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Por siempre Che

Por siempre Che La foto del francés Marc Hutten confirmó la nefasta noticia. FOTO: Tomada de Cubadebate.

Hay seres humanos que jamás mueren. Lo supo el fotógrafo francés Marc Hutten cuando enfocó su lente. Se encontró a unos ojos abiertos al mundo, a pesar del cuerpo frío, inerte sobre el lavadero de cemento de un escuálido hospital boliviano. Era Ernesto Guevara de la Serna, el Ramón para la guerrilla de esa nación latinoamericana, el Che para Cuba, el eterno Quijote para gran parte del orbe.

Tiempo después, las imágenes del hombre de “barba negra y escasa, pelo largo apelmazado y la sombra de una cicatriz en la sien” como describió el periodista británico Richard Gott al ver el cadáver confirmaron la noticia estremecedora. Tras ser capturado en su último combate y herido lo trasladaron hacia Valle Grande. Hasta allí alrededor del mediodía, del nueve de octubre de 1867 llegó la orden:“nada de prisioneros”.

Nueve impactos de bala de ametralladora M-2 eliminaron un cuerpo. Ideales, anécdotas, legados… andan esparcidos como las semillas robustas que brotan espontáneas.

Quienes lo conocieron de cerca en los días del yate Granma, la Sierra Maestra o cuando atravesó medio archipiélago en la última invasión armada realizada en Cuba aseguran que por su grandeza como estratega militar supo que la pared rocosa de la Quebrada del Churo o Yuro sería uno de los últimos parajes a observar.

El cansancio extremo, la maldita asma, el no acompañamiento de los pobladores, una denuncia que los ubicó ante el enemigo y la imposibilidad de huir con facilidad de un paraje hostil por naturaleza los condujo por el corredor de la muerte. Sin embargo, se mantuvo firme hasta que en la otrora escuela del pueblo polvoriento La Higuera, en Bolivia se creyó dar punto final a la historia de Guevara. Faltaban 15 minutos para la una de la tarde, cuando uno de los más atroces crímenes de la humanidad se produjo en un sitio en las entrañas del mismo continente que veneró.

Ernesto Guevara de la Serna vive en el recuerdo colectivo de Cuba. Foto: Tomada de Cubadebate.

Por años, lo sucedido se contó de otra manera. Construyeron una caída en combate. La dictadura boliviana del general Barrientos ocultó y silenció muchas voces y testigos para ello. Pero, la verdad se conoció porque los seres humanos como Ernesto Guevara jamás quedan en el olvido.

Trascienden mucho más que la existencia de un cuerpo. Demasiadas entregas en bien de los otros lo colocan en lo más sagrado del altar de la humanidad, tal y como le confesó a esta reportera hace ya algunos años, Oscar Fernández Mel, más que el médico del Ejército Rebelde, el eterno amigo del argentino que supo arrancar un amor imperecedero del pueblo de Cuba:

Antes de fallecer, Oscar Fernández Mel declaró que el Che había sido fidelísimo al Comandante en Jefe. Foto: Frank de la Guardia, Jr.

“Es bueno recalcar que era un hombre muy culto, un lector interminable. Trabajaba o leí. En los combates, algunas veces empezaba y hasta que no terminaba la página no cerraba el libro. Y trataba de inculcarle eso a los demás.

“Tenía otra gran virtud: escribir. Todo lo que pasaba en el día lo plasmaba. Durante la invasión, iba de la vanguardia a la retaguardia. La gente lo veía constantemente. Siempre andaba preocupado por todos. Por eso, si la invasión se hizo se debe a él. Fíjate si había confianza que en una ocasión estuvimos tres días dando vueltas en el mismo lugar y nadie dijo nada. Se le perdonaba todo.

“Y, sobre todas las cualidades — añadió, quien falleció el 23 de junio de 2019—era un tipo muy fiel a Fidel”.

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