sin nuevas intoxicaciones asociadas específicamente al consumo de esta bebida en Sancti Spíritus. Foto generada con IA.

Una joven llegó al Hospital Provincial Camilo Cienfuegos en estado de coma. Necesitó ventilación mecánica y permaneció durante horas en una sala de terapia intensiva. Había consumido Shaka, una bebida que combina alcohol y sustancias estimulantes.

Su caso fue el más grave de una serie de intoxicaciones que durante agosto llevaron a varios jóvenes a los servicios de salud de Sancti Spíritus y colocaron bajo la lupa un producto cuyo consumo comenzaba a preocupar a familias y especialistas.

Semanas después, el escenario cambió.

A finales de agosto se produjo el último episodio reportado en instituciones sanitarias de la provincia: entre cuatro y cinco jóvenes llegaron a los servicios de salud con síntomas de intoxicación alcohólica leve o moderada. Ninguno presentó un cuadro grave. Permanecieron bajo vigilancia médica durante cuatro o cinco horas y luego regresaron a sus comunidades.

Después comenzó septiembre y durante todo ese mes no se registraron nuevas intoxicaciones específicamente asociadas al consumo de Shaka en los hospitales espirituanos.

El dato es significativo después de un período en el que varios consumidores necesitaron atención médica y uno de ellos llegó a un estado crítico. Pero también plantea una pregunta inevitable: ¿Qué significa realmente un mes sin nuevos casos?

UN CAMBIO QUE MERECE ATENCIÓN

Yaneisy Valdés Gutiérrez, especialista en Medicina General Integral y Toxicología del Hospital Provincial Camilo Cienfuegos, atendió a parte de los pacientes descritos en la primera investigación y ha seguido de cerca el comportamiento de estos episodios.

Según explica, durante el mes anterior continuaron llegando personas a los cuerpos de guardia por intoxicaciones relacionadas con el alcohol. Lo que cambió fue la presencia de casos identificados específicamente con Shaka.“Septiembre transcurrió con mucha tranquilidad”, señala la especialista.

Menos casos que requieren asistencia médica significan menos jóvenes expuestos a cuadros capaces de comprometer su salud y, en situaciones extremas, su vida. También reducen la presión sobre los servicios de emergencia encargados de atender estas situaciones.

Sin embargo, septiembre representa apenas un punto dentro de un seguimiento que deberá prolongarse durante los próximos meses. Solo la evolución posterior permitirá determinar si se trata de un cambio sostenido o de una pausa en el comportamiento del fenómeno.

MENOS INTOXICACIONES NO SIGNIFICA MENOS CONSUMO

Las estadísticas permiten conocer los casos que llegan a las instituciones sanitarias porque presentan síntomas o complicaciones que requieren atención. Pero no permiten saber cuántas personas continúan consumiendo Shaka en el territorio sin desarrollar un cuadro que las obligue a acudir a un hospital.

Por eso, la ausencia de nuevos pacientes intoxicados durante septiembre no puede interpretarse automáticamente como una disminución del consumo.Tampoco permite determinar cuántos jóvenes dejaron de ingerir la bebida, cuántos redujeron la cantidad o cuántos continuaron consumiéndola sin experimentar consecuencias inmediatas.

Lo que sí muestran los registros es que la manifestación más grave y visible del fenómeno —la llegada de consumidores intoxicados a los servicios de salud— dejó de presentarse durante ese mes y esa distinción es esencial.

Dos personas pueden ingerir una cantidad similar y experimentar consecuencias diferentes. Influyen la cantidad consumida, la velocidad con que se ingiere, las características individuales y otros factores que determinan la respuesta del organismo.

EL PELIGRO PERMANECE

La disminución de los casos tampoco significa que hayan cambiado las características de la bebida.

Shaka combina alcohol con sustancias estimulantes como cafeína y taurina. Mientras la cafeína estimula el sistema nervioso, el alcohol ejerce un efecto depresor sobre este.

La mezcla puede producir una percepción engañosa del estado de quien consume. La persona puede sentirse más despierta o activa por efecto de los estimulantes, aunque el alcohol continúe actuando sobre su organismo. Esa sensación puede llevarla a subestimar la intoxicación y prolongar el consumo.

A ello se suma otro elemento: los componentes de estas bebidas pueden hacer menos perceptible el sabor del alcohol, lo que facilita ingerir mayores cantidades sin valorar con precisión cuánto se ha consumido.

El riesgo aumenta, especialmente, cuando una cantidad elevada se ingiere en un período corto.

Por eso, que los hospitales hayan dejado de recibir nuevos casos asociados específicamente con Shaka durante septiembre constituye una buena noticia sanitaria, pero no modifica por sí mismo el potencial de daño de la bebida.

El peligro permanece allí donde existe un consumo capaz de desencadenar una intoxicación.

MÁS ALLÁ DE LOS HOSPITALES

La preocupación por las bebidas que combinan alcohol y sustancias estimulantes trasciende a Sancti Spíritus y tampoco se limita a una marca.

En distintos países se han debatido restricciones y regulaciones para determinados productos de este tipo, particularmente por su posible acceso entre adolescentes y jóvenes.

La edad de los consumidores constituye precisamente uno de los elementos que más preocupa a los especialistas.

La Academia Americana de Pediatría desaconseja el consumo de bebidas energizantes por niños y adolescentes debido a los efectos asociados con sus componentes estimulantes.

En Sancti Spíritus, seguir la evolución del fenómeno exige, por tanto, mirar más allá de las estadísticas hospitalarias.

También resulta necesario conocer quiénes consumen estas bebidas, con qué frecuencia, en qué cantidades y, sobre todo, qué percepción tienen acerca de sus riesgos.

El seguimiento de los próximos meses permitirá saber si septiembre marcó un cambio real en el comportamiento de las intoxicaciones o si se trató de una pausa dentro de un fenómeno todavía en desarrollo.

Mientras tanto, también será necesario preguntarse cuántos siguen consumiendo, qué los lleva a hacerlo y cuánto conocen realmente sobre los efectos de aquello que beben.

Porque detrás de cada registro sanitario hay una conducta que ocurre mucho antes de que aparezcan los primeros síntomas. Y es precisamente allí, antes de que el consumidor necesite una cama hospitalaria, donde comienza buena parte de la prevención.

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